viernes, 10 de abril de 2009

Socialismo libertario de JL Rodriguez Zapatero

EL PAÍS
REPORTAJE: UN PROYECTO EUROPEO
El 'socialismo libertario' de Rodríguez Zapatero
El presidente español repite la expresión "Fuerza y honor" de la película 'Gladiator'
SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ (ELPAÍS) - Madrid - 20/03/2004

El pensamiento político del próximo presidente del Gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, se encuentra, posiblemente, más cercano al llamado republicanismo del profesor australiano-irlandés Philip Pettit y al patriotismo constitucional de Jürgen Habermas, que a la tercera vía del británico Tony Blair. Rodríguez Zapatero ha hecho públicamente muchas más alusiones a estas dos líneas de pensamiento que a las aportaciones de Blair y de su equipo, es decir, al pensamiento de la izquierda europea. El dirigente español ni tan siquiera ha acudido, pese a estar invitado, a alguna de las conferencias organizadas últimamente por el New Labour británico.
"El crecimiento continuo de la prosperidad es una ilusión"
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El 'republicanismo' de Zapatero trata de los valores de la sociedad actual
Rodríguez Zapatero procede de una familia de tradición socialista -uno de sus abuelos fue un militar fusilado por las tropas de Franco- y le gusta aludir a algunos de los intelectuales de la II República española, como Giner de los Ríos o María Zambrano. En su primer discurso público, tras ser elegido, por sorpresa, secretario general del PSOE, provocó una cierta polvareda mediática al hablar de "socialismo libertario". Y poco después, en una reunión de la Internacional Socialista, celebrada en Zaragoza en febrero de 2001, Zapatero quiso subrayar la obligación del Estado de intervenir para evitar que los ciudadanos tuvieran que actuar bajo coacción, lo que es una de las ideas básicas de Pettit.
Incluso en sus intervenciones en institutos de enseñanza media o colegios, el dirigente socialista español alude a estas ideas, encarnándolas en el personaje de la película Gladiator, como alguien que lucha por esos valores "republicanos". Como curiosidad, se puede reseñar que, en su afán por conectar con los jóvenes, que finalmente son quienes le han llevado a la presidencia del Gobierno, Zapatero ha terminado algunos de sus mítines electorales de esta campaña con la extraña frase "Fuerza y honor". Muchos de los asistentes no entendían de qué hablaba, pero los más jóvenes reconocían inmediatamente como la frase que en ocasiones pronuncia el protagonista de la película.
El republicanismo al que alude el nuevo presidente del Gobierno no tiene nada que ver con la forma del Estado -Zapatero no pone en discusión, en absoluto, a la Monarquía española-, sino que trata de los valores de la sociedad actual y del papel y la organización que deben tener y desempeñar las instituciones democráticas como garantes de la libertad de los ciudadanos. Se trata de una corriente de pensamiento más vinculada al radicalismo francés del siglo pasado y al liberalismo radical anglosajón que a la pura socialdemocracia alemana.
El programa electoral con el que se presentó Rodríguez Zapatero a estas elecciones tiene una fuerte carga en este sentido, con ofertas bastante detalladas sobre cómo democratizar las instituciones y cómo profundizar el debate político. Y en algunas de sus principales intervenciones ha dado la impresión de que concede mucha más importancia a estos aspectos que a la posibilidad de realizar ofertas electorales en el campo de la economía que sean distintas de las aconsejadas por la más pura ortodoxia.
Rodríguez Zapatero encargó la elaboración del "programa económico" a Miguel Sebastián, un técnico que ni siquiera pertenece al partido socialista y que procede del Servicio de Estudios de uno de los principales bancos españoles. Igualmente mantiene una buena línea de entendimiento con el comisario encargado de los asuntos económico-financieros de la UE, el español Pedro Solbes, que fue ministro en uno de los últimos Gobiernos de Felipe González.
Solbes protagonizó entonces una política económica de gran ortodoxia. El PSOE, que en los años ochenta y noventa vivió en una situación peculiar porque apoyaba políticas que desarrollaba su Gobierno pero que no asumía como propias, terminó por olvidar esa dicotomía y ahora parece muy poco probable que Zapatero tenga que enfrentarse a ningún movimiento de su partido que le pida, en el capítulo económico, algo distinto de esta ortodoxia. La diferenciación de la oferta socialista se realiza, mucho más, en esos otros capítulos mencionados.
El pensamiento de Zapatero está, probablemente, más influido por Felipe González en todo lo relacionado con la política internacional y la construcción de Europa que en cualquier otro campo. El nuevo presidente del Gobierno comparte con González la visión de la Unión Europea como un elemento imprescindible para la estabilidad mundial y para la prosperidad de España. Es verdad que el líder socialista llega al Consejo Europeo en unas circunstancias muy difíciles, con las negociaciones sobre la Constitución europea rotas, y que no bastará con que flexibilice la postura del Gobierno. Necesitará también la comprensión y la flexibilidad del resto de la vieja Europa a la que quiere reincorporar a España.
EL PAÍS
El socialismo libertario encuentra escasa resistencia en el PSOE
Sólo Izquierda Socialista pide un debate ideológico sobre el proyecto de Zapatero
ANABEL DÍEZ - Madrid - 22/10/2000
No hay revuelo en el PSOE, acaso perplejidad en algunos dirigentes y militantes, por la apuesta de su líder, José Luis Rodríguez Zapatero, por un "socialismo libertario", expuesta el viernes en el Club Siglo XXI. Desde que el secretario general de los socialistas salió a la palestra pública en el proceso congresual de su partido, le ha acompañado el vocablo liberal que sirvió en ese momento para que los compañeros que tenían sus mismas aspiraciones, es decir, conseguir el poder del PSOE, le situaran en la derecha del partido.
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En realidad, él y su grupo, Nueva Vía, no escurrieron el bulto y afirmaron ser de izquierdas al defender al individuo frente al Estado y a los grandes monopolios y echaron mano de toda la tradición liberal del socialismo, de los anarquistas españoles, de los comunitaristas norteamericanos contemporáneos y de los nuevos teóricos socialdemócratas que dieron a luz la Tercera Vía, asumida por el primer ministro británico, Tony Blair. El líder del PSOE afirma que su proyecto de "izquierdas" pasa por "defender más libertad para llegar a más igualdad". "El centro de mi proyecto es la libertad frente a los poderes económicos". Nadie ha replicado.Sólo la corriente Izquierda Socialista demanda un debate para que explique qué quiere decir. Nadie más pide explicaciones. "Entre otras cosas, porque no se le eligió por sus ideas, sino porque los militantes vieron en él la oportunidad de desbloquear una situación cerrada y una esperanza de recuperación del partido ante la sociedad", señala uno de los más activos dirigentes en el 35º congreso, que estuvo a favor de otro candidato y que se ha sumado, como la mayoría, a apoyar a la nueva dirección. Pero nadie se llama a engaño, y aunque no fue precisamente el ideario de cada uno de los cuatro candidatos a la Secretaría General del PSOE lo que suscitó el debate, todo está escrito. "El mejor socialismo arranca de la corriente liberal del partido", dijo Rodríguez Zapatero tres meses antes de que le eligieran secretario general. Su grupo, Nueva Vía, defendía "un nuevo socialismo". A todos les sonaba la Tercera Vía de Tony Blair y su nuevo laborismo. Hoy no se apea de lo dicho: "Defendemos la libertad para una sociedad más igualitaria; más libertad para más igualdad".
Tres meses atrás, el debate ideológico sólo lo suscitó la candidata Matilde Fernández, que confrontó una ponencia socialdemócrata, cuya autoría se debió al diputado Francisco Fernández Marugán, nombrado ahora portavoz parlamentario en la Comisión de Presupuestos. Hubo dos manifiestos de Nueva Vía, y en el segundo se ponía mucho énfasis en las políticas sociales, pero la ideología se perdió ante la caza del voto del delegado.
En la noche del pasado jueves, Zapatero volvió sobre sus pasos con su conferencia Una política al servicio del cambio. "El problema no es el mercado, sino el falso mercado, la concentración de los grupos económicos, que de una u otra forma fomenta y protegen éste y otros Gobiernos. El socialismo será profunda y auténticamente liberal, o, si se prefiere, libertario, y radicalmente promotor de la igualdad del individuo". El Gobierno, con cierto tono de mofa, se interesó por el significado de esos conceptos. El vicepresidente primero, Mariano Rajoy, se disculpó el viernes desde la mesa del Consejo de Ministros. "No sé qué es eso del socialismo libertario", dijo. El secretario general del PP, Javier Arenas, apostilló: "Estamos esperando su tesis doctoral sobre el socialismo liberal o libertario; la esperamos con urgencia". Esa misma noche, Rodríguez Zapatero reconoció que llamar "libertario" al socialismo que propugna, en vez de liberal, fue a modo de "provocación" para enfatizar su idea de libertad del individuo.
"No hacen falta tesis doctorales inmediatas porque hay mucho publicado al respecto", afirma el responsable de Economía del PSOE, Jordi Sevilla, considerado "el culpable" de los afanes liberales de Zapatero, sin olvidar la influencia, dicen en el PSOE, del ex ministro de Economía Carlos Solchaga. Pero Zapatero y los suyos quieren convencer, primero, a su partido, y después, a la sociedad, de que su proyecto contiene altísimas dosis de "solidaridad", al tiempo que se defiende el desarrollo del individuo, aunque precise "un gasto previo del Estado a espuertas", señala un dirigente socialista. "Es un objetivo de la izquierda conseguir la igualdad de todos ante el sistema de enseñanza, sin distinción de sexo, edad, raza , clase o religión", fue otro postulado de Zapatero. De acuerdo, dicen los izquierdistas de su partido.
El responsable de Economía del PSOE, Jordi Sevilla, se ve en la necesidad de citar múltiples autores para justificar tanta defensa del individuo. "Reconocemos la tradición de la Revolución Francesa y conectamos con la mejor escuela del socialismo español, que tenía mucho de liberalismo político". Sevilla aprovecha el reconocimiento del vicepresidente Rajoy respecto a que nunca ha oído hablar del socialismo liberal o libertario para abrumar con autores y corrientes.
"Me gustaría recomendarle al vicepresidente algunas lecturas. Por ejemplo, Desarrollo y libertad, del premio Nobel indio de 1998, Amartya Sen". Los estudiosos ya pueden saber, y sacar conclusiones, de qué nutrientes se sirve la nueva dirección del PSOE. Sevilla sigue con sus recomendaciones y precisa que las tesis de Sen son la versión socialdemócrata de otro autor que revolucionó hace 20 años la teoría de la justicia social. Se trata de John Rawls en su obra El liberalismo político. "Quizá el vicepresidente Rajoy sí conoce la versión de derechas que se extrajo de Rawls, elaborada por los norteamericanos anarcocapitalistas, como es Robert Nozick en su obra Anarquía, Estado y Utopía". Aclara que su "libertarismo" no tiene nada que ver con el que defiende el autor citado. "Hay una tradición propia, española, de anarquismo, los libertarios frente al Estado, que no hay que menospreciar", señala. Este dirigente sigue abrumando con obras, aunque le va a la zaga el portavoz de Presupuestos, Francisco Fernández Marugán, quien se limita al contexto erudito de citar autores y unirse a Jordi Sevilla en la recomendación de libros al Gobierno. Casualmente, el pasado jueves, Marugán sostuvo en los pasillos del Congreso, según apreciaron muchos diputados, una conversación doctrinal con el ex secretario general del PSOE Joaquín Almunia, que también sabe lo que quiere decir eso del socialismo liberal. "Tiene mucho que ver lo que dice Zapatero con los comunitaristas progresistas norteamericanos, tales como Michael Walzer". Pero el mejor comunitarismo está en el socialdemócrata y profesor norteamericano, fallecido en 1994, Cristopher Lasch con su Rebelión de las élites, concluye Marugán.
EL MUNDO
Lunes, 30 de octubre de 2000
ANTONIO GARCIA SANTESMASES
Socialismo liberal y libertario
a mayor virtud del discurso de Rodríguez Zapatero ha sido propiciar durante unas horas la discusión sobre las señas de identidad de la izquierda. Agobiados como estamos por el dramatismo de la ofensiva terrorista, pensar que podemos razonar acerca de cuáles son las fuentes doctrinales en las que bebe el nuevo secretario general del PSOE es un ejercicio intelectual que nos devuelve, siquiera sea por un momento, a la dialéctica derecha-izquierda constitutiva del juego político en cualquier democracia.
Para que el debate pueda avanzar lo primero es evitar las declaraciones altisonantes y estridentes que a nada conducen. La reacción de los dirigentes del Partido Popular es de las que hacen época. Unos están a la espera de la tesis doctoral del secretario general del PSOE; otros afirman que se le han cruzado los archivos en el ordenador. A los primeros hay que decirles que la bibliografía sobre el tema es amplia y no hay que esperar a una tesis doctoral de Zapatero para conocerla. Más curiosa es la apreciación de los segundos, que afirman que Zapatero trata de mezclar en el mismo discurso a Romanones, Durruti y Largo Caballero. La afirmación de este dirigente del Partido Popular (Rafael Hernando) permite, sin embargo, encontrar un punto de partida para poder analizar el tema. Comencemos, pues, con una breve mirada a la Historia.
¿Era Romanones liberal? Para muchos de los historiadores que tratan de rescatar el periodo de la restauración es evidente que Romanones es una de las grandes figuras del pensamiento liberal-conservador. Cuando en la historia del socialismo español se estudia a las figuras que trataron de encontrar un camino entre el liberalismo y el socialismo, observamos que no pensaron en Romanones como símbolo del liberalismo. Para Fernando de los Ríos o para Indalecio Prieto, el liberalismo confluye con el republicanismo y es Azaña la gran figura que representa el esfuerzo por ir del liberalismo a la democracia. En el esfuerzo por consolidar una democracia republicana estuvieron unidos socialistas y liberales democráticos. Enfrente tuvieron a los que combatieron desde el primer momento la experiencia republicana.
El socialismo liberal tiene una historia importante con nombres no sólo españoles. Baste citar a Carlos Rosellí, a Norberto Bobbio o a Renato Treves. Es una tradición que recoge los valores del laicismo, del republicanismo, de lo mejor del humanismo liberal. Es una tradición trágica porque se encuentra en medio de la polarización que provocan nazismo y estalinismo.
Hasta aquí no habría mucha novedad en las palabras de Zapatero. De Bernstein a Bobbio, toda una tradición socialista se ha reclamado partidario de lo mejor del liberalismo político. El debate se ha suscitado cuando al apelativo liberal se ha añadido sorpresivamente el adjetivo libertario. Esta doble caracterización es la que ha provocado el estupor de muchos. Creo que se puede hacer alguna luz en el asunto.
El socialismo liberal era fundamentalmente humanista. La socialdemocracia liberal hoy, sin embargo, en muchas de sus formulaciones, es un proyecto básicamente economicista. No trata de reivindicar el Estado de Derecho, el respeto a la ley, la laicidad o la tolerancia. No apuesta por una nueva idea de ciudadanía. O si lo hace, en muchas ocasiones, es como retórica para adornar un discurso que trata de reducir la capacidad expansiva del Estado del bienestar. La socialdemocracia liberal habla mucho del mercado, de la iniciativa privada, de la capacidad de innovación, del papel de los emprendedores y trata de reducir el papel del Estado disminuyendo la presión fiscal. Es un discurso que sabe lo difícil que es conseguir mayorías electorales apostando por una presión fiscal sostenida. Es cierto que siempre se matiza que se trata de evitar la carga fiscal que sufren los profesionales, los agricultores o los trabajadores autónomos, de combatir el fraude fiscal y de gravar los grandes beneficios. Pero es también cierto que los grandes poderes económicos se encargan hábilmente de difundir el mensaje de que no podrán competir sin tener garantizados grandes beneficios. Para ellos el Estado ha llegado demasiado lejos.
Si por liberal se entendiera el esfuerzo por reivindicar la autonomía de la conciencia, la libertad de disentir, la tolerancia, la democracia frente al etnicismo o la laicidad frente al fundamentalismo, todo socialista es o debería ser liberal. Si por liberal se entiende ir reduciendo el Estado del bienestar hasta ser únicamente una red de salvamento para los desahuciados, muchos socialistas no queremos ser liberales. El liberalismo económico se ha transformado en un ataque contundente al Estado social, a las garantías laborales y a los derechos económico-sociales.
El planteamiento de Zapatero quiere aunar las dos dimensiones, pero sólo el futuro dirá si ello es posible. Por un lado, es cierto que pone una vela al mercado, a la iniciativa privada, a los emprendedores y a la capacidad de innovación. Por otro, quiere que los creadores culturales sean los grandes referentes, desea que la educación sea la palanca del cambio y apuesta por fomentar la libertad, la creatividad y la autonomía personal. ¿Cómo combinar ambas perspectivas? Los emprendedores, en muchas ocasiones, so capa de la competitividad, exigen unas condiciones económicas que imponen la precariedad laboral, la exclusión social, la inseguridad y la incertidumbre. ¿Se podrán desarrollar las nuevas fronteras de la democracia y la nueva etapa del Estado del bienestar con las reglas marcadas por la Globalización?
Mantener lo mejor del liberalismo político cuando unos apostaban por la destrucción de las instituciones democráticas representativas y otros aspiraban al caudillaje fue la difícil tarea del socialismo liberal de los años 30. Defender las conquistas del Estado social y universalizar el modelo europeo es la tarea tan o más difícil del socialismo del siglo XXI. Para este nuevo socialismo, el componente libertario no es en absoluto desdeñable. Estamos lejos de Durruti, de Romanones y de Largo Caballero. Pienso que por libertaria deberíamos entender la perspectiva que se suscita a partir de 1968. Los acontecimientos de aquellos años: el mayo francés y la invasión de las tropas soviéticas de Checoslovaquia van auspiciando la aparición de un nuevo socialismo. Era un socialismo que recogía lo mejor de la Nueva izquierda de los años 60, de la aparición del movimiento estudiantil, de la lucha contra la Guerra de Vietnam. Va apareciendo una nueva forma de entender la política donde el papel central del partido político y del sindicato va siendo sustituido por unos, completado por otros, por la aparición de los nuevos movimientos sociales. Son movimientos en muchas ocasiones monotemáticos (ecologismo, feminismo, pacifismo) que incluyen nuevas reivindicaciones en los programas políticos y que apuestan por formas de organización no centralizadas, no jerárquicas, que demandan una nueva forma de democracia. Hace más de 20 años, Javier Muguerza publicó el excelente trabajo Entre el liberalismo y el libertarismo, donde se analiza con gran rigor la doble crítica al Estado del bienestar desde postulados anarco-capitalistas y desde la defensa de una democracia deliberativa. Es una lástima que en España no se conozca suficientemente el pensamiento de nuestros mejores filósofos.
¿Es compatible la apuesta por los nuevos movimientos sociales y la defensa de una socialdemocracia liberal centrista, atlantista, institucional? Como el lector intuirá, es difícilmente compatible. Lo es si se quiere en el papel, pero cuando llega la prueba de los hechos, defender el nuevo papel de la OTAN y ser libertario es como ser verde y belicista. Claro está que unos prefieren jugar el papel de Fischer y muy pocos se atreven a mantener la coherencia de Lafontaine. El futuro dirá si Zapatero logra mantener lo mejor del liberalismo político o sucumbe al neoliberalismo económico; si se abre al viento libertario de los nuevos movimientos sociales o queda atrapado por los requerimientos de la política de poder. Por el momento, hay que reconocer que ha logrado remover el alicaído retablo político.
Antonio García Santesmases es profesor de Filosofía Política de la UNED y miembro de la corriente Izquierda Socialista.
EL MUNDO
Viernes, 20 de octubre de 2000

Zapatero propugna «un socialismo libertario, profundamente liberal»
MANUEL SANCHEZ
Anuncia que «el PSOE trabajará por disminuir el poder y la prepotencia de los grupos económicos y del Estado» - Pide que «los burócratas dejen paso a los emprendedores» - Defiende que «cada individuo tenga derecho a llegar tan lejos como pueda, en igualdad de condiciones de salida»
MADRID.- El secretario general socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, escenificó ayer el nacimiento de un nuevo PSOE en la conferencia inaugural del ciclo 2000/2001 del Club Siglo XXI. En su presentación en sociedad, Zapatero anunció las claves de lo que él mismo definió como un nuevo socialismo, una nueva forma de hacer política y un nuevo modelo de actuación de los partidos.
Rodríguez Zapatero desveló que el PSOE que empieza a construir va a ser «profunda y auténticamente liberal o, si prefieren, libertario, y radicalmente promotor de la igualdad del individuo», dijo, y desarrolló un discurso fiel a esta declaración de principios.
Así, el secretario general del PSOE defendió que el siglo XXI, «debe ser el inicio de una era de individuos soberanos, de una ciudadanía verdaderamente poderosa, capaz de elegir y construir su destino».
Zapatero reivindicó la hora de abordar «una forma distinta de hacer política» y, sobre todo, «de crear una relación distinta entre las gentes de este país y los partidos democráticos».
En este aspecto, indicó que el PSOE buscará una mayor apertura a los ciudadanos, «y fórmulas para dar presencia a todos, también a los que no están afiliados, en las discusiones, en las decisiones, sobre el programa y sobre quiénes deben representarles».
Incluso, criticó con dureza el poder del Estado, que consideró que debe ser disminuido, comparándolo con el que tienen los grupos oligárquicos.
«La izquierda y el socialismo trabajarán por democratizar, es decir, por disminuir el poder y la prepotencia de los grupos económicos y del Estado», afirmó Zapatero, para añadir que es hora de que se impulsen «mayores cotas de libertad y autonomía personal, de iniciativa y responsabilidad, de igualdad de oportunidades desde la cuna, pero no sólo en la educación, también en la economía».
En esta parte del discurso, en la que Zapatero hizo una encendida defensa de los emprendedores y de las políticas de innovación, el recuerdo de Felipe González flotó por la sala.
Propuestas políticas
Pero el líder del PSOE pasó en breve a temas de actualidad. Así, defendió la necesidad de un pacto de Estado sobre inmigración y la renuncia del PSOE a entrar en confrontación con el Gobierno: «La inmigración es una realidad que seguirá presente en las próximas décadas y, por lo mismo, requiere un acuerdo amplio».
Zapatero indicó que el reto del PSOE es conseguir que se sienten las bases de una política migratoria, «que, de un lado, cuente con instrumentos adecuados para la canalización de los flujos de entrada y, por otro, promueva con políticas activas la integración plena de todos los que venga a vivir y trabajar entre nosotros».
También volvió a reiterar la lealtad al Gobierno en política antiterrorista, y dijo que le resulta «duro» escuchar ciertas críticas cuando no hay coincidencia plena, pero afirmó: «Si no coincidimos, no es por culpa nuestra».
Sin embargo, el secretario de los socialistas advirtió que seguiría sin entrar en la polémica: «Sería mucho más duro e inútil que nos enzarzáramos en un debate con el Gobierno. No es eso lo que debemos hacer, y no lo vamos a hacer».
En el coloquio posterior a su discurso, que giró casi monográficamente sobre el tema vasco y la manifestación de mañana, Zapatero reiteró su deseo de «jamás» censurar al Ejecutivo su política antiterrorista y, adelantó su intención de acudir a la convocatoria del lehendakari si su agenda se lo permite. «Mañana (por hoy) veré si puedo acudir, mi deseo es hacerlo».
Además, aseguró que los socialistas estarán siempre detrás de una pancarta en favor de la paz, aunque indicó que ni le gusta la manifestación de Bilbao ni le gustó la pasada en San Sebastián, «porque nosotros aspiramos a una manifestación en la que estemos todos los demócratas juntos, nacionalistas y no, claro está, a excepción de EH».
No obstante, confió en que la manifestación de mañana sea, como han dicho algunos dirigentes de EH, «el entierro del Pacto de Lizarra».
Zapatero insistió, tanto en su discurso como en el coloquio, que el estilo del PSOE de hacer oposición también será diferente.
Aseguró que «la descalificación del adversario», los «malos modos» y la «dureza formal» serán desterrados del modo de hacer política, «y aunque, sin duda es necesario señalar los errores del Gobierno, es más necesario aportar soluciones practicables y ser creíbles».
Al ser cuestionado en el coloquio este nuevo estilo de oposición, Zapatero fue rotundo: «Nosotros no vamos a responder al PP con la misma moneda. A ellos, con ese estilo, les costó 9 años llegar al poder, y soy de los convencidos de que, con otra actitud, hubieran llegado antes. Yo no lo voy hacer».
EL MUNDO

Lunes, 30 de octubre de 2000

El «profesor» de Zapatero
Torres Mora le escribió la conferencia en la que habló de «socialismo libertario»
FERNANDO GAREA
MADRID.- José Luis Rodríguez Zapatero hizo el 19 de octubre su definición ideológica en una polémica conferencia en el Club Siglo XXI, titulada Una política al servicio del cambio. En la conferencia se incluía su muy comentada etiqueta del «socialismo liberal y libertario».
Nada se sabe oficialmente del origen de dicha definición o de la identidad del inspirador. Pero la página de Internet del PSOE www.psoe.es aporta una pista sobre el origen de ese texto.
Así, al entrar en esa web se encuentra una referencia a la conferencia de Rodríguez Zapatero, con una fotografía de él. Al pinchar se llega al icono del texto en Microsoft Word. Se abre el procesador de textos y aparece el texto de la conferencia. Pero si se pincha en propiedades aparece una ventana que señala que el autor de la conferencia es José Andrés Torres Mora. Y añade, en el apartado organización, las siglas UCM, es decir, Universidad Complutense de Madrid.
Como mínimo, esto significa que el texto pasó desde el ordenador de Torres Mora, en la Universidad Complutense de Madrid, hasta la página del PSOE, sin pasar por otro ordenador.
Torres Mora es jefe del Gabinete del secretario general del PSOE y profesor titular en la Facultad de Políticas y Sociología de la Universidad Complutense. Dirige la asignatura Fuentes y Técnicas para el Análisis Empírico de la Sociedad Española.
Comenzó a trabajar con Zapatero en Nueva Vía meses antes del Congreso de julio pasado. En ese equipo, Torres Mora se encargó desde el principio del área de prospectiva electoral, poniendo a disposición del candidato sus conocimientos de sociología.
Ahora es uno de los hombres de confianza de Zapatero y uno de los ideólogos del nuevo PSOE.

Congreso socialdemocrata aleman de Bad Godesberg


EL PAÍS
La transformación de la socialdemocracia alemana desde el abandono del marxismo
Veinte años después del congreso de Bad Godesberg
JULIO SIERRA, - Bonn - 27/11/1979


Mil novecientos setenta y nueve pasará a los calendarios políticos de la RFA como el año de los aniversarios y de la autocrítica: en él han cumplido treinta años la Constitución de la RFA y los dos Estados alemanes surgidos del final de la segunda guerra mundial; se ha conmemorado el cuarenta aniversario del comienzo de la misma conflagración y el sesenta de la República de Weimar. Los liberales y socialdemócratas han hecho recuento de una década de coalición entre ambos partidos, que formaron Gobierno el 21 de octubre de 1969. Finalmente, 1979 coincide también con el vigésimo aniversario del programa de Bad Godesberg, por el que la socialdemocracia abandonó su ideología marxista y estructura de partido obrero y se convirtió en organización política de «amplia base».
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El 15 de noviembre de 1959, concluía en Bad Godesberg, distrito residencial de Bonn, el primer congreso extraordinario, y noveno ordinario, que celebraba la socialdemocracia alemana (SPD), desde el final de la guerra. La renuncia al marxismo como ideario político y la aceptación de la economía de mercado como realidad existente convertirían al SPD en partido «apto para los salones», a partir de Godesberg. Sintéticamente, los socialdemócratas alemanes habían recorrido tres etapas fundamentales hasta la caída del Tercer Reich. De una postura confusa de la socialdemocracia alemana en la última etapa de la República de Weimar, que imposibilitó inclinar la balanza en favor de la izquierda a partir de 1930, como querían los comunistas del KPD, con objeto de frenar la llegada de Hitler al poder, pasó a una situación de semilegalidad hasta el mismo final de la República, en 1933, y después, de resistencia y exilio, hasta 1945. A diferencia de Francia y España, señala Baerbel Hebel-Kunze en su libro SPD, und faschismus, elaborado con documentos del propio SPD, la socialdemocracia declinó la posibilidad de constituir en Alemania un frente popular que hubiera salvado al país del régimen de Hitler, y ello, a pesar de que el SPD contaba con un millón de militantes y una reserva de seis millones de electores. Todavía en 1936 se distribuiría por el partido una circular en la que la directiva socialdemócrata prohibía «toda asociación con los comunistas, políticos u organizaciones, para realizar cualquier tipo de acción». Esta propia vía de la socialdemocracia alemana, basada en un sistemático anticomunismo, llevaría al SPD a votar en favor de la reintroducción del servicio militar en Alemania y de un elevado presupuesto de defensa, factores que luego conformarían el militarismo hitleriano.Los comunistas no facilitaron tampoco un acercamiento a la socialdemocracia, al repetir insistentemente el calificativo de «socialfascista», con que designaban a este partido.
Dos hombres-clave
Fue precisamente en el exilio, en París, y con ocasión del envío de las Brigadas Internacionales a España, cuando coincidieron dos hombres clave en el futuro programa de Bad Godesberg: Herbert Wehner, entonces comunista, y Willy Brandt, socialista. El primero reunió los primeros voluntarios de la brigada, Thaelmann, y el segundo acudiría al escenario de la guerra como informador. Herbert Wehner, actual jefe de la fracción SPD en el Bundestag, declararía en 1950, nueve años antes de Godesberg, que «el sistema comunista significa la destrucción de los derechos humanos», y fijó cuatro puntos en relación con los territorios alemanes incorporados a la URSS tras la guerra: entre estos puntos, se incluían el no reconocimiento del Gobierno de la RDA y la reivindicación de aquellos territorios, calificando de «traición» la posibilidad de no insistir en esta reclamación. De esta época arranca, según Peter Kohnen en su libro Deutschland, deine SPD (subtítulo: Los frustrados y los manipulados), el propósito de Wehner de «convertirse en el político determinante en Alemania». Der Spiegel, en 1974, y ahora ya la voz común atribuyen a Wehner haber facilitado el acceso de Brandt al poder, y también el haberlo hecho caer para promocionar a Helmut Schmidt. El 15 de noviembre de 1959 también estaba Wehner en la presidencia del SPD, al lado de Ollenhauer, Nau, Erler, Deist, Schmid (Carlo), Schoettle, Schanzenbach y Eichler. De todos ellos, el único aún vivo y activo en política es Wehner.Erich Ollenhauer, presidente del SPD en 1959, dijo entonces que «quizá dentro de veinte años la juventud, que vivirá posiblemente en un mundo muy distinto, pensará que este programa debe ser reformado».
Veinte años después, el vicepresidente de la comisión de valores fundamentales del SPD, Heinz Rapp, ha declarado que «este programa conserva aún en su parte práctica una fuerza orientadora» Wehner ha resumido también estos días el conjunto del programa sintetizándolo en dos frases: luchamos por la democracia, la democracia debe ser el orden vital y político general.
Willy Brandt, jefe del SPD, opina que «Godesberg aún es muy joven». La derecha, la oposición democristiana, piensa que el programa es ambivalente: incluye pinceladas netamente socialistas conservadoras, liberales, intervencionistas... La izquierda socialdemócrata piensa lo mismo: debe clarificarse la línea Erhard. Eppler, jefe del partido en Baden-Württemberg, lo considera absolutamente insuficiente: deben crearse criterios nuevos sobre fenómenos nuevos, como el problema sindical, energía nuclear, informática, radicales.
Problemas internos
El partido se enfrenta a un nuevo congreso trascendental, en Berlín, a partir del 3 de diciembre. Al margen de los temas punta -renovación nuclear en Centroeuropa y energía atómica-, en el fondo hay otros problemas de índole casi interna.Los sindicatos integrados en la confederación DGB, soporte obrero del SPD, se ven progresivamente inundados de militantes comunistas. Al tiempo se ha reafirmado la tendencia descendente de afiliaciones de trabajadores en el SPD, iniciada en 1976 (este año, el 28,83% de los nuevos militantes procedían del sector trabajador). La juventud estudiantil atribuye a la coalición social-Iiberal el no haber sido capaz de superar en diez años de Gobierno el problema del numerus clausus en la universidad ni en el empleo.
Los jusos (juventudes del SPD) denuncian de nuevo la sumisión del partido a los grandes intereses empresariales. En su último congreso, en Aschaffenburg, se presentó, entre otros informes, uno sobre cuarenta empresas a nacionalizar o socializar. Un destacado dirigente de la socialdemocracia, el alcalde de Hamburgo, Klose, llegaría incluso a defender en gran medida esta misma tesis, que le valió a Benneter, líder de los jusos, perder su puesto de presidente hace dos años. El mismo Klose denunciaría también el llamado «decreto contra los radicales», que más bien responde a una práctica que a un texto legal. Los trabajadores se unen al coro de descontentos por una política de empleo y de impuestos que no les satisface, amén de un esquema sobre cogestión empresarial que carece de efectividad. En el programa de Godesberg se establecía que el SPD consideraba válida la existencia de una economía de mercado como base de un sistema mixto. Heinz Rapp, de la comisión de valores fundamentales, ha comentado que el respaldo de su partido al sistema capitalista se mantendrá en tanto éste funcione. Y funciona.

Dario Franceschini, nuevo lider del Partido Democrático Italiano


PÚBLICO
Dario Franceschini, elegido sucesor del dimitido Veltroni al frente del Partido Demócrata italiano


La Asamblea Nacional del Partido Demócrata (PD), el principal grupo de la oposición italiana, ha elegido a Dario Franceschini como nuevo secretario, tras la dimisión el 17 de febrero de Walter Veltroni, debido a la derrota electoral sufrida en los comicios regionales de Cerdeña.
De los 3.133 miembros de la misma, 1.229 asisten en el parque ferial de Roma a la asamblea, donde lo primero que se hizo fue votar si lo mejor para el partido en estos momentos de crisis es elegir un nuevo secretario, que dirija al PD hasta octubre cuando celebrarán su primer congreso, o volver a elecciones primaris.
Tras la intervención de varios dirigentes, de los 1.229 asistentes, 1.006 votaron a favor de elegir ya hoy el nuevo secretario, para el que se presentó el propio Franceschini.
Dario Franceschini tiene 50 años, proviene de La Margherita, partido democristiano que se fusionó con el ex comunista Democráticos de Izquierda en el PD y estaba considerado por los analistas políticos como un "gemelo", "clon" o "alter ego" de Veltroni.

EL MUNDO

Dario Franceschini es elegido nuevo líder del Partido Demócrata italiano


Dario Franceschini, 'delfín' del hasta ahora líder del Partido Democrático (PD) italiano, Walter Veltroni, ha sido elegido su sucesor a la cabeza del partido.
Veltroni presentó su dimisión tras la grave derrota en las elecciones celebradas en la región de Cerdeña. Franceschini, abogado de 50 años, toma las riendas del partido en un momento difícil, pues la victoria en aquella región del candidato de centroderecha, Ugo Cappellacci, con nueve puntos de ventaja sobre su rival, Renato Soru, planteó serias dudas en torno al liderazgo de Veltroni.
"Entiendo el papel del secretario como un servicio al partido. No estoy aquí para preparar mi futuro personal. Mi trabajo concluirá en octubre con las primarias y el congreso", dijo Franceschini tras ser elegido.
1.258 delegados han participado con su voto en la elección. Dario Franceschini ha recibido 1.047 votos contra los 92 de Arturo Parisi, el ex ministro de Defensa que también se presentó como candidato.
"Será difícil pero triunfaremos", fue el mensaje de esperanza que el nuevo secretario general del PD mandó a la izquierda italiana. El nuevo líder del PD se mantendrá en el cargo hasta octubre, cuando se celebrará el primer congreso del partido, surgido de la fusión del ex comunista Democráticos de Izquierda (DS) y la coalición de centro izquierda La Margherita.
De los 3.133 miembros que podían acudir a la asamblea del PD, asistieron 1.258, que lo primero que hicieron fue votar si lo mejor para el partido en estos momentos de crisis era elegir un nuevo secretario o volver a realizar primarias. De ellos, 1.006 votaron a favor de designar en esta misma jornada al nuevo secretario.

El progresismo de Massimo Cacciari

EL PAÍS
ENTREVISTA: ENTREVISTA MASSIMO CACCIARI ALCALDE DE VENECIA Y FILÓSOFO
"Si la izquierda gana en Italia nunca tomará las decisiones de Zapatero"
LOLA GALÁN 30/10/2005




La biografía de Massimo Cacciari (Venecia, 1944) es una demostración palpable de la compatibilidad entre filosofía y política. Profesor, estudioso y diputado de izquierdas, fue alcalde de Venecia entre 1993 y 2000, y ahora regresa al puesto después de haber creado una Facultad de Filosofía en Milán.
Extremadamente delgado y con su característica barba negra, Massimo Cacciari mantiene a los 61 años el porte entre bohemio y doctoral que le ha hecho famoso en Italia y en los círculos intelectuales europeos. Cacciari es, desde abril pasado, y por segunda vez en su larga trayectoria política, alcalde de Venecia. Una circunstancia que ha complicado su agenda, aunque no le ha impedido venir a Madrid para recibir la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes. En esta entrevista, Cacciari se muestra crítico con los valores de la sociedad moderna, dominada por un falso sentido práctico, y propone la filosofía como remedio perfecto para contrarrestar todos los excesos de la vanidad de nuestro tiempo.
Un seductor que domina todos los registros


Massimo Cacciari, alcalde de Venecia- CRISTÓBAL MANUEL
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"El resultado electoral no está claro, porque en el centro-izquierda el riesgo de división es grande, y Berlusconi ha resuelto muchos de sus problemas"
"El plan de los diques móviles sólo sirve para defender Venecia de aguas altísimas. Cuesta 4.300 millones y nos deja sin un céntimo para nada más"
"¿Qué importa ir con velo o sin él, escribir Cristo o cristo? El riesgo es que este laicismo de pacotilla se enfrente a un dogmatismo religioso"
"La filosofía ha sido siempre ejercicio de modestia, distancia crítica, y después, ejercicio de liberación, porque te libera del sentido común"
"Ratzinger es una persona muy preparada y capaz de escuchar. Pero se equivoca en la forma de plantear la relación entre valores y contexto político"
Pregunta. El año pasado dijo que no volvería a ser alcalde de Venecia ni por todo el oro del mundo. ¿Por qué ha cambiado de idea?
Respuesta. Ha sido un ataque de locura. Es que en Italia tenemos un problema enorme, la dificultad de mantener juntas las diferentes almas del centro-izquierda. La Unión incluye a partidos que van de la extrema izquierda hasta los democristianos, y en el centro de esa Unión están desde los Demócratas de Izquierda (DS) hasta la Margarita (centrista moderado). Tenemos que ser verdaderos alquimistas para mantenernos unidos, pero a veces la transformación de todo esto en algo bueno no se consigue. Y en Venecia ocurrió eso precisamente. Que por insistencia de un sector de los DS no se alcanzó un acuerdo de candidatura común. La posición de los DS me pareció completamente errónea y contraria a los intereses de la ciudad, y en un momento de locura decidí presentarme, seguro de perder...
P. Pero ganó al otro candidato de izquierda, el juez Felice Casson, que calificó su triunfo públicamente como una victoria del centro-derecha.
R. Casson está en la junta municipal de centro-izquierda y nuestras relaciones son óptimas. Pero es verdad que el caso Venecia ha puesto en evidencia el riesgo de disgregación que corre todavía el centro-izquierda.
P. Incluso después de las primarias que ha ganado Romano Prodi.
R. No eran unas primarias de verdad. Y el problema de cómo conjugar estas diferentes tendencias sigue sin estar resuelto. Me preocupa que estallen las diferencias y los resquemores en el centro-izquierda en estos meses preelectorales. Porque existe el peligro de que vuelva a ganar Berlusconi.
P. ¿Pese a la crisis económica y a las encuestas, que le dan al centro-izquierda varios puntos por delante?
R. Sí, porque aunque ha tenido problemas inmensos, Berlusconi los ha superado y ha conseguido restablecer la unidad en su coalición, además de cambiar la ley electoral a su favor. En cambio, en el centro-izquierda, el riesgo de división sigue siendo grande, pese a los esfuerzos de Prodi. Por eso el resultado electoral no es tan seguro como podía parecer hace cinco meses.
P. Venecia, además de servir de ejemplo político, como usted dice, ilustra también los cambios que ha habido en Italia en el último cuarto de siglo.
R. Sí. Ha habido muchos cambios, pero a fin de cuentas positivos. Porque, si bien es cierto que cuando yo era un muchacho en Venecia había más habitantes, y más vida, el problema de la salvaguarda de su integridad era enorme, como se demostró con las inundaciones de 1966. La supervivencia de Venecia corría un grave peligro. En estos últimos 25 años, los problemas han sido afrontados de una manera seria y radical. Gracias a inmensas inversiones se ha protegido a Venecia del mar, se han restaurado los edificios, y puede decirse que la ciudad es segura.
P. Y lo será más con los diques móviles, el MOSE. Aunque a usted nunca le ha gustado este proyecto.
R. Es una obra gigantesca que sólo sirve para defender Venecia no de las aguas altas, sino de las aguas altísimas. Costará 4.300 millones de euros, y financiarlo significa no tener un céntimo para nada más.
P. Veo que los problemas de la ciudad le absorben ya totalmente.
R. Sí, y ése es el drama. Pero siempre me he dedicado a la política, y no me gusta la política de salón, me gusta involucrarme directamente en ella, como hacen los alcaldes. Veré si puedo combinar algo de trabajo filosófico y cultural con esta actividad.
P. De momento ha dejado su puesto en la Universidad San Rafael de Milán.
R. Sí, por la ley de incompatibilidades he tenido que dimitir como decano de la Facultad de Filosofía, que fundé yo mismo hace cuatro años.
P. Aquello provocó mucha polémica porque es una universidad católica, y en la nueva Facultad de Filosofía se dedica amplio espacio a la teología.
R. Sí, es una facultad muy innovadora porque intenta juntar tendencias que en otros sitios se detestan. Quise explotar un filón de estudios analíticos, lógicos, epistemológicos de tipo anglosajón, y con una fuerte presencia de filosofía antigua, de metafísica y de teología. Es la única Facultad de Filosofía en Italia donde se enseña teología. Y el experimento estaba teniendo éxito.
P. Ha unido usted dos estudios que muchos consideran antagónicos.
R. Pero no es así. La teología es interrogación sobre el verbo, no es repetición del dogma, y la filosofía occidental europea es impensable sin la relación con el cristianismo. ¿Cómo puedes hacer filosofía sin relacionarte con san Agustín, con santo Tomás? Sin el De Trinitatem, de San Agustín, no se entendería una sola línea de Hegel. Es decir, que incluso desde un punto de vista histórico la relación entre teología y filosofía es constante.
P. Y sin embargo, no ha progresado la iniciativa del Vaticano de incluir una referencia a las raíces cristianas en la Constitución Europea.
R. Por fortuna, porque, aparte de que el debate sobre las raíces suena un poco botánico, es que el problema se ha enfocado mal desde el principio, incluso por los cristianos. No se trata aquí de mencionar las raíces, sino de dirección cultural. ¿Cómo valoro la impronta cristiana, la iluminista? Pues en la dirección que ha tomado el pensamiento, no en el pasado, no en las raíces. Por eso creo que la Iglesia ha planteado muy mal esta cuestión.
P. Porque está incómoda, quizá, en este mundo moderno. ¿Cree usted que con el nuevo Papa mejorará esta situación?
R. Participé con él en dos debates cuando era cardenal. Es una persona preparadísima, muy segura de su tradición, de su fe, inamovible, un verdadero prusiano, pero muy preparado y en cierto modo capaz de escuchar. Pero creo que se equivoca en la forma de plantear el discurso de la relación entre afirmación de valores y contexto político democrático. Una cosa es que la Iglesia afirme sus valores, sus propias certezas de fe, y otra cosa es pretender que estos valores sean determinantes en el trabajo político práctico legislativo. Son cosas totalmente distintas. Y la Iglesia actual las confunde continuamente. Al final es negativo incluso para los propios valores porque si yo pretendo imponer y traducir en normas, en leyes políticas concretas, los valores de los que estoy convencido y estoy seguro, los arruino.
P. ¿Benedicto XVI cambiará esa visión?
R. No creo. Durante el pontificado de Karol Wojtyla había dos dimensiones que estaban unidas gracias a él: la dimensión profética y la centralista, curial, romana. Eso ocurre con frecuencia en la Iglesia, precisamente porque un papa tiene carisma extraordinario lo centraliza todo en sus manos.
P. Y se produce un culto a la personalidad desmesurado.
R. Una vez que muere Wojtyla, queda en pie el centralismo burocrático, legislativo, normativo, y la Iglesia corre un enorme peligro. Espero que el papa Ratzinger tenga la inteligencia y la capacidad de comprenderlo y afrontarlo. De lo contrario, veo a la Iglesia enrocada dogmáticamente, pero ya sin el carisma de Wojtyla.
P. Y con pocos amigos en la Europa desarrollada. Una nueva normativa lingüística de los Países Bajos y de Bélgica obligará, por lo que parece, a escribir Cristo con minúscula.
R. ¿Ah sí? Pues es un ejemplo, como lo del velo en Francia o las polémicas en Italia para retirar el crucifijo, de un laicismo de poco nivel. Porque el crucifijo no tiene importancia, es parte de nuestra historia. Son cuestiones que deberían quedar a la conciencia de cada uno. ¿Qué importa ir con velo o sin él, escribir Cristo o cristo? El riesgo es que este laicismo de pacotilla, anticlerical, anticuado, se enfrente a un dogmatismo teológico religioso. En medio, las posiciones como la mía, por ejemplo, quedan aplastadas.
P. Italia, un país capitalista y atento a sus intereses terrenales como el que más, es uno de los países donde la Iglesia católica es más respetada y está mejor vista. ¿Cómo consigue esta combinación?
R. Porque en Italia, al contrario que en España o en Francia, la Iglesia, el mundo cristiano, se ha mostrado siempre con un rostro democrático, popular, progresista. Ha habido católicos en la resistencia, en el antifascismo. En la Democracia Cristiana había componentes de izquierda, eran los catocomunistas.
P. Alguna diferencia habrá en la sociedad italiana, porque para los católicos españoles no ha sido fácil ser de izquierdas no sólo por sus contradicciones con la Iglesia, sino por el rechazo de la sociedad española.
R. No, no, no lo creo. Le repito, el éxito de la Iglesia en Italia es que nunca se ha presentado ante la sociedad apoyando una determinada tendencia política. Sí, es cierto que durante la guerra fría la Iglesia dijo: quien vota a los comunistas peca, etcétera. Pero estas posiciones no han afectado a la conducta de la mayoría del clero. Y en la DC convivían todas las tendencias.
P. Otra cosa que llama la atención es que ustedes utilizan un lenguaje ampuloso para describir realidades bien discretas. En cambio, en España las realidades superan los términos que las definen. Por ejemplo, ustedes hablan de federalismo aunque es poco probable que se aplique nunca, mientras nosotros no usamos el término, pero...
R. Sí, sí, lo sé. En España se está produciendo un peligro de separatismo. Y en Italia, ese federalismo no tendrá mucho contenido. Eso se debe a que tenemos desde siempre unos partidos obligados a mantener aglutinadas facciones muy distintas. Por un lado, Italia ha sido un laboratorio político interesante, pero por otro, la complejidad de tendencias en los partidos ha bloqueado todas las decisiones internas. Por eso, el discurso teórico es avanzado, pero después el mecanismo de la toma de decisiones no funciona. Porque las cosas no están nunca claras. Por ejemplo, si gana el centro-izquierda, no tomará jamás las decisiones que ha tomado Zapatero. Porque es un país donde no se decide nunca.
P. Al menos, nadie puede acusarles de precipitación.
R. Tiene un lado positivo, desde luego, porque si al final resolvemos este problema, crearemos una fuerza política completamente nueva. Nada que ver con la vieja socialdemocracia de Alemania o de Francia. Pero de momento no lo hemos logrado. Hay, eso sí, una cierta riqueza de debate, pero no podemos engañarnos, esta situación impide la reforma del sistema, impide tomar decisiones. Y la política es, sin duda, discusión, crítica, enfrentamiento, pero sobre todo, toma de decisiones. Y el equilibrio político italiano hace dificilísima la toma de decisiones.
P. Entonces, desde su punto de vista, si en abril próximo gana Prodi las elecciones generales italianas, no habrá retirada de las tropas de Irak, ni se legalizará el matrimonio entre personas del mismo sexo.
R. No. Por supuesto que no.Si el centro-izquierda defendiera en Italia esas decisiones, no sacaría ni el 20% de los votos. No porque exista un sentimiento clerical, sino porque se interpretarían como una voluntad de romper un equilibrio, de herir a otros.
P. El Gobierno socialista español ha planteado también algunas iniciativas respecto a las relaciones con el islam que...
R. Ah, en eso Italia está muy dispuesta a tomar medidas muy audaces. Porque la opinión pública es favorable a un discurso de apertura, de tolerancia en las relaciones con otras culturas. En Italia se han dado ejemplos de acogida extraordinaria a los inmigrantes, en La Apulia, por ejemplo.
P. La dificultad está en integrarlos después, respetando sus culturas diferentes, y en muchos casos su religiosidad, mucho más intensa que la de las sociedades europeas de acogida.
R. Sí, pero eso no es un problema, porque se puede concebir perfectamente una democracia donde todo el mundo sea muy creyente y religioso. El problema es saber si hay alguna incompatibilidad entre esa fe religiosa y la democracia. Y creo que está claro que no hay ninguna incompatibilidad entre democracia e islam, como se puede ver en toda la tradición islámica, en la que hay importantísimas corrientes culturales y políticas que han elaborado ideas autónomas y originales de democracia para los países islámicos. Lo malo es que Occidente ha infravalorado estas corrientes de forma sistemática o incluso ha colaborado en su destrucción. Especialmente hasta la guerra de Afganistán. Porque entonces, y es comprensible, no lo vamos a negar, el enemigo era la Unión Soviética y todos los que la combatían eran nuestros amigos. Ése ha sido el discurso de Occidente durante cincuenta años.
P. ¿A los políticos actuales les falta entonces la capacidad filosófica de distanciarse un poco de los intereses concretos?
R. Les falta de todo. Pero, evidentemente, la filosofía tiene un valor práctico enorme, para comprender cómo relacionarse con otras culturas, para comprender el sentido de la globalización, que no es homologación. En la facultad que creé tenemos pensado un nuevo curso de Filosofía de la Historia. Porque sin ideas filosóficas no se comprende la historia actual. Una buena filosofía no tiene nada que ver con el relativismo, es algo que Ratzinger y la Iglesia siguen sin comprender. Una buena filosofía tendría que ayudarnos a comprender cómo se organizan y se construyen los valores fuertes. Lo que la filosofía nos permite comprender es que todos estos valores están relacionados entre sí.
P. Desde ese punto de vista, usted mismo ha defendido la utilidad práctica de la filosofía incluso para los estudiantes de ingeniería. "Así aprenderán a no sentirse nunca el ombligo del mundo", ha dicho. A huir de la vanidad.
R. La vanidad en realidad significa pensar que tus valores están por encima de los de los demás, que los valores se pueden colocar en una escala. La filosofía ha hecho siempre la guerra a la vanidad. La nuestra, decía Platón, es la sabiduría concedida a los hombres, no la sabiduría divina. La filosofía ha sido siempre, y en sentido literal, ejercicio de modestia, medida, distancia crítica, y después, ejercicio de liberación, porque te libera del sentido común, de la idolatría. Es, por tanto, modestia liberalizadora.
P. ¿Cree usted que le sería de utilidad a la ciencia también?
R. Sí, desde luego. La filosofía contemporánea es crítica también con la pretensión de la ciencia, y de la técnica, de medirlo todo sobre la base del éxito. Es crítica con esa idea errónea de que tener éxito es tener razón. Pero la filosofía no debe mirar a la ciencia con superioridad, jamás, ni a la religión, sino que debe intentar relacionar los logros de la ciencia, o del pensamiento religioso, con todo lo demás. Porque ésa es su misión. La filosofía pone en relación, analiza, libera.
P. Usted es un filósofo que mira con respeto a la ciencia y a la religión, aunque siempre ha dejado claro que no es creyente.
R. No soy creyente en sentido estricto, porque no creo en ese acto de fe que resuena en el evangelio o en el judaísmo o en el islam. Yo no puedo creer que el logo se haya hecho carne, que el crucifijo sea Dios, en eso no creo. Dicho esto, la figura que más detesto es la del ateo, el que vive como si no hubiera Dios. Y lo detesto porque creo que en este ejercicio mental yo no puedo dejar de pensar en lo último, en la cosa última, que el creyente, y nuestra tradición metafísica, filosófica, teológica ha llamado Dios. Es lo que decía Heidegger: "Ateo es el que no piensa". El que hace algo y punto, termina su tarea sin interrogarse sobre lo último. Pueden ser muy inteligentes, pero pensar es a fin de cuentas pensar en lo último.

El progresismo de Mario Bunge

CLARÍN
A FONDO: MARIO BUNGE, FISICO Y FILOSOFOEl progresista es una especie en peligro de extinciónPensar un desarrollo para todos
Por ANALIA ROFFO. De la Redacción de ClarínSe enoja con el modelo neoliberal que cundió en la Argentina y el mundo en las dos últimas décadas y cree que, para combatirlo y pensar respuestas superadoras, es imprescindible planificar nuevos modelos de desarrollo junto con la gente. Quiere revitalizar la participación política y encontrar soluciones para los que juzga los mayores déficit de la Argentina: la creciente desigualdad social y el desempleo. A los 80 años, a Mario Bunge lo anima el mismo ímpetu de los 18, cuando fundó y dirigió uno de los proyectos más progresistas que vivió el país: la Universidad Obrera, que de 1938 a 1943 fue un ámbito de crecimiento para operarios y técnicos. Bunge, uno de los intelectuales argentinos más respetados dentro y fuera del país, enseña desde hace treinta años en la universidad McGill en Montreal, Canadá. Autor de más de treinta libros, estuvo en Buenos Aires esta semana.Hacemos un ejercicio de arqueología? Hay una palabra casi sepultada por neoliberales y posmodernos: progresista. ¿Qué querrá decir hoy ser un progresista?-Lo de siempre. El progresista pretende avanzar y mejorar la calidad de vida suya y la del resto de la gente. Le preocupa disminuir las desigualdades sociales y darle oportunidad a la gente para que trabaje en lo que sabe. El progresista quiere que haya más democracia política, económica y cultural, porque le importa que exista mayor participación en el manejo y el disfrute de las riquezas de todo orden. Pero usted tiene toda la razón: no se usa ahora esa palabra. Parece que el progresista es una especie en peligro de extinción. En cambio se usa mucho la palabra liberalismo. De ella se han apropiado injustamente los conservadores y los reaccionarios, porque los liberales tradicionales eran progresistas. Ser liberal, antes, significaba ser anticonservador, querer mejorar las cosas. ¿Usted sigue afiliado al Partido Liberal de Canadá? -No, ya no. Porque justamente en los últimos cinco años el Partido Liberal de Canadá adoptó una política social y económica neoliberal, o sea, conservadora. Ahora se han dado cuenta del grave error y están tratando de dar marcha atrás y volver a ser liberales. Pero hubo un desplazamiento hacia la derecha de todos los partidos, incluso del socialdemócrata. Todos creyeron ilusamente que ese era el buen camino y lo que lograron fue descuidar la educación y la salud pública, y aumentar ferozmente la desigualdad social. ¿Ve algún indicio de que ese giro global hacia la derecha se esté revirtiendo?-Deseo que sí. Porque si hay algo agotado en este mundo es el modelo neoliberal. Ha mostrado que no resuelve los problemas sociales fundamentales, sino que favorece solamente a los sectores más privilegiados. En la Argentina, el modelo fue un fracaso absoluto frente a nuestros dos problemas mayores: la creciente desigualdad social y la desocupación. No dejo de asombrarme por las estadísticas del Banco Mundial, que muestran que América latina es la región del mundo con mayor desigualdad social. De todo el mundo, dije. Estamos detrás de Africa. Africa es más progresista que América latina. Cuando en sus libros usted habla de modelos de desarrollo para un país, prevé siempre que trabajen equipos interdisciplinarios. ¿Qué medidas coordinadas les sugeriría a los que están armando las plataformas de los candidatos presidenciales?-Bueno, ninguno de ellos me ha consultado... Y creo que después de estar fuera de la Argentina por tantos años, no sé si es prudente dar consejos. Pero, igualmente, creo que habría que elaborar un plan a la vez económico, cultural y político, que tenga en cuenta los déficit acuciantes en trabajo, salud y educación. Me imagino que si se juntan las fuerzas progresistas de la Argentina -que deben quedar, descuento- pueden elaborar un plan eficaz. Sólo creo que tendrían que tener en cuenta que los planes desde arriba suelen fracasar, o suelen tener éxitos a veces nefastos (el del modelo neoliberal es un buen ejemplo).¿Hay que planificar junto con la gente?-Exacto. Planificación con participación. Hay que consultar a la gente. No sólo preguntarles qué es lo que quieren, sino también qué es lo que están dispuestos a hacer. Y hay que contar, además, con expertos auténticos. Y los economistas no son expertos en cuestiones sociales. Ese es un gran engaño. Los economistas no estudian sociología ni antropología ni politología. Todos los científicos sociales y los técnicos sociales deberían servir de consultores, no de dictadores. ¿En este momento el pensamiento está monopolizado por los economistas? -No diría el pensamiento, sino la dictadura de las decisiones. Los economistas tienen el monopolio, acá y en todo el mundo, no sólo de la política macroeconómica, sino también del resto de las actividades humanas. Ellos son los que dicen qué hospitales o escuelas hay que cerrar. Nunca se les ocurre abrir, siempre cerrar, porque quieren ahorrar, y no se dan cuenta de que eso, a la larga, perjudica a la economía, porque la gente enferma o maleducada no puede contribuir a la economía: al contrario, son una carga para el Estado. Esta es la visión mezquina del ignorante, típica de los neoliberales. Dicho sea de paso, la crítica de George Soros a los neoliberales en su último libro me pareció muy acertada. Coincido plenamente con los ataques a lo que él llama el fundamentalismo económico y al neoliberalismo. ¿Pero es creíble la crítica de Soros, siendo él un especulador financiero y parte del sistema al que ataca? -Sí. Pero él dice: Mientras el sistema exista, yo voy a disfrutar de él. El sistema está mal, cambien las reglas y yo cambiaré mi juego. Pero esas reglas están mal. El mismo propone el cambio de las reglas. Es un caso muy raro. Es como si en el siglo pasado, John P. Morgan hubiera dicho algo parecido: habría tenido una influencia tremenda.¿Morgan era también un financista?-¿Financista? ­Era un pirata! El de la banca Morgan. Desgraciadamente, la fortuna de Soros no es tan grande como la de Morgan, de modo que su palabra no va a tener tanta influencia. ¿Entonces hay que hacerle caso a Soros cuando opina sobre la Argentina y dice que nuestro peso está sobrevaluado?-Hay que escuchar esa opinión como cualquier otra sobre la que uno decida reflexionar. Pero no hay que dejarse correr más por George Soros ni por nadie del exterior. Lo que hace interesante a Soros es que, a diferencia de los economistas académicos, tiene experiencia. Los economistas académicos no tienen la menor experiencia en conducción de empresas. Este hombre, en cambio, hace 40 años que está administrando miles de millones y con un éxito tremendo. Cambio de reglasLe gusta que Soros proponga un cambio de reglas. ¿Qué cambio de reglas propondría usted para la Argentina?-Empezaría por preguntar quiénes están de acuerdo con que hagamos un plan que pueda conseguir consenso de la mayor parte de la población. Y nos pondríamos a trabajar, a discutir, a ver cuáles son los problemas más importantes. ¿La universidad? No. La universidad es un problema importante, pero menor en comparación con los demás. ¿La corrupción? Sí, pero la corrupción y la violencia son derivados de la desigualdad. Entonces, tratemos de ver cómo podemos disminuir esa desigualdad: hay que crear puestos de trabajo y redistribuir el ingreso nacional.¿Qué medidas concretas imagina?-Ante todo, hay que lograr que los impuestos a los réditos se cobren realmente. Y que los impuestos sean progresivos, como pasa en todos los países civilizados. Empezaríamos entonces a encontrar vías de solución para problemas como la violencia, que no se resuelve poniendo más policías en las calles, porque los policías son a su vez fuente de violencia. Además, los sociólogos señalan que la criminalidad es proporcional a la desocupación: cuanto más desocupados, más delincuentes hay. Si queremos reducir la criminalidad, tenemos que empezar por reducir la desocupación. Ese es el problema principal de la Argentina: reducir la desocupación. Alguna solución habrá. Quizás, una combinación de políticas keynesianas con más participación de las empresas privadas, ¿no cree?¿Políticas keynesianas? En la Argentina hay quienes proponen bajar salarios para mejorar la competitividad y crear empleo. ¿No le parece prekeynesiano?-Completamente. Del siglo pasado. Para aumentar la productividad hay que mejorar la técnica, la organización del trabajo y de la empresa. Hay que mejorar la calidad, no solamente la cantidad del producto. La calidad de los productos argentinos sigue siendo muy desigual, por no decir mala. Le voy a dar un ejemplo: en Canadá, los únicos productos argentinos que se pueden comprar en este momento son peras de la Patagonia. Y le hacen la competencia a unas peras mucho mejores, que son las peras canadienses, las norteamericanas, las francesas y las italianas. ¿A quién se le ocurre entonces exportar peras a Canadá? Es como exportar naranjas al Paraguay. Obviamente, los exportadores argentinos no han estudiado el mercado. Podían, en cambio, competir en otros productos. Frutas caras como uvas, kiwis, mangos... Las peras argentinas a veces se venden porque son muy baratas, pero no tienen gusto. Es que los argentinos no se han puesto a pensar. Exportar productos en bruto, sin valor agregado, es absurdo. Hay que intensificar las exportaciones, pero exportaciones inteligentes, no estúpidas como mandar peras insípidas a un país que produce peras sabrosas. Hay que estudiar los mercados, ir e investigar qué es lo que la gente consume y ver cómo se puede meter una cuña. Para pensar un desarrollo integral, usted pide consultar a la gente. ¿Eso no implica la necesidad de revitalizar la política?­Sí, yo estoy completamente en desacuerdo con el cinismo político. La gente cree que todos los políticos son igualmente deshonestos y que la política es un juego sucio. Esto es gravísimo, porque daba pretexto antes a los militares y ahora a los demagogos para actuar impunemente en contra de los intereses de la gente. Habría que impulsar, en todos los barrios, centros de difusión y discusión de problemas argentinos. Tendríamos que poder involucrar a la gente de todos los partidos. Hacerlos trabajar con el maestro del lugar, con el médico, con el funcionario municipal para que empiecen por discutir cuáles son los problemas del vecindario, de la localidad, de la provincia y del país. Que se suscriban a un par de revistas de cuestiones sociales, que inviten a conferencistas que los ayuden a reflexionar sobre distintos temas. Yo creo que hay que involucrar a todo el mundo en la discusión de los problemas argentinos. Esta no es una democracia participativa. Y si no se participa, se cultiva el egoísmo, el aislamiento, y no se resuelven los problemas. Necesitamos reforzar la solidaridad y la acción de las organizaciones de la sociedad civil.Me asombra que justamente usted haya descartado el problema de la universidad como uno de los prioritarios. Hace dos semanas, buena parte del país se levantó contra la posibilidad de un recorte presupuestario en el área.-No descarté el tema de la universidad. Lo que quise decir es que en un país atrasado como éste debería tener prioridad la escuela primaria, luego la secundaria y la técnica, y luego la universidad. Hay que dar dinero para todas las instancias, pero empezando por la enseñanza básica. En la universidad es imperioso aumentar la calidad. Y para eso hace falta más dinero: no se pueden contratar buenos profesores si se les paga tan mal. Pero también hay que exigir más a los alumnos. Es demasiado fácil estudiar en la universidad. Hay que exigirles el máximo a docentes y alumnos, pero no se les debe escatimar ningún recurso. Basta echar una mirada por las aulas argentinas y ver todo lo que falta para producir profesionales de calidad. Copyright Clarín, 1999.

El futuro de la Izquierda, de Nicolas Sartorius

EL PAÍS
TRIBUNA: NICOLÁS SARTORIUS
El futuro de la izquierda
NICOLÁS SARTORIUS 01/11/1996

1. Es difícil el empeño de escudriñar en el futuro de la izquierda. El siglo y milenio terminan en la incertidumbre. El socialismo, como estadio de la humanidad, que debía superar al capitalismo, ha fracasado en su experiencia práctica.Este último, a pesar de su hegemonía a nivel planetario, no es el fin de la historia, pues exacerba las contradicciones y no resuelve los problemas. El socialismo como movimiento político (partidos y sindicatos) que se reclaman del mismo no pasa por su mejor momento. Los partidos comunistas prácticamente han desaparecido en el Oeste; se han reciclado en el Este, y la socialdemocracia, aunque en retroceso -véase Japón-, se alterna con la derecha en el gobierno de lo existente, logrando a veces significativos avances. Pero en ningún país central gobierna la izquierda. Y no obstante, la necesidad de ir superando las tremendas contradicciones del mundo actual es tarea urgente.
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2. La situación se podría definir como de ruptura de todos los equilibrios anteriores sin que se sepa bien cuáles van a ser los nuevos. A nivel global, la bipolaridad ha saltado, estableciéndose múltiples focos de tensión y la hegemonía de una sola potencia, con varias emergentes. Ideas sólidamente establecidas han entrado en crisis -también las ultraliberales- mientras se expanden fundamentalismos y nacionalismos. El crecimiento demográfico y el desarrollismo insolidario de los países ricos han puesto en jaque al medio ambiente y ha acrecentado la desigualdad entre países pobres y ricos. Los nuevos procesos productivos e informativos desplazan la mano de obra, crece el desempleo, y la centralidad del trabajo se diluye sin ser sustituida claramente por otra. La globalización de la economía y la información pone en solfa al Estado-nación, marco de la política desde la Revolución Francesa. Este Estado cada vez controla menos la economía; tiene dificultades para mantener el bienestar; esta presionado por abajo y por arriba, y sufre crisis de autoridad. Lo anterior también ha dañado los equilibrios sociales. El consenso social en las democracias occidentales y, por ende, la democracia misma está basado en el Estado de bienestar. La crisis o los ataques a éste contribuyen a resquebrajar el consenso y a degradar el sistema político. El desprestigio de la política no es sólo un problema de corrupción. También influye el debilitamiento de la cohesión social. Es cierto que las dictaduras han caído en la Europa del Sur, del Este y de América Latina. Pero si la democracia es la capacidad de los ciudadanos de decidir en las cuestiones que les afectan, asistimos a un cierto vaciamiento de aquélla por la extensión de poderes no sometidos a ningún control democrático: multinacionales, financieros, comunicacionales, etcétera, que adquieren cada vez mayor influencia política. La debilidad de los partidos y la democracia representativa acentúan las posibilidades de estos nuevos protagonistas.
3. La izquierda, por tanto, tiene que hacer una nueva lectura de las contradicciones de este mundo y ofrecer soluciones reales a los problemas de los humanos en su medio ambiente. El eje de esta reflexión debe centrarse, en mi opinión, en la cuestión de la democracia. El fracaso del comunismo tiene su raíz en la "traición" a la democracia. Los límites de la socialdemocracia están, en no haber podido profundizar en ella. El desigual reparto de la riqueza -origen de tantos males-, la discriminación racial, la posición inferior de la. mujer, la destrucción impune del medio ambiente o la concentración de la información sin respeto al pluralismo son otros tantos atentados a la democracia. Es en este terreno en el que la izquierda debe confrontarse con la derecha. El futuro de la izquierda está, pues, en su capacidad de profundizar. y realizar la democracia, que es el auténtico objetivo de la política. Y eso supone un gran debate en el seno de la izquierda, pero también ofrecer ideas innovadoras y reales que permitan recobrar el impulso hoy debilitado.
La izquierda debe medirse a nivel global, creando instancias eficaces de acción que superen el anquilosamiento de los "internacionales". Difícilmente abordará en términos de progreso la cuestión de la competitividad si no sitúa como objetivo la democratización de las relaciones productivas. Esa es la alternativa a la "disminución" del Estado de bienestar que plantea la derecha. Los temas de medio ambiente no son algo diferente a los derechos de los humanos. El futuro del socialismo democrático está fundido con esta cuestión. La lógica ecológica choca con el capitalismo a determinados niveles. La construcción de un poder político democrático a nivel europeo es tarea que no admite retrasos. La iniciativa no puede estar siempre en manos de la derecha. Las fuerzas progresistas deben lanzar una campaña de explicación a la ciudadanía sobre la cuestión de la unión política de Europa. Es insensato que se esté ventilando el futuro de Europa por las alturas -reforma de la Unión- y los ciudadanos desinformados y al margen del proceso. La izquierda, en fin, debe encabezar la reforma de la política, empezando por los propios partidos. Transformando éstos en partidos de los ciudadanos, transparentes en su funcionamiento y financiación. No comparto las tesis catastrofistas sobre nuestro sistema político, pero puede ser mejorado, devolviendo a la política, el Parlamento, los partidos, el protagonismo y colocando a cada uno en el lugar para el que han sido creados.
4. Mientras, en España, gobierna la derecha. Y si bien es cierto que en los meses que llevan en el Gobierno han cometido importantes errores, quizá el más serio radique en que no saben a dónde van, o esa impresión producen; no está escrito en ninguna parte que no puedan durar algunos años si la izquierda no ofrece un proyecto atractivo. Lentitud en la renovación y los cambios, o precipitaciones, han conducido, en ocasiones, a periodos largos de decadencia y alejamiento del poder. Los ejemplos del laborismo inglés y la socialdemocracia, alemana son dignos de estudio y reflexión. En nuestro caso, el futuro de la izquierda depende sobre todo de cómo evolucione el PSOE y también IU. Después de tantos años en el poder y de todo lo que ha sucedido -para bien y para mal-, tan arriesgado sería considerar que aquí no ha pasado nada y se pueden ganar las elecciones como en el 82, etcétera, o que aquí han ocurrido cosas irreparables y hay que poner todo patas arriba. En cualquier caso, el futuro depende en buena parte de la capacidad del PSOE en criticar sus fenómenos negativos y corregirlos, renovar ideas, programas, métodos y personas, con el fin de contribuir a que todas las fuerzas políticas y sociales progresistas de nuestro país puedan confluir en una plataforma programática y electoral, abierta
al centro de renovación democrática y de avance social, en España y en Europa. Ahora bien, para que este encuentro sea posible, el PSOE tiene que cambiar, pero IU debiera corregir aspectos significativos de su política. Con sus actuales planteamientos sobre la Unión Europea, la OTAN -que ya no es la de antes-, la forma del Estado o la gestión de la economía y el Estado de bienestar es complicado coincidir en una labor de Gobierno, siempre diferente a una coincidencia puntual en la oposición.
De ahí que el nacimiento del Partido Democrático de la Nueva Izquierda (PDNI) signifique una esperanza en el camino hacia la unidad de las fuerzas de izquierda, pues puede contribuir a desbloquear la situación actual, introduciendo nuevos elementos en el debate, abriendo el espacio al juego de diferentes posibilidades futuras, siempre y cuando sepa mantener su completa autonomía política. En todo caso, algo se mueve en la izquierda española, y muchas más cosas tendrían que moverse en. el futuro si queremos retomar el impulso que conduzca de nuevo al Gobierno y, sobre todo, si se quiere construir una gran fuerza democrática y progresista capaz de arrebatar la hegemonía a la derecha e ir transformando la realidad, pues supongo que de eso se trata, al fin y a la postre.Nicolás Sartorius es abogado.

Euskadiko Ezquerra de Mario Onaindia

EL PAÍS
"Hace 25 años EE se esforzó por aceptar las reglas de la democracia"
Esozi Leturiondo, viuda de Mario Onaindía y parlamentaria del PSE, recuerda la trayectoria del extinto partido Euskadiko Ezkerra.
Esta semana se celebra el III Memorial Mario o­naindia en Zarautz, la primera parte de los actos de conmemoración del 25º aniversario del nacimiento de Euskadiko Ezkerra en marzo de 1982. Amigos del dirigente vasco amplían este año el homenaje a la figura de Juan María Bandrés, aunque la familia de éste se ha negado a participar. Esozi Leturiondo (Soraluze, 1951), viuda de o­naindía y parlamentaria del PSE, recuerda la trayectoria del extinto partido.
Pregunta. Acometen esta semana la primera parte de los actos del 25 aniversario de EE.
Respuesta. Historiadores como Antonio Rivera, José Luis de la Granja, Antonio Elorza y el sociólogo Imanol Zubero, expondrán sus puntos de vista, favorables o críticos, a lo que significó EE. En marzo lo harán distintos políticos de la época.
P. Un cuarto de siglo es suficiente para hacer un balance de lo que aportó. ¿Cuál es el suyo?
R. Pienso que aportó el esfuerzo de unir la izquierda y, teniendo en cuenta de dónde veníamos, el esfuerzo de aceptar las instituciones y las reglas de juego de la democracia. Creo que estas dos características son las que más destacan.
P. Pasar de ser una organización armada y clandestina a convertirse en un partido institucional requeriría de un trabajo intensivo de convicción y persuasión.
R. Si, claro. Además EE era un partido bastante anárquico, que funcionaba mucho por las ideas y hacía constantes reuniones. Se debatía todo; a veces se llegaba a conclusiones y otras veces era imposible. Si algo le caracterizaba es que todo el mundo opinaba de todo y en cualquier sitio.
P. Hacer ese recorrido requirió de líderes carismáticos y con capacidad de arrastre como lo fueron Mario o­naindía y Juan María Bandrés.
R. Mario fue fundamental en todos los pasos que se dieron, porque él apostaba claramente por darle una oportunidad a la incipiente democracia que teníamos. Trabajó muchísimo estando con la gente, debatiendo y escribiendo. Juan Mari comunicaba las ideas como nadie, muchísimo mejor que Mario. Lo que había que contar lo contaba de forma perfecta. Se le echa de menos porque es el mejor comunicador que ha habido. Además, la labor institucional la bordaba, era brillante.
P. ¿Cree que EE se adelantó a su tiempo y por eso fracasó?
R. Eso no lo sé. Quiso hacer esa síntesis de dos mundos, el nacionalismo y la izquierda, que dudo que tengan un recorrido común, al menos como nosotros lo planteábamos. EE consiguió ciertos equilibrios: por un lado parecía que se estaba democratizando el nacionalismo y, por otro, la parte de la izquierda que venía del comunismo y era muy radical. Se suavizaron las dos posiciones, pero el desgaste derivado de las tensiones que se vivieron originó la ruptura final.
P. Ahora que asistimos a la evolución de la izquierda abertzale en la tarea de incorporarse a la democracia, ¿cómo ve usted este recorrido?
R. Creo que no es comparable. En EE los debates eran continuos, constantes y públicos, y había gente que exponía su desacuerdo en cualquier parte. Había otra frescura, otra naturalidad que aquí no veo, porque no se percibe debate interno ni posiciones distintas. No sé dónde acabará su recorrido, pero esperemos que sea donde más o menos comenzó EE.
P. Visto el fracaso final de la aventura de EE, ¿se puede deducir que no hay posibilidad de aunar las posiciones de izquierda y nacionalistas?
R. Tal y como está el nacionalismo ahora, no existe posibilidad alguna de que pueda entenderse con la izquierda. Hoy en día el nacionalismo tiene como objetivos la independencia y la unidad territorial, mientras se denomina autonomismo a todo lo que no es nacionalista. Este esquema no tiene ningún futuro desde el punto de vista de la izquierda.
P. Sin embargo, Batasuna se reclama de izquierdas.
R. Pero en su seno prima el nacionalismo, en el que siempre acaba imponiéndose esa especie de victimismo y esa tendencia antisistema, a pesar de los resortes que tiene de poder. Es indudable que [Batasuna] tiene un punto distinto para los temas sociales. donde es más fácil ponerse de acuerdo con quien tiene esa sensibilidad, pero en el fondo antepone el nacionalismo.
P. ¿Y qué aportó EE a la izquierda?
R. Cierta sensibilidad con la cultura vasca. El nacionalismo ha utilizado muchos símbolos, pero el más fuerte y el más potente, que es el euskera, no lo ha usado para integrar a la sociedad, sino para hacer una comunidad de pedigrí, de pata negra. La izquierda, y ahí incluyo al PSE, abandonó ese terreno con excesiva facilidad, cuando en realidad se trata de algo nuestro, que todos tenemos obligación defender. EE hizo mucho por la normalización del euskera y Fernando Buesa contó con su apoyo incondicional que le dió seguridad para acometer la publificación de las ikastolas, que tan importante ha sido.
P. ¿Cómo valora su experiencia en el Parlamento?
R. Me está costando un poco, porque tengo lagunas como el no saber de derecho y economía. Trabajo en las áreas de mujer, sanidad y educación, y he de que reconocer que, en materias como la de mujer, por ejemplo, se está avanzando por la implicación personal de Ibarretxe y ahí no tenemos grandes diferencias.EL PAÍS, 15/10/2006
NOTICIAS de GIPUZCOA

25 ANIVERSARIO de la legalización de EE
La generación 'polimili', 25 años después
Aunque comenzó a caminar años antes, estos días se cumple un cuarto de siglo desde que Euskadiko Ezkerra se constituyó formalmente como partido. Estas líneas tratan de rescatar un pedazo de la historia de la política vasca y bucear en las vidas de sus dirigentes
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Pamplona. ESTOS días se cumplen 25 años desde que los fundadores de la extinta Euskadiko Ezkerra-Izquierda para el Socialismo decidieron registrar como partido las siglas con las que concurrieron a las primeras elecciones legislativas convocadas por Suárez en 1977 y a las sucesivas citas electorales. Esta coalición aglutinó a un amplio colectivo de jóvenes que procedían de organizaciones antifranquistas surgidas de escisiones de ETA (EIA y EMK). Polimilis y comunistas vascos vieron en Euskadiko Ezkerra (EE) la vía idónea para dar sus primeros pasos en la senda institucional de la incipiente democracia.
Aquella generación de políticos jóvenes .–la mayoría no pasaba de los 25 años– protagonizaron desde las filas de EE una etapa importante de la historia reciente de Euskadi, desde finales de los 70 hasta principios de los 90. Momento en el que las dos almas de izquierda (la nacionalista de Garayalde y la socialista de Onaindia) que cohabitaban en el partido rompieron definitivamente. Hoy sólo queda del partido sus siglas junto a las del PSE. Sus militantes no sólo se incorporaron a las filas socialistas, en la actualidad a algunos de ellos los encontramos en el PNV. Otros optaron por alejarse de la política.
Un cuarto de siglo después, ¿qué ha sido de esta generación de políticos intelectuales? En estas líneas, NOTICIAS DE GIPUZKOA trata de actualizar el currículum vítae de los principales miembros del aparato y algunos de ellos se han prestado a compartir su experiencia personal en Euskadiko Ezkerra y lo que significó para ellos su paso por este partido, legalizado en marzo de 1982 tras varios años de reflexión.
PRIMERAS ELECCIONES (1977) EE se estrena en el Congreso
Exactamente, EE comenzó a caminar el 15 de junio de 1977. El Partido para la Revolución Vasca (EIA), el Movimiento Comunista de Euskadi (EMK) y otras fuerzas marxistas vascas se unen para presentar listas a las primeras elecciones legislativas en las circunscripciones de Gi-puzkoa, Álava y Bizkaia. La lista de EE por Gipuzkoa obtuvo un escaño en el Congreso de los Diputados para Francisco Letamendia Ortzi y otro en el Senado para Juan María Bandrés. Este salto a la vida política y legal era muy significativo, resalta el abogado Xabier Gurrutxaga, uno de los fundadores de EIA y posterior parlamentario de EE: "Suponía un sentimiento de "triunfo y victoria entre quienes luchamos por la derrota del franquismo".
Lo cierto es que a la vuelta de la esquina esperaban las grandes decisiones políticas que hoy constituyen las tan aludidas "reglas del juego democrático": la Constitución española y el Estatuto de Gernika.
La primera toma de posición de las formaciones coaligadas en EE fue respecto al texto preautonómico. El senador Bandrés lo apoyó el 12 de noviembre de 1977. Esta cuestión fue objeto de discrepancias. Mientras algunos entendieron que se estaba aceptando una autonomía limitada, otros consideraron la aprobación del preautonómico como la consolidación de la democracia.
1978 fue el año de la Constitución española. EE enmendó el texto constitucional y reclamó, por primera vez en la Cámara Baja, el derecho de autodeterminación. La coalición EE fue la única que se posicionó unánimemente en contra de la Carta Magna, el resto de formaciones nacionalistas vascas (PNV y HB) se abstuvieron.
Euskadiko Ezkerra también tuvo su papel en el proceso de negociación del Estatuto de Gernika. El tándem Garayalde-Onaindia formó parte, junto a dirigentes del PNV y el PSOE –ambos con mayor presencia institucional, evidentemente–, de la comisión que redactó el Estatuto. En aquellos momentos, planeaba la teoría de que con el Estatuto y la amnistía sí se ponía punto y final a la transición. "EE trató de responder a una época convulsa y se dio cuenta de que la amnistía general del 78 había que encauzarla en el camino de la política", explica el médico bilbaíno y ex parlamentario de EE, Roberto Lertxundi.
Esozi Leturiondo, viuda de Mario Onaindia y parlamentaria del PSE-EE, recuerda estos primeros años del partido de forma especial. Iniciada en las filas de EIA, militó más tarde en EE.
"Para mí fue fundamentalmente un proceso en el que me vacuné contra el fanatismo y aprendí a no ser sectaria. Teniendo en cuenta que veníamos de la lucha antifranquista, fue un camino en el que hubo una transformación en lo personal muy importante. Fue el descubrimiento de un estilo de hacer política donde lo importante eran las personas, las libertades personales por encima de todo tipo de colectividades, y donde la violencia política era completamente inadmisible", señala.
LA LEGALIZACIÓN DE EE (1981-1982) El fin de ETA-pm
Una transformación que desembocó en la disolución de ETA-pm. En una rueda de prensa a cara descubierta allá por el año 1981, sus dirigentes anuncian el abandono de la lucha armada. Éste fue, sin duda, uno de los principales puntos de inflexión en la historia de EE. "No se podía hacer un partido que aceptara las reglas democráticas y a la vez tuviera vinculación con una organización terrorista", argumenta Lertxundi, quien recuerda el día en que registró las siglas de EE como partido junto a Onaindia y Bandrés. Entre los días 19 y 22 de marzo de 1982 se celebró el I Congreso Constituyente de Euskadiko Ezkerra en el paraninfo de la Universidad de Leioa. Tras el Congreso, se celebró en Gallarta el acto de presentación del partido.
Xabier Gurrutxaga también cree que EE "democratizó" a ETA-pm, pero, a su juicio, fue otra la gran aportación de este partido: "Nosotros queríamos presentar a Euskadi una opción nueva a lo que ha sido tradicional en nuestro país. Ante un nacionalismo que daba la espalda a las ideas que venían de la izquierda y ante la izquierda que existía en aquel momento, que vivía de espaldas hacia la cuestión nacional, EE asumió como reto el hecho de que uno podía ser abertzale y pelear por los objetivos de la izquierda".
Gurrutxaga añade otra aportación que hoy puede visualizarse en el PNV: "Con la presencia de EE, el nacionalismo historicista se renovó. Ese nacionalismo evolucionó en un sentido más solidario y democrático hacia el interior del país".
Kepa Aulestia, militante de ETA-pm encarcelado en 1975, nombrado secretario general de EE diez años después y actualmente articulista del Grupo Vocento, recuerda su paso por este partido con distancia: "Yo creo que tanto por la edad, entonces tenía 25 años, como por las circunstancias de una transición que prácticamente terminaba o se daba por terminada, había un cierto ánimo militante y voluntarista que con el tiempo se va amortiguando y matizando".
Aulestia entiende que EE jugó un papel en representación de una parte de la sociedad vasca. Sin embargo, no cree que su existencia fuera "determinante". "Con el tiempo tiendes a relativizar la importancia de esa aportación. Uno no puede ser tan petulante y pensar que EE fue clave. Yo creo que casi todo hubiera sido como es, aunque no hubiera existido EE". Dicho esto, responde que "en absoluto reniega de su pasado". "Tengo un recuerdo muy grato. Estuve tan a gusto allí que de hecho me fue imposible estar a gusto en otra parte", afirma.
Los primeros años de EE como partido fueron liderados por Onaindia, figura determinante en la creación de EIA. Entre quienes le conocieron, destacan, que fue una persona "adelantada a su tiempo": "En el congreso constituyente de EE ya estaba pensando en la convergencia con el PSOE", dice un ex militante de EE. Garayalde se consideró el ideólogo en la sombra del partido y Bandrés el comunicador. Onaindia dejó la secretaría general del partido en 1985 y fue sustituido por Aulestia, que se movía en la órbita más nacionalista, liderada por Garayalde.
Entre 1986 y 1990, EE se presentó a las sucesivas citas electorales. Fue el periodo de alianzas con PNV, PSOE y EA en el Gobierno Vasco. "Siempre fuimos la segunda opción", recuerda Leturiondo. No obstante, destaca "el estilo particular de hacer política de EE; nos lo cuestionábamos todo, sólo admitíamos autoridad moral y eso nos daba un descaro y una frescura del que sabía que no iba a gobernar". "Fue un estupendo aprendizaje", concluye.
REVISIÓN DE PLANEAMIENTOS (1988) 'Sí' a la Constitución
Otro de los grandes hitos en la historia de EE se produjo en 1988, cuando el partido revisa su oposición frontal a la Constitución española manifestada en 1978. Kepa Aulestia, en aquel momento secretario general de EE, anuncia en una comparecencia de prensa un 'sí' "inequívoco" a la Carta Magna española.
Veinticinco años después, el propio Aulestia lo recuerda como un momento "clave", en el que "de alguna manera, los que estábamos en la dirección quisimos hacer ver que merecía la pena revisar nuestro propio comportamiento del pasado, que también la Constitución como norma básica merecía un tratamiento distinto al que le habíamos dado y que había que valorarlo con una cierta perspectiva histórica y ser capaces de formular, si no como una autocrítica explícita, sí como una revisión de nuestra actitud".
Recuerda que esta decisión fue "muy rápida" y asumida "previamente por la ejecutiva" sin un debate "más reposado", pero "necesaria".
DISOLUCIÓN DEL PARTIDO (1990-1992) Las dos caras de la moneda
El declive de EE fue rápido. El fracaso electoral de 1990 fue determinante, aunque existen otros factores de fondo que contribuyeron a que el partido se disolviera en su último Congreso. En éste, floreció la personalidad de cada una de las dos almas que cohabitaron hasta ese momento durante la existencia del partido.
Las dos posiciones se plasmaron en dos ponencias: Auñamendi, defendida por Javier Garayalde, Kepa Aulestia, Xabier Gurrutxaga y Martin Auzmendi, entre otros, y Renovación Democrática, de Mario Onaindia, Juan María Bandrés, Roberto Lertxundi, Jon Larrinaga o Xabier Markiegi. Ganó la segunda, que apostaba por una convergencia con el PSOE. De la primera surgió Euskal Ezkerra (EUE), que más tardó formó coalición con EA, pero apenas tuvo recorrido
Pese a que todas las personas, que han querido rescatar en este reportaje un pedazo de la historia de la política vasca, coinciden en que su paso por EE fue una experiencia muy "grata", existen diferentes opiniones sobre los últimos días de este partido. Todos admiten que había un alma nacionalista y otro socialista. Para Roberto Lertxundi, "los minoritarios fueron abandonando el partido", mientras que Xabier Gurrutxaga recuerda que "no hubo un final pacífico": "Hubo una fuerte disputa interna. Las discrepancias se resolvieron con expulsiones. Uno no puede olvidar que una mitad expulsó a la otra mitad".
Sea como fuere, todos coinciden en que fue un ejemplo de esfuerzo por unir a toda la izquierda del país, nacionalista y no nacionalista. Hoy, muchos están afiliados al PSE-EE, otros los encontramos en el PNV y otros tantos eligieron alejarse de la práctica política. >Jone G. Lurgain
Reencuentro en Gallarta Ex militantes de Euskadiko Ezkerra de toda la geografía vasca se reencontraron ayer en el barrio Las Carreras en Gallarta (Bizkaia), la misma localidad minera en la que el Partido para la Revolución Vasca (EIA) .–que más tarde adoptó las siglas de EE– se presentó ante el pueblo vasco el 7 de abril de 1977. Años más tarde, en 1982, esta misma localidad acogió el acto de presentación, como partido, de Euskadiko Ezkerra-Izquierda para el Socialismo. Coincidencia o no, 25 años después, muchos de los que militaron y dirigieron aquel "experimento" político –como lo definen algunos– se reunieron otra vez en Gallarta para compartir mesa. La comida estuvo precedida de una charla que tuvo lugar el viernes, ambas dentro de los actos conmemorativos del 25 aniversario del nacimiento de EE y del III Memorial Mario Onaindia.