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martes, 17 de marzo de 2009

Vidas y Muertes de Luis Martín Santos, de José Lazaro




LA NUEVA ESPAÑA
12 de marzo de 2009
LUIS M. ALONSO


Retrato íntimo del autor de una novela rompedora
Escribe José Lázaro en su biografía de Luis Martín-Santos (1924-1964) que la palabra que mejor define al autor de Tiempo de silencio es «relámpago» por la rapidez con que vivió. «Como un relámpago atravesó la psiquiatría, la política, la literatura y la vida. Como un relámpago brilló de forma súbita, cruzó el firmamento y desapareció». Añade Lázaro para ilustrar la fugacidad de su personaje que los cronistas oficiales de la historia del PSOE, Carlos y José Martínez-Cobo, describen su paso por el partido con el siguiente enunciado: «Ejecutivo, al año de militancia». Y tiene su explicación. Como se cuenta en el libro, Luis Martín-Santos ingresó en el PSOE en 1957 y apenas un año más tarde había sido elegido miembro de la ejecutiva. En el tiempo que va de noviembre de 1958 a mayo de 1959 fue detenido y encarcelado dos veces. En 1960, dimitió formalmente de su cargo en la comisión ejecutiva. Al igual que lo era en otras facetas por la capacidad que tenía de deslumbrar a cuantos le rodeaban, el escritor y psiquiatra donostiarra podría haber sido el líder del socialismo español sin necesidad de que los socialistas tuviesen que recurrir al famoso «clan de la tortilla». Los militantes más veteranos, como es el caso de Ramón Rubial, solían asumir lo que decía el compañero Martín-Santos.
La peripecia de su paso por aquel partido clandestino que era el PSOE revela no sólo la fascinación y la seguridad en sí mismo que desprendía Luis Martín-Santos, sino lo fácilmente que se divertía con cualquier cosa. Por ejemplo, consciente de que lo podían detener, había ensayado una forma de comportarse en los interrogatorios de la Policía, que consistía en hacer del interrogador el interrogado. Su amigo el director de cine Mario Camus recuerda cómo el propio Martín-Santos le contaba que el turno de respuestas cambiaba después de la décima pregunta. Un día, sin embargo, decidió superarse negándolo todo delante del inspector que le interrogaba.
-¿Es usted socialista?
-No.
-¿Viajó usted a Vitoria para entrevistarse con Antonio Amat, alias Guridi?
-No.
-¿Cruzó usted la frontera con pasaporte falso?
-No.
Y así hasta catorce «noes» seguidos. Y en un momento dado, el policía, ya harto, le pregunta:
-Pero ¿es usted el doctor Martín-Santos?
Y sin pensarlo un segundo, Luis le responde:
-¡No!
Niño bien, antifranquista por estrictos criterios de libertad, fue un seguidor apasionado de Jean Paul Sartre. No por azar a uno de sus hijos lo bautizó Juan Pablo en homenaje al existencialista francés. Devoto de las conversaciones inteligentes, amigo de las noches de farra, arrogante y afectuoso, su muerte prematura, en un inexplicable accidente de carretera en Vitoria, sólo un año después del absurdo accidente doméstico que le costó la vida a su mujer, ha dejado el terreno sembrado de incógnitas sobre adónde podía haber llegado en la literatura. En cuanto a la política, tuvo tiempo de explicarse en vida.
Autor de una sola novela memorable –la segunda, Tiempo de destrucción, no la pudo acabar-, Martín-Santos urdió y plasmó en Tiempo de silencio un baile de máscaras que los especialistas han destripado durante años. Se trata de una obra rompedora, llena de recovecos, que ha mantenido entretenidos a los analistas de la literatura. Pero de su vida, corta pero intensa, nadie se había ocupado hasta el momento, en que a Lázaro le dio por preparar una historia de la psiquiatría y decidió finalmente profundizar en la figura del médico donostiarra. Lo que ha logrado es un retrato íntimo del personaje y de su entorno, por medio de entrevistas y versiones contrastadas.
Tiempo de silencio fue la novela que trastocó el panorama narrativo español, anclado en Galdós y en Baroja. Los críticos coinciden en calificarla como una obra maestra por su feliz irrupción literaria, además de su estilo y lenguaje. «Si se compara con ilustres antigüedades como La colmena o El Jarama, puede decirse que supuso la verdadera entrada de la literatura española en el siglo XX: Martín-Santos la hizo pasar con décadas de retraso de la narrativa de Galdós y Baroja a la de Joyce y Faulkner».
Hubo, sin embargo, un escritor, Juan Benet, que habiendo dedicado su obra a imitar tediosamente a Faulkner, sólo tuvo desdén hacia la novela de Martín-Santos. El libro de Lázaro trae a colación, por medio de varios testimonios de amigos comunes, la «amistad ambivalente» que se profesaban. Carlos Castilla del Pino sostiene que «el éxito de Martín-Santos había cogido a Benet con el pie cambiado: le irritaba la resonancia que en los ambientes intelectuales había alcanzado Tiempo de silencio». Blanca Andreu, mujer de Benet, lo atribuye a la falsa recreación que Martín-Santos hizo de él en Matías, uno de los personajes de la novela.
Cosas de la vida después de muerto.




LA NUEVA ESPAÑA


El hombre que pudo ser Felipe González


La revisión de la vida de Luis Martín-Santos revela que el escritor iba a asumir el liderazgo del PSOE


JUAN JOSÉ MARTÍNEZ JAMBRINA Es frecuente leer que la novela «Tiempo de silencio» (1962) ha sido una de las obras que más ha influido en la cultura española de los últimos cuarenta años. Su autor, el psiquiatra Luis Martín-Santos, se transformó de la noche a la mañana en uno de los iconos de la literatura patria. Puede que también la prematura muerte del escritor donostiarra haya contribuido a perpetuar ese éxito y a que su figura siga produciendo un intenso magnetismo entre quienes se acercan a su obra. Es el caso del médico y escritor José Lázaro. Hace más de una década que Lázaro, uno de los más brillantes historiadores de la medicina española, comenzó a imaginar esta obra titulada «Las vidas y las muertes de Luis Martín-Santos», que acaba de ver la luz en la editorial Tusquets y que ha recibido el premio «Comillas» de biografía de 2008. Por el camino, Lázaro ha publicado varios artículos y un recopilatorio sobre el trabajo de Martín-Santos como psiquiatra. No es sencilla la tarea que Lázaro encara en su libro: enhebrar una de las novelas más conocidas en la oscura biografía de un hombre que al morir era la gran esperanza blanca de la psiquiatría, de la literatura y del socialismo en la clandestinidad. Y que, por avivar el folletín, acababa de perder a su esposa en un extraño accidente doméstico. De ahí que José Lázaro haya tenido que mantener a raya su fascinación por el personaje y haya evitado los artificios de la ficción narrativa para inventariar una biografía que en demasiadas ocasiones se ha descrito como novelesca. La opción que elige parece muy acertada: ahí entrego los hechos, también están mis dudas, pero que sea el lector quien resuelva. Esta obra de José Lázaro saca a la luz dos vertientes, dos vidas, hasta ahora poco conocidas de Luis Martín-Santos: su estrecha relación con Juan Benet y su pasión por la política. El epistolario inédito que se aporta sobre la relación entre Benet y Martín-Santos abre nuevas vías de trabajo para comprender la evolución de la novela española contemporánea. Dos genios mano a mano, influyéndose, complementándose, temiéndose. Fascinante. Tal vez más sorprendente aún sea la profunda implicación política del psiquiatra donostiarra. A juzgar por los numerosos testimonios personales que comparecen en este libro, en los días previos a su muerte Martín-Santos estaba preparándose para asumir el liderazgo del PSOE en la clandestinidad. De no haberse producido el accidente de tráfico que truncó su vida en 1964 probablemente Luis Martín-Santos hubiese llegado al congreso de Suresnes (1973) como secretario general del PSOE. Falleció sin poder dar el relevo a un hombre tan digno y maltratado como Antonio Amat, al que llamaban «Guridi». Pero el hombre que pudo ser Felipe González era Luis Martín-Santos.

Las manos cortadas, de Luisgé Martín


PÚBLICO
5 de Marzo de 2009
Luisgé Martín dice que "si Allende hubiera sido hoy presidente, sería como Lula"

Luisgé Martín ha investigado a fondo la historia reciente de Chile y la biografía de Salvador Allende para poner en pie su nueva novela, "Las manos cortadas", una obra que gira en torno a la figura del presidente chileno, "uno de los políticos más nobles y entregados del siglo XX".
"Hay pocos políticos tan capaces de defender de una manera tan brutal sus ideales, hasta el punto de entregar su vida por ellos", ha asegurado hoy Luisgé Martín en una entrevista con Efe, en la que habla de su nuevo libro y de la reflexión que hace en él sobre la ambición y el engaño, la traición y la facilidad con que se manipula a veces la historia.
La trágica muerte de presidente chileno, derrocado por el golpe militar de Pinochet en septiembre de 1973, "lo hace de alguna manera incomparable", pero Luisgé Martín (Madrid, 1962) cree que si Allende hubiera gobernado hoy, su programa hubiera sido "muy distinto", aunque "su actitud de diálogo, de tolerancia y de intentar mejorar el país habría sido la misma".
"Si Allende hubiera sido hoy presidente, se habría parecido probablemente a Lula da Silva, es decir, alguien mucho más pegado a una doctrina socialdemócrata, pero no habría tenido que luchar contra la brutalidad con la que se le atacó desde antes de llegar a la presidencia", asegura.
En su nueva novela, publicada por Alfaguara, Luisgé Martín abandona el carácter intimista de sus anteriores libros, en los que de alguna manera estaba "liquidando fantasmas", para "pasar página" y meterse de lleno en una obra de intencionalidad política, cuyo origen está en un documental sobre Salvador Allende que el autor vio hace años en el Festival de Cine de San Sebastián.
A caballo entre la novela de intriga y el libro documental e histórico, "Las manos cortadas" tiene como protagonista y narrador al propio Luisgé Martín, aunque él asegura que su personaje "no se parece "en casi nada" al de la vida real.
El narrador acude en Santiago de Chile a una misteriosa cita en la que le serán entregadas unas cartas inéditas de Salvador Allende, escritas días antes de su muerte, el 11 de septiembre de 1973, que podrían destruir la imagen de quien fue uno de los políticos más singulares del siglo XX.
La investigación de lo que puede haber de verdad en esas cartas llevan a Luisgé Martín a recorrer parte de Chile, para reconstruir la vida de Allende y de algunos de los personajes -ficticios en su mayoría- que rodearon su existencia. Los hechos que se narran, sin embargo, son verdaderos.
"Yo no he querido hacer una novela sobre Chile, ni siquiera concretamente sobre Allende y el golpe de Estado, un episodio que, salvando las distancias, conmocionó a toda una generación, y significó algo parecido a lo que la Guerra Civil española supuso para generaciones anteriores: una metáfora de una lucha que se estaba desarrollando en el mundo", afirma el escritor.
De 1970 a 1973 Allende intentó hacer la revolución "de una manera completamente distinta, sin violencia, usando los mecanismos de la democracia" y, al margen de los errores que él cometiera, -"yo nunca he sido marxista, asegura el autor- "el problema es que no podemos ni siquiera evaluar lo que Allende habría sido capaz de hacer porque no le dejaron desde el primer momento".
"Antes de que Allende tomara posesión como presidente, Nixon ya dio orden de estrangular la economía chilena", señala el autor de "Los amores confiados", quien, tras la completa investigación que realizó para escribir su nueva novela, asegura: "Se dice que George Bush ha sido el peor presidente de Estados Unidos, pero estoy convencido de que Nixon fue mucho peor".
Consciente de que la figura de Allende tiene sus detractores, el escritor concluye: "A mí me sigue fascinando llegar a Chile y ver que hay gente que todavía se emociona pensando en Pinochet, igual que en España me asombra que todavía haya gente que se considere franquista. No entiendo que alguien pueda declararse fan de un asesino", concluye.

Fritz Bauer, de Irmtraud Wojak


CRONICA - EL MUNDO

15 de Marzo de 2009
LA OTRA BIOGRAFÍA FRITZ BAUER
El hombre bueno de Auschwitz
Fritz Bauer (1903-1968), jurista judío alemán, fue el fiscal que impulsó los procesos de Auschwitz, retratados en la película «El lector». Publicación: Una biografía ensalza ahora la figura de este hombre que sacudió a una sociedad alemana partidaria de correr un tupido velo sobre los crímenes nazis.
MÓNICA FOKKELMAN

«Es imposible convertir la Tierra en un cielo pero tenemos que evitar que la Tierra se convierta en un infierno». Corrían los años 50 y Fritz Bauer (1903-1968), autor de estas palabras, empezaba a sacudir la conciencia de la sociedad alemana que había optado por la amnesia histórica corriendo un tupido velo sobre la barbarie nazi.
Nacido en Stuttgart, en una familia adinerada, estudió Empresariales y Derecho en las facultades de Heidelberg, Múnich y Tübingen antes de convertirse en un ciudadano incómodo poniendo el dedo en la llaga que más le dolía a la Alemania de entonces.
El lema generalizado de la época rezaba: «Donde no hay demandantes no hay jueces». Auschwitz había abrasado millones de almas, pero nadie en la Alemania de la posguerra quería oír hablar de verdugos ni de víctimas. Hasta que Bauer regresó a su país -en 1949- procedente de Escandinavia, donde se había trasladado en 1935 huyendo de la Gestapo, que lo había internado en un campo de concentración en 1933.
De vuelta a casa, emprendió una lucha en contra de ese letargo jurídico vigente en aquella época que permitió que muchos ex nazis se autorrehabilitaran tras la guerra ocupando algunos puestos de responsabilidad. Su lucha se centra en descubrir todos los crímenes oficiales posibles. «Hay que tener la nobleza de vivir en justicia», decía.
Bauer transformó la furia que sentía por la barbarie cometida contra su pueblo en coraje y desnudó a los culpables. Dio nombre y apellidos a los criminales impulsando como Fiscal General los célebres «procesos de Auschwitz» (1963-1965).
Durante los cuatro años en los que preparó el sumario, siempre con un pitillo en la mano, se granjeó muchos enemigos. «En cuanto salgo de mi despacho me siento como si me encontrara en el extranjero enemigo», decía.
A todo este ambiente hostil se unió la dificultad para recabar pruebas. Cuando las SS huyeron en el 45 despojándose de sus uniformes y documentación y disolviendo los campos de concentración de Europa del Este, muchos indicios quedaron al otro lado del telón de acero.
A pesar de la Guerra Fría, estableció una relación profesional con las autoridades del Este, algo que en la Alemania de Adenauer olía a procomunismo, y financió de su propio bolsillo los múltiples viajes de sus colaboradores al Archivo Estatal de Auschwitz.
El relato de este camino de espinas acaba de aparecer en forma de libro: Fritz Bauer , una biografía (editorial CH Beck). Su autora, Irmtraud Wojak, ha querido ensalzar la figura olvidada de un hombre que, a diferencia de sus contemporáneos, huyó del arreglo político.
La obra coincide con la exhibición de la película El lector, centrada en una celadora de Auschwitz, Hanna Schmitz, una de las acusadas en esos históricos procesos que, según los expertos, propició que los alemanes se enfrentaran a su pasado.
A POR LOS NAZIS HUIDOS
En el libro queda claro que los procesos tuvieron un antecedente en la vida de Bauer. Curiosamente, también relacionado con un personaje, Claus Schenk von Stauffenberg cuya película -Walkiria- protagoniza Tom Cruise. En 1952 Fritz Bauer, entonces fiscal de Braunschweig, llevó a juicio al ex general nazi Otto Remer, a quien acusó de injuriar la memoria de Stauffenberg, cabecilla del atentado perpetrado contra Hitler el 20 de julio de 1944.
A los procesos de Auschwitz siguieron otros en los que se persiguió a quienes participaron en el programa de eutanasia de los nazis.Bauer, sin embargo, murió antes de que llegaran a su fin. Colaboró también con la búsqueda por todo el mundo de criminales de guerra nazi como Martin Bormann y Adolf Eichmann. Sus esfuerzos, según el libro, ayudaron a que este último fuera ubicado en Argentina para posteriormente ser trasladado a Jerusalén, donde fue condenado a muerte y ejecutado.
Poco se conoce de la vida privada de Bauer, quien destruyó su diario y su correspondencia. En 1943 se casa en el exilio escandinavo con la danesa Anna Maria Petersen (1903-2002), a quien había conocido en los círculos socialdemócratas que solía frecuentar.Se sabe que fue una boda por conveniencia con la única finalidad de proteger al exiliado.
Fritz regresa en 1949 a Alemania solo. A partir de entonces, la única relación entre ambos será epistolar, aparte de los viajes que de vez en cuando realizaron como simples camaradas. Lo más curioso es que Anna Maria conoció por primera vez a la familia de Bauer en el entierro de su esposo en 1968 en Frankfurt.
Tras la incineración, empezó una profunda amistad entre Anna Maria y la hermana de Bauer , Margot Tiefenthal, quien recibió la mitad de la herencia de su hermano. El resto fue para un órgano socialdemócrata.
Los procesos de Auschwitz alcanzaron una dimensión sin precedentes.Más de 20 acusados en el banquillo, ocho peritos, 1.356 testigos y 20.000 personas entre el público... Tras 182 días de juicios, terminaron el 20 de agosto de 1965 con penas de cadena perpetua, años de cárcel y algunos absueltos.
La lucha de Bauer contra el olvido no gustó a todos. Sus detractores tildaron su iniciativa de «típicas mentiras judías». Le acusaron de ser un traidor de su patria, soportó múltiples amenazas de muerte e insultos y las llamadas telefónicas nocturnas le acompañaron hasta la muerte.
Solitario y despreciado, sólo podía conciliar el sueño con la ayuda de somníferos. Tras una de estas tomas, el hombre que dio voz a millones de exterminados murió a los 64 años en la bañera de su casa de Frankfurt.

Julián Besteiro, de Andres Saborit


Andrés Saborit y la memoria de Besteiro, por Abdón Mateos

A menudo se ha caracterizado a Saborit como un destacado besteirista, ya que ocupó la secretaría general del PSOE con Besteiro de Presidente hasta 1931, y le acompañó en la vicepresidencia de UGT hasta la crisis que condujo a la dimisión de ambos a comienzos de 1934. El abnegado militante y líder socialista que fue Saborit, con una biografía dentro de las organizaciones socialistas que abarca un periodo de casi 80 años, entre 1902 y 1980, aceptó, además, el criterio de Don Julián para que renunciara a ocupar la alcaldía de Madrid en 1931, cediéndosela al republicano Pedro Rico. Sin embargo, el cronista de las organizaciones socialistas que fue Saborit nunca hubiese aceptado que se le encasillara con el calificativo de besteirista y ni siquiera se consideró nunca su discípulo. Siempre defendió su fidelidad a las ideas socialistas más que a sus hombres. En todo caso, Saborit rindió una veneración casi filial a la personalidad de Pablo Iglesias. Durante los años diez y veinte coincidió, a menudo, en diversas posiciones políticas con Largo Caballero como, por ejemplo, el rechazo hacia la conjunción con los republicanos o el internacionalismo neutralista. No en vano, ambos pertenecían a la rama obrerista del socialismo, a la corriente sindical. Eso no fue óbice para que Saborit, solamente seis años más joven que Indalecio Prieto, respetara la oratoria del tribuno socialista, su intuición y capacidad política. Saborit terminó apoyando el liderazgo de Prieto tras el fin de la guerra civil, ocupando la vicesecretaría del partido y la dirección de El Socialista cuando Don Inda accedió a la presidencia entre 1948 y 1950. A partir de entonces, Saborit, retirado con su familia en Ginebra, se convirtió en el cronista del socialismo, publicando folletones en la prensa como, por ejemplo, la serie “Recuerdos del tiempo joven” (1953) y preparando diversos libros. La recuperación de Julián Besteiro fue, quizá, su principal contribución escrita a lo largo de dos décadas. Saborit reconocía que no era historiador ni siquiera biógrafo, señalando su formación tipográfica, -había estudiado en la Escuela de aprendices de la Asociación del Arte de Imprimir-, y la pretensión de escribir sobre lo que había vivido, entrelazando la semblanza biográfica con la historia de los primeros tiempos del socialismo español. La exaltación y veneración de Julián Besteiro, al mismo tiempo que la del abuelo fundador Pablo Iglesias, respondía al propósito de refundar las organizaciones socialistas volviendo a unos orígenes que hicieran superar las divisiones de los años treinta. La muerte en prisión de Besteiro en septiembre de 1940 añadía, además, una ejemplaridad moral, simbolizando su “martirio”, con setenta años de edad, a todas las víctimas de la guerra civil y del franquismo. Por ello, con ocasión del traslado de sus restos desde Carmona al cementerio civil de Madrid, a los veinte años de su muerte, las organizaciones socialistas intentaron organizar un gran homenaje. Además de la publicación de artículos y folletos, diversos intelectuales residentes en el interior de España suscribieron un manifiesto en memoria de Besteiro. La iniciativa corrió a cargo de jóvenes socialistas como Josefina Arrillaga, colaboradora cercana de Antonio Amat, encabezando el profesor Enrique Tierno Galván el manifiesto que condenaba la violencia en política, acompañado de personalidades de significación muy diversa como, por ejemplo, Menéndez Pidal, Gabriel Maura, Ridruejo, Pérez de Ayala, Azorín, Carande, Marías, Laín, Gil Robles, Joaquín Garrigues y Aranguren. Después de varios años de trabajo y de ajustes del manuscrito, Saborit pudo entregar a imprenta su biografía titulada Figuras del socialismo español. Julián Besteiro. La obra fue dedicada por Saborit y su esposa María Rojo a la viuda de Besteiro, Dolores Cebrián. El libro fue publicado en 1961 por Impresiones Modernas de México, una editorial en la que participaban antiguos jóvenes socialistas como Julián Lara o Eulalio Ferrer. El coste de la edición de 2.300 ejemplares fue sufragado por el primero y el producto de su venta fue destinado al Fondo Pro-España dedicado a los presos y los militantes del interior. Saborit renunció a los derechos de autor, dado el destino de la venta del libro y el carácter de encargo oficial de las Ejecutivas. Enseguida, además, la editorial Losada de Buenos Aires mostró interés por una nueva edición retocada del libro. La nueva edición que contó con los buenos oficios y el prólogo de Luis Jiménez de Asúa, por entonces Presidente de la república en el exilio, se demoró hasta su aparición en la simbólica fecha del 18 de julio de 1967. El editor español Gonzalo Losada, emigrado a Argentina en 1928, había publicado diversos libros de exiliados o sobre España en la colección Cristal del tiempo, entre los que cabe destacar: El pensamiento español contemporáneo de Luis Araquistain, La faz actual de España de Gerald Brenan, Una mujer por los caminos de España de María Martínez Sierra, Cartas a un escultor de Indalecio Prieto, y Escrito en España de Dionisio Ridruejo. Aunque el libro de Saborit en Losada, sobre el que se basa la presente edición, gozó de mejor circulación que la edición de 1961 en México, al final de los años sesenta no se encontraban ejemplares en las oficinas de la editorial en Madrid. Más adelante, parece ser que la editorial Edaf de Madrid obtuvo el permiso de importación y muchos de ellos llegaron a bibliotecas públicas. De hecho, esta excelente biografía nunca llegó a ser bien conocida ni publicada en España. En 1970 se conmemoró el centenario del nacimiento de Besteiro con diversos homenajes en el exilio. Para entonces, la Ley de prensa de Manuel Fraga permitió la publicación de algunos artículos de jóvenes investigadores en memoria de Besteiro en revistas minoritarias como Cuadernos para el Diálogo, Hispania, Índice o Revista de Occidente. Durante el tardofranquismo, la aparición de estudios de historiadores, politólogos o filósofos como Marta Bizcarrondo, Manuel Espadas, Fermín Solana, Alberto Míguez o Emilio Lamo de Espinosa en torno a la figura de Julián Besteiro perjudicó la difusión de la biografía del, por entonces, octogenario Saborit. Por aquel entonces, al comienzo de los años setenta, Saborit estaba empeñado en la redacción de una especie de enciclopedia de los primeros tiempos de las organizaciones socialistas, de cerca de 2.000 folios, titulada Apuntes históricos. Pablo Iglesias, PSOE, UGT, que finalizaría en 1978 con la ayuda de su hijo Francisco. Al mismo tiempo, Saborit albergaba la ilusión de recoger los escritos de Besteiro en una trilogía. En 1974 apareció en España un libro de bolsillo, debido a la pluma de Saborit, titulado El pensamiento político de Julián Besteiro, con el prólogo de un antiguo dirigente de las Juventudes Socialistas de los años veinte, Emiliano Aguilera, que había sido discípulo de Besteiro. Ya antes, en 1971, se había publicado en España el libro de Saborit, Joaquín Costa y el socialismo, por la editorial ZERO, vinculada a las Hermandades Obreras de Acción Católica. Poco después, y todavía en plena agonía del franquismo, fueron publicadas la tesis de Emilio Lamo de Espinosa, Política y Filosofía en Julián Besteiro (Cuadernos para el Diálogo, 1973) y una antología de discursos parlamentarios de Besteiro a cargo de Fermín Solana, Historia parlamentaria del socialismo. Julian Besteiro (Taurus, 1975). El primero se haría cargo de la edición de las obras completas de Besteiro a cargo del Centro de Estudios Constitucionales (1983) y vio reeditado en 1990 su tesis por la editorial Sistema. Por lo que se refiere a la antología de Solana, antiguo ridruejista y entonces militante del PSOE, la presentación del libro en Madrid a comienzos de 1976 contó con la presencia de Felipe González, donde coincidió con personalidades políticas e intelectuales como Polanco, Jiménez de Parga, Ruiz Jiménez, Aguirre, Fernández Ordóñez y Claudín. El joven primer secretario del PSOE reivindicó el legado de todas las personalidades históricas del socialismo español, destacando de Besteiro su condición de marxista y la experiencia parlamentaria. Al mismo tiempo, el sector histórico del PSOE reivindicó la memoria de Besteiro constituyendo una fundación de escasa proyección dedicada a su memoria a comienzos de 1976, y organizando un homenaje ese año con ocasión del aniversario de su muerte, con presencia de José Prat. En ese momento anterior a las primeras elecciones democráticas y a la unificación de los socialistas en el PSOE, hubo una cierta competencia por la apropiación simbólica y política del pasado. Al mismo tiempo que los históricos conmemoraban a Besteiro durante 1976, el PSOE renovado organizaba, encabezado por Alfonso Guerra con el apoyo del veterano Alfonso Fernández Torres, un mitin de tinte andalucista en Carmona dedicado a la memoria de Besteiro y a la de Largo Caballero, que tuvo que reunirse en un teatro ante la prohibición de la concentración en la calle. Por su lado, los seguidores de Tierno Galván en el PSP se acercaban también al cementerio civil con ocasión del aniversario de la muerte de Pablo Iglesias. La figura de Besteiro en la democracia española ha tendido a convertirse en el tercer referente simbólico más importante en la conciencia histórica de los españoles solamente aventajado por Manuel Azaña e Indalecio Prieto, y ya a mucha distancia, por Juan Negrín y Francisco Largo Caballero. A pesar de haber sido objeto de críticas por muchos de sus coetáneos, entre las que destacan sus propios correligionarios negrinistas Julián Zugazagoitia, Max Aub o Fernando Vázquez Ocaña, debido a su actuación al final de la guerra, la memoria de Besteiro ha tendido a situarse entre una representación como “mártir del antifranquismo” y la desvirtuada imagen de una figura equidistante del drama de las dos Españas. Ajeno a la España democrática, quedaba el juicio coetáneo de Antonio Ramos de Oliveira acerca de Besteiro como un “político divorciado de la realidad española”. Para Juan Marichal, Besteiro representaría a “una Tercera España y cabe conjeturar una acción mediadora suya que hubiera impedido la magna catástrofe (El Pais, 14.7.1988). En esa misma línea de reivindicación del Besteiro alienado respecto a la guerra civil y la revolución de Octubre de 1934, su antiguo discípulo Julián Marías presentaba a Besteiro, antes de las elecciones de 1977, como un “símbolo del intento de que la guerra hubiese tenido un desenlace civilizado” (El País, 8.5.1977). Del mismo modo, los historiadores Carlos Seco y Javier Tusell utilizaron a menudo el ejemplo de Besteiro para criticar la evolución del PSOE en el gobierno o en la oposición. Javier Tusell reivindicó también su figura como un patrimonio común para todos los españoles y, más recientemente, como referente para una adecuada política de la memoria. En 1990 se conmemoró por tercera vez a Besteiro con ocasión del cincuentenario de su muerte. Una cincuentena de políticos e intelectuales suscribieron un manifiesto de homenaje que condujo a que el vicepresidente del gobierno, Alfonso Guerra, organizara a través de las fundaciones Sistema y Jaime Vera, un homenaje a Besteiro en torno al tema de los intelectuales y la política. En plena batalla mediática contra el líder del PSOE, Guerra pidió a los intelectuales una crítica constructiva en democracia, lo que provocó cierta polémica en la que participaron, entre otros, Savater y Goytisolo. A pesar de que Besteiro era reconocido como ejemplo moral para todos, el PP no apoyó una declaración institucional del Congreso a quien había sido Presidente de las Cortes en 1931. Ese fue uno de los momentos de mayor polémica en torno a Besteiro durante la actual democracia pues poco antes su sobrina, Carmen Zulueta, había publicado el epistolario de Besteiro en prisión en 1917 y 1939, y Ricardo de la Cierva había recibido un polémico premio Espejo de España de Planeta por su Agonía y victoria en la que presentaba al profesor socialista casi como un colaborador de la Quinta Columna franquista. La concesión del Premio provocó la retirada del ministro de Justicia, Enrique Múgica, y del historiador Javier Tusell, al considerar poco serio el ensayo tanto por las fuentes utilizadas como por la valoración de la actitud de Besteiro en el final ante la guerra. En definitiva, la memoria de Besteiro fue sobre todo realzada con motivo del cincuentenario del comienzo y del final de la guerra civil. En ese momento se estrenó la obra de teatro Proceso a Besteiro, que había obtenido el premio Tirso de Molina, presentándole como una especie de santón laico. Esta “canonización” o “beatificación” de Besteiro fue criticada por un sector de la intelectualidad y de la política que exigía, en cambio, un paralelo homenaje a Juan Negrín. La figura de Besteiro fue divulgada, además, en la Televisión Española en varios programas documentales. Hay que recordar el enorme impacto de la televisión pública sobre la conciencia histórica de los españoles hasta la mitad de los años ochenta, dada su exclusividad. Además de la emisión del Proceso a Besteiro, otros programas como Informe semanal o La noche del cine español, de Méndez Leite, que incluía documentales de contexto del año de la película emitida, recordaron el “martirio” de Besteiro. Por último, cabe señalar que la memoria de Besteiro ha dado nombre a multitud de calles, colegios, centros culturales, monumentos e, incluso, una estación de metro en Madrid. Su figura, alejada de las polémicas, se ha convertido en ejemplo moral y un referente común para la conciencia histórica de los españoles.Madrid, mayo de 2008