jueves, 9 de abril de 2009

El Manifiesto de Euston

Somos demócratas y progresistas, y proponemos un nuevo alineamiento político. Muchos pertenecemos a la izquierda, pero los principios que propugnamos no provienen exclusivamente de este ámbito. De hecho, abarcamos desde la izquierda socialista hasta los liberales igualitarios y otros comprometidos de manera clara con la democracia...
MANIFIESTO DE EUSTON
Por una renovación de la política progresista
A. Preámbulo
Somos demócratas y progresistas, y proponemos un nuevo alineamiento político. Muchos pertenecemos a la izquierda, pero los principios que propugnamos no provienen exclusivamente de este ámbito. De hecho, abarcamos desde la izquierda socialista hasta los liberales igualitarios y otros comprometidos de manera clara con la democracia. En realidad, la reconfiguración del pensamiento progresista a la que aspiramos implica el trazado de una frontera entre las fuerzas de izquierdas que permanecen fieles a sus valores auténticos y otras corrientes que últimamente han manifestado una excesiva flexibilidad respecto de esos valores. Supone hacer frente común con los demócratas de verdad, sean o no socialistas.
Nuestra iniciativa hunde sus raíces en Internet, especialmente en la “blogosfera”, a través del cual ha hallado su base de simpatizantes. Somos conscientes, sin embargo, de que esta base política está infrarrepresentada en otros ámbitos, como los medios de comunicación y otros foros de la vida política contemporánea.
A continuación exponemos nuestra declaración de intenciones, resumida en principios básicos que suscribimos. Con ella inauguramos un nuevo sitio en la Web que brindará apoyo a la corriente de opinión que aspiramos a representar y que acogerá diversos blogs fundacionales y otros sitios en la Web que se asocian a este llamamiento por una nueva configuración progresista.
B. Declaración de principios
1. 1. Por la democracia
Manifestamos nuestro compromiso con las normas democráticas, sus procedimientos e instituciones, entre las que destacamos la libertad de opinión y reunión, los comicios libres, la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial y la del Estado y la religión. Apreciamos las tradiciones e instituciones y el legado de buen gobierno de aquellos países en los que ha arraigado la democracia pluralista y liberal.
2. Contra la apología de la tiranía
Nos negamos a justificar o a manifestar nuestra indulgente “comprensión” de los regímenes y movimientos reaccionarios para los cuales la democracia es un enemigo detestado; unos regímenes que oprimen a sus propios pueblos y unos movimientos que aspiran a poder hacerlo. Trazamos con mano firme una frontera entre nosotros y quienes desde posturas progresistas de izquierdas se apresuran actualmente a brindar razones exculpatorias a estas fuerzas políticas.
3. Derechos humanos para todos
Consideramos que los derechos humanos fundamentales inscritos en la Declaración Universal son precisamente universales y que son obligatorios para todos los Estados y movimientos políticos y, de hecho, para todos los seres humanos. Las violaciones de estos derechos deben ser condenadas, con independencia de quiénes sean sus responsables y de cuál sea su contexto cultural. Rechazamos el doble rasero que actualmente aplica buena parte de la autoproclamada opinión progresista, para la que las violaciones de los derechos humanos más benignas (aunque desgraciadamente existentes) cometidas cerca de casa o a manos de gobiernos desfavorecidos son siempre más denunciables que otras violaciones flagrantemente más graves. Rechazamos asimismo el relativismo cultural en virtud del cual es posible sostener que estos derechos humanos básicos no son aplicables a determinadas naciones o pueblos.
4. Igualdad
Abrazamos los principios de una política igualitaria universal. Aspiramos al progreso en las relaciones entre los sexos (hasta lograr la igualdad de género plena), entre diferentes comunidades étnicas, entre los seguidores de las diversas religiones y quienes no tienen afiliación religiosa y entre personas de distintas orientaciones sexuales, así como a la igualdad social y económica más amplia en todos los ámbitos. Por manifestarse entre nosotros diferencias de apreciación al respecto, dejamos abierta la definición de las mejores formas económicas de lograr esta igualdad generalizada, pero apoyamos los intereses de los trabajadores en todo lugar y su derecho a organizarse para defenderlos. Los sindicatos democráticos son las organizaciones de base en la defensa de los intereses de los trabajadores y una de las más importantes fuentes de los derechos humanos, la promoción de la democracia y el internacionalismo igualitario. Los derechos laborales son derechos humanos. Consideramos una prioridad la adopción universal de las Convenciones Internacionales de Regulación del Trabajo, en la actualidad sistemáticamente ignoradas por los gobiernos de todo el planeta. Estamos comprometidos en la defensa de los derechos de la infancia y en la protección de las personas contra la esclavitud sexual y cualquier forma de malos tratos institucionalizados.
5. Desarrollo para la libertad
Defendemos el desarrollo económico global para la libertad y contra la opresión económica estructural y la degradación del medio ambiente. La expansión actual de los mercados globales y la libertad de comercio no deben servir los limitados intereses de una pequeña elite corporativa del mundo desarrollado y sus asociados en los países en desarrollo. Los beneficios del desarrollo a gran escala a través de la expansión del comercio global deben distribuirse los más ampliamente posible a fin de servir los intereses económicos y sociales de los trabajadores, agricultores y consumidores de todos los países. La globalización debe aspirar a una integración social global y al compromiso con la justicia social. Apoyamos una reforma radical de las principales instituciones encargadas del gobierno global de la economía (Organización Internacional de Comercio, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) para que lleven a cabo estas políticas, y apoyamos asimismo el comercio justo, el incremento de las ayudas, la cancelación de la deuda y la campaña “Make Poverty History”. El desarrollo puede garantizar el incremento de la esperanza de vida y la mejora de su disfrute, mediante la atenuación de los trabajos más pesados y la disminución de la jornada laboral. También puede aportar una mayor libertad a los jóvenes, posibilidades de nuevas actividades para los adultos y seguridad para los ancianos. Incrementa las perspectivas y oportunidades de viajar y contribuye a que los extraños se hagan amigos. El desarrollo global debe implementarse de manera que garantice un crecimiento sostenible para el medio ambiente.
6. Oposición al antiamericanismo
Rechazamos con la mayor firmeza el antiamericanismo que actualmente infecta una parte importante del pensamiento progresista de izquierdas y parte del conservador. No se trata de postular a EE.UU. como modelo de sociedad, de cuyos problemas y defectos somos conscientes. Pero éstos forman parte también, en mayor o menor medida, de todo el mundo desarrollado. Estados Unidos de América es un gran país y una gran nación, que alberga una democracia consolidada con una noble tradición a sus espaldas y logros sociales y constitucionales duraderos alcanzados en su nombre. Sus gentes han producido una cultura llena de vida que procura placer, conocimiento y envidia a millones de personas. El hecho de que la política exterior de EE.UU. con frecuencia haya luchado contra gobiernos y movimientos progresistas y apoyado a algunos que son autoritarios y regresivos no puede justificar un prejuicio generalizado contra ese país y sus gentes.
7. Por la solución de los dos estados
Reconocemos el derecho tanto del pueblo israelí como del palestino a la autodeterminación, en el marco de dos estados distintos. La subordinación o eliminación de los legítimos derechos e intereses de una de las dos partes del conflicto no puede constituir una solución razonable del mismo.
8. Contra el racismo
Para los progresistas y la izquierda el antirracismo es un axioma de base. Nos oponemos a cualquier forma de prejuicios y comportamientos racistas, trátese del racismo antiinmigrantes de la extrema derecha; del racismo interétnico y tribal; del racismo contra personas originarias de países musulmanes y sus descendientes, especialmente en el marco de la Guerra contra el Terrorismo. La reciente reaparición de otra forma ancestral de racismo, el antisemitismo, no ha sido aún convenientemente reconocida en ambientes progresistas y de izquierda. Algunos explotan los legítimos agravios del pueblo palestino sometido a la ocupación israelí para enmascarar sus prejuicios contra el pueblo judío detrás del eslogan del “antisionismo”. De más está decir que también nos oponemos a este tipo de racismo.
9. Unidos contra el terror
Nos oponemos a todas las formas de terrorismo. El asesinato deliberado de civiles es un crimen reconocido por las leyes internacionales y todos los códigos de conducta bélica, y no puede ser justificado con el argumento de que se realiza en nombre de una causa justa. El terrorismo de inspiración islamista es hoy una realidad generalizada. Constituye una amenaza a los valores democráticos y la libertad de las personas en numerosos países. Ello no debe servir de justificación para los prejuicios contra los musulmanes, que son sus principales víctimas y entre los que se encuentran algunos de sus más valientes opositores. Pero como todo terrorismo, éste constituye una amenaza que ha de ser combatida y no justificada.
10. Un nuevo internacionalismo
Apoyamos una política internacionalista y la reforma de las leyes internacionales en pro de la democratización y el desarrollo globales. Las intervenciones humanitarias, cuando son necesarias, no son un desprecio de la soberanía sino su conveniente aplicación a la “vida en común” de las personas. Sólo los Estados que protegen mínimamente la vida en común de sus gentes (porque no torturan, asesinan o masacran a sus propios civiles y cubren sus necesidades vitales básicas) merecen que su soberanía sea respetada. Pero si el mismo Estado viola la vida en común de manera flagrante, su derecho a la soberanía queda revocado, y la comunidad internacional tiene la obligación de intervenir humanitariamente. Cada vez que se traspasa el límite de la inhumanidad, se impone la “responsabilidad de proteger”.
11. Apertura crítica
Basándonos en la desastrosa experiencia de las justificaciones de los crímenes del estalinismo y el maoísmo avaladas por la izquierda, así como en más recientes ejemplos de esta conducta (algunas reacciones a los crímenes del 11-S, la búsqueda de excusas para el terrorismo suicida, la reciente y vergonzosa colaboración entre el movimiento del “no a la guerra” y los teócratas dogmáticos), rechazamos la idea de que no puede haber enemigos en la izquierda. Del mismo modo, rechazamos la idea de que no pueden tenderse puentes a ideas y personas situadas a nuestra derecha. Los izquierdistas que hacen causa común con. o hallan excusas para, las fuerzas antidemocráticas deben ser criticados de la manera más clara y contundente. A la inversa, prestamos atención a voces e ideas liberales y conservadoras que contribuyen al fortalecimiento de las normas y prácticas democráticas y a la lucha por el progreso de la humanidad.
12. La verdad histórica
En sintonía con los presupuestos humanistas de base del movimiento a favor del progreso de la humanidad, manifestamos enfáticamente el deber de los genuinos demócratas de respetar la verdad histórica. No sólo los fascistas, los negacionistas y otros de esta especie han intentado borrar las huellas de la historia. Una de las tragedias de la izquierda es que su misma reputación se vio masivamente comprometida por el movimiento comunista internacional, y algunos de sus miembros aún no han aprendido la lección que se impone. La honradez política y la franqueza son para nosotros una obligación fundamental.
13. Libertad de pensamiento
Defendemos la tradicional libertad de pensamiento liberal. Más que nunca, hoy es necesario afirmar que, con las normales limitaciones contra la difamación, el insulto y la incitación a la violencia, se debe defender el derecho a criticar ideas (incluso sistemas de ideas) suscritas por otros. Esto incluye la libertad de criticar las religiones, tanto los credos específicos como la religión en general. El respecto debido a los otros no supone el silenciar las propias creencias cuando se constata que están siendo relegadas.
14. Código abierto
En el marco del libre intercambio de ideas, y con el fin de fomentar las iniciativas intelectuales conjuntas, apoyamos el desarrollo sin trabas del software y otras herramientas creativas y nos oponemos al registro de genes, algoritmos y fenómenos de la naturaleza. Nos oponemos a la aplicación retroactiva de las leyes de propiedad intelectual en beneficio de los intereses corporativos de los propietarios de derechos de autor. El modelo “open source” (código abierto) es colectivo y competitivo, colaborativo y meritocrático. No es un ideal teórico sino una realidad comprobada que ha generado un conjunto de bienes comunes cuya solidez y fortaleza se ha consolidado durante décadas. De hecho, la colaboración en el marco del código abierto se desprende de los ideales colegiados de la comunidad de investigadores científicos, que han sido la fuente del progreso del hombre a lo largo de los siglos.
15. Una herencia que hay que proteger
Rechazamos el miedo a la modernidad, el miedo a la libertad, el irracionalismo, la subordinación de las mujeres. Y reafirmamos las ideas que inspiraron los grandes llamamientos colectivos de las revoluciones democráticas del siglo XVIII: libertad, igualdad y solidaridad, derechos humanos, búsqueda de la felicidad. Estas ideas seminales se convirtieron en nuestra herencia gracias a las transformaciones socialdemócratas, igualitarias, feministas y anticolonialistas de los siglos XIX y XX, que aspiraron a la búsqueda de la justicia social, el estado del bienestar, la hermandad y sororidad de todos los hombres y mujeres. Nadie puede verse excluido, nadie debe quedar marginado. Somos partidarios de estos valores. Pero no somos fanáticos, y por ello abrazamos igualmente los valores del libre cuestionamiento, el diálogo abierto y la duda creativa, del juicio ponderado y la conciencia de los límites impuestos por la realidad. Nos oponemos con el mayor vigor a la imposición de una verdad total, incuestionable y acrítica.
C. Elaboraciones
Defendemos las democracias pluralistas y liberales contra quienes ignoran las diferencias entre ellas y los totalitarismos y otros regímenes tiránicos. Pero las democracias tienen sus propios defectos y limitaciones. La lucha por el desarrollo de instituciones y actuaciones más democráticas, y a favor del acceso al poder de quienes carecen de influencia, voz o recursos políticos, es un aspecto vigente para cualquier programa de izquierdas.
Las bases económicas y sociales en las que las democracias liberales se asientan están marcadas por profundas desigualdades de riqueza y salarios y por la pervivencia de privilegios inmerecidos. A su vez, las desigualdades globales son objeto de escándalo para la conciencia moral de la humanidad. Millones de seres humanos viven en la más terrible pobreza. Cada semana, decenas de miles de personas (sobre todo niños) mueren de enfermedades curables. La desigual fortuna, entre individuos y entre países, reparte arbitrariamente entre los hombres la posibilidad de sobrevivir.
Este estado de cosas es un reproche permanente a la comunidad internacional. Nosotros, personas de izquierdas, respetando nuestras tradiciones, luchamos por la justicia y una vida digna para todos. En nombre de esas mismas tradiciones, también hemos de luchar contra las poderosas fuerzas de tiranías de corte totalitario que han vuelto a ponerse de manifiesto. Tenemos que librar estas dos batallas simultáneamente. No es posible sacrificar ninguna.
Repudiamos el modo de pensamiento según el cual los sucesos del 11 de septiembre de 2001 fueron la moneda justamente devuelta a Estados Unidos, y que son “comprensibles” a la luz de los legítimos agravios generados por la política exterior de este país. Ese día se perpetró un asesinato masivo, inspirado por odiosas creencias fundamentalistas, que nada puede redimir. Ninguna formulación evasiva es capaz de ocultar este hecho.
Los impulsores fundacionales de este manifiesto adoptaron posturas diferentes ante la intervención militar en Irak, unos a favor y otros en contra. Reconocemos que era posible disentir razonablemente de las justificaciones de dicha intervención, la manera en que fue llevada a cabo, la planificación (o falta de planificación) del período posterior y las posibilidades reales de una implementación exitosa del cambio democrático en ese país. No obstante, todos coincidimos en la valoración del carácter reaccionario, semifascista y asesino del régimen baasista iraquí, y reconocemos en su derrocamiento la liberación del pueblo iraquí. También nos reúne la opinión de que, desde ese día, la primordial preocupación de los auténticos progresistas e izquierdistas debió de ser la lucha por lograr la implantación en Irak de un orden político democrático y la reconstrucción de las infraestructuras del país, así como la creación, después de décadas de la más brutal opresión, de un marco de vida para los iraquíes condigno con el que quienes viven en países democráticos dan por supuesto, en lugar de escarbar entre las ruinas de Irak en busca de argumentos sobre la intervención.
Esta actitud nos opone no solamente a quienes en la izquierda se han manifestado abiertamente a favor de las bandas de criminales djihadistas y baasistas de la mal llamada resistencia iraquí, sino también a quienes han buscado la manera de situarse entre estas fuerzas y los grupos que luchan por instaurar en ese país nuevas formas de vida democrática. Tampoco somos de la cuerda de quienes con la boca pequeña se declaran a favor de estos fines, mientras dedican la mayor parte de sus energías a criticar a sus adversarios políticos en casa (supuestamente responsables de todas las dificultades encontradas en Irak) y mantienen un silencio táctico casi total sobre las impresentables fuerzas de la “insurgencia” iraquí. Los numerosos opositores de izquierdas a un cambio de régimen en Irak que han sido incapaces de comprender los motivos que han conducido a otros miembros de la izquierda a apoyar ese proceso y que se dedican a decretar su anatema y excomunión, llegando recientemente a exigirles que hagan acto de contrición y se arrepientan, delatan con claridad meridiana los valores democráticos en los que creen. Las agresiones vandálicas contra sinagogas y cementerios judíos y los ataques a las personas judías están incrementándose en toda Europa. El “antisionismo” ha crecido hasta el punto de que supuestas organizaciones de izquierdas aplauden y apoyan a oradores abiertamente antisemitas y forman alianzas con grupos antisemitas. Entre personas cultas y acaudaladas se hallan individuos que no tienen empacho en afirmar que la guerra de Irak se hizo para defender intereses judíos o que elaboran otras sutiles y “educadas” insinuaciones acerca de la influencia de los judíos en la política nacional e internacional; unas insinuaciones que durante más de cincuenta años, y a consecuencia del Holocausto, nadie se hubiese atrevido a hacer públicamente sin correr el riesgo de deshonrarse. Nos oponemos firmemente a cualquier manifestación de este tipo de intolerancia.
La violación de derechos humanos básicos en Abu Graib y en Guantánamo y la práctica de la “rendición” deben ser vigorosamente condenadas por lo que son: una desviación de los principios universales de cuya histórica adopción los mismos países democráticos, y principalmente Estados Unidos, son mayoritariamente responsables. Pero rechazamos el doble rasero que hoy permite a la mayor parte de la izquierda calificar de máximas violaciones de los derechos humanos las perpetradas por las democracias, mientras silencian o callan infracciones que las superan con creces. Esta tendencia ha alcanzado un grado tal que miembros oficiales de Amnistía Internacional, una organización que se ha ganado un enorme respeto en todo el mundo por su invalorable labor de décadas, puede ahora permitirse elaborar grotescas comparaciones entre Guantánamo y el Gulag, y afirmar que las leyes adoptadas por EE.UU. y otras democracias liberales en su Guerra contra el Terrorismo constituyen el mayor ataque contra los principios de los derechos humanos de los últimos 50 años, mientras voces progresistas y de izquierdas los aplauden por ello.
D. Conclusión
Es de vital importancia para el futuro de las políticas progresistas que las personas de sensibilidad liberal, igualitaria e internacionalista alcen hoy su voz con claridad. Debemos definirnos en contra de todos aquellos para quienes las políticas democráticas y progresistas han quedado subordinadas a un simplista y elemental “antiimperialismo” y/o a la hostilidad hacia la actual administración estadounidense. Los valores y objetivos que realmente constituyen esas políticas –los valores de la democracia, los derechos humanos, la batalla permanente contra el poder y los privilegios injustificados, la solidaridad con los pueblos que luchan contra la tiranía y la opresión– son los que más duraderamente definen los contornos de cualquier izquierda a la que valga la pena pertenecer.
EL CORREO DIGITAL
Del caso Dreyfus al Manifiesto de Euston
Por Daniel Reboredo, historiador (EL CORREO DIGITAL, 05/08/06)
La degradación de la vida occidental, y en especial de la española, en ámbitos básicos como la política, la sociedad y la cultura, y el deterioro que ello conlleva para la convivencia ciudadana es una realidad y un proceso destructivo que debemos intentar reconvertir antes de que nos arrastre definitivamente. La sociedad española y el propio país están retrocediendo hacia formas maniqueas de comprensión y expresión de la vida socio-política en la que el sectarismo y las actitudes y comportamientos totalitarios se están imponiendo ante la pasividad y entreguismo de una sociedad abúlica, inconsciente y ajena a unos valores de libertad y ciudadanía (de que goza) que han costado mucha sangre, sacrificio y penuria a las generaciones que nos precedieron. Y en esta labor el trabajo de los denominados ‘intelectuales’ es fundamental, siempre y cuando sean capaces de arrastrar y concienciar a los ciudadanos. Intelectuales que nacieron a la modernidad un 21 de julio de 1906 cuando se rehabilitó en Francia al capitán de artillería Alfred Dreyfus, acusado injustamente de espionaje doce años antes.
El concepto ‘intelectual’ y su definición son un producto de finales del siglo XIX francés, aunque fueron utilizados ya en 1822 por Saint-Simon. El célebre ‘Manifiesto de los intelectuales’ publicado en ‘La Aurora’ el 14 de mayo de 1898, surgió con el mencionado ‘affaire Dreyfus’ (fue el momento en que el término ‘intelectual’ adquirió su nuevo significado y funciones), y con el mismo apareció un personaje nuevo, el intelectual, paradigmáticamente representado por el Zola de ‘Yo acuso’. Este caso marca un hito en la historia social e intelectual de Europa al originar una revolución incruenta contra la anquilosada sociedad francesa de la época por tres motivos; en primer lugar porque la verdad pública salió vencedora gracias a la intervención decidida de los pensadores y hombres de letras que a partir de entonces comenzaron a ser llamados ‘intelectuales’; en segundo lugar, porque en estos momentos nació el cuarto poder, es decir, la prensa y su capacidad para cuestionar y vencer al Estado, y, en tercer lugar, porque se buscó la regeneración nacional de un país hundido, pesimista y en decadencia después de la derrota de sus tropas frente a Bismarck y de manifestaciones reivindicativas como la Comuna de París. Cuando, el 13 de enero 1898, Emile Zola publicó el ya citado artículo, el Estado no pudo controlar la protesta en la calle ni la influencia de unos intelectuales que se convirtieron en punta de lanza de la vanguardia social.
Desde entonces, la suerte del intelectual estará vinculada a su capacidad para alcanzar resonancia y publicidad desde una tribuna de prensa, desde algún periódico, desde el lugar privilegiado de la presencia pública del mismo. Los intelectuales se movilizan, protestan, critican el poder. No actúan ya como los ilustrados del siglo XVIII, quienes ejercían de consejeros del gobierno y como delegados del déspota, que legitimaba tal actuación. Ahora operan como razón autónoma, que se legitima por su autoridad moral, la cual se sobrepone a la del poder político. Es verdad que esto es posible porque existen instituciones que van progresivamente eludiendo la autoridad del Gobierno, a medida que éste se ve obligado a dejar resquicios a la crítica social y política. Elevado a la categoría de intermediario entre lo justo, lo verdadero y el bien, el intelectual actuó a modo de gozne entre el saber y la opinión, entre la literatura y la política, con gran relevancia durante toda la primera mitad del XX y parte de la segunda. El intelectual crítico, resistente y rebelde encontró su versión más extrema en el ‘intelectual revolucionario’ (’intelectual orgánico’ de Gramsci) y el ‘intelectual comprometido’ (Gide, Sartre, Malraux, Camus). La decadencia de su papel se inició, como tantas otras cosas, durante la década de los setenta del pasado siglo, dejando paso al intelectual ‘específico’ de Foucault, al intelectual ’sin mandato’ de Günter Grass o Juan Goytisolo o al intelectual ‘terminal’ de Régis Debray. De esta galería nos interesa sobremanera el intelectual sin mandato porque es el paradigma de la modernidad y el que contempla y padece la creciente degradación de los valores democráticos de raíz ilustrada, la lucha despiadada por el poder político, económico y cultural, la abdicación de toda responsabilidad personal y la indiferencia general ante el sufrimiento y la miseria asumidos como ‘irremediables’ de un tercio, cuanto menos, de la Humanidad.El caso Dreyfus fue la primera y más evidente prueba de que la sociedad europea estaba enferma, de que lo peor estaba por llegar. Pues bien, salvando las distancias podemos afirmar que en estos momentos el mundo occidental padece otra enfermedad que puede destruirlo definitivamente. En España, sin ir más lejos, el chantaje asfixiante de los nacionalismos y sus alianzas ‘contra natura’ con la propia izquierda exhortan el papel y la función del ‘intelectual’ que nació del asunto Dreyfus y que poco tiene que ver con las ideologías pre-ilustradas y de un totalitarismo enmascarado de progresía y exclusión artera que sangran los valores de la ciudadanía democrática. Por eso adquiere tanta importancia la iniciativa de un grupo de profesores e intelectuales ingleses que han redactado un manifiesto político de la izquierda consecuente y liberal. Reunidos en un pub londinense de la estación de Euston, los redactores del manifiesto convocaron el 25 de mayo a simpatizantes de todo el mundo a unirse a su iniciativa política. Algunos de los firmantes son reconocidos pensadores en la tradición de la izquierda liberal, como Paul Berman y Michael Walzer, pero también se encuentran entre ellos socialistas italianos o musulmanes liberales, y todos ellos entienden que es posible reivindicar un proyecto socialdemócrata sin caer en la tentación de eludir o justificar el peligro que representan las tiranías modernas.
El Manifiesto de Euston (PDF) (por una renovación de la política progresista), firmado ya por decenas de intelectuales izquierdistas y liberales británicos, define el progresismo del siglo XXI y muestra que la izquierda dominante, entre ella la española, está volviéndose reaccionaria en temas vitales para la supervivencia de la libertad y que está peligrosamente degradada por la sumisión a lo políticamente correcto. Para luchar contra ello incluye ideas, conceptos, pensamientos y estudios en pro de la democracia, contra la apología de la tiranía, a favor de generalizar los derechos humanos, de política igualitaria universal, de desarrollo para la libertad, de lucha contra el racismo, de unión contra el terror, de apoyo a un nuevo internacionalismo, a la verdad histórica, a la libertad de pensamiento, a la protección de nuestra herencia y valores, etcétera. La iniciativa que, en junio de 2005, un grupo de quince ciudadanos (escritores, periodistas, artistas, profesores, es decir, intelectuales) presentaron en Cataluña denominada ‘Por la creación de un nuevo partido político en Cataluña’ (Ciudadanos por Cataluña) está en la línea del ideario de Euston y por ello la intolerancia nacionalista ha reaccionado con una agresividad exacerbada recuperando la vieja máxima del insulto utilizando el término ‘intelectual’ de forma peyorativa, identificándolo con el ridículo y la incompetencia. Ya les ocurrió en la Francia decimonónica a los dPara luchar contra los enemigos de las luces, de la razón, de la ciudadanía, contra quienes ponen por encima de las personas las identidades, los territorios y las quimeras destructivas, contamos con la tradición ilustrada europea, con el laicismo y con el republicanismo (incluso con lo mejor del liberalismo) que considera el bien común como el paradigma de la política. Ellos pueden y deben actuar de muro de contención de estas ideologías nefastas, sentimentales y arcaicas, a la par que de marmita en la que se cuezan unos valores democráticos sólidos que puedan apuntalar las débiles democracias blandas, desorientadas y de límites difusos que ’supuestamente’ nos amparan.efensores de Dreyfus.
LETRAS LIBRES
El Manifiesto Euston
Angel Jaramillo

George Orwell, quien poseía la virtud de casi siempre tener razón, alguna vez criticó la falta de coherencia política de Chesterton. El paradójico inventor del Padre Brown –opinaba el escritor socialista– era un demócrata en asuntos domésticos, pero un simpatizante de Mussolini cuando se trataba de juzgar lo que pasaba allende las fronteras y costas inglesas. Uno de los misterios del presente es la manera en que un sector de intelectuales de izquierda ha cometido la misma pifia que Orwell detectó en Chesterton.
En tiempos del autor de 1984, los regímenes totalitarios eran fácilmente identificables para cualquier observador con sentido común. Stalin, Mussolini y Hitler nunca escondieron su odio por la democracia liberal. El mundo en los albores del siglo XXI, vale la pena repetirlo, no es muy diferente. El fracaso de los regímenes comunistas no ha significado el triunfo de la libertad. Hoy en día, más de dos terceras partes de la población mundial vive, de una u otra forma, bajo gobiernos tiránicos. Las tiranías modernas oprimen a sus poblaciones al interior y propician guerras al exterior. Su visión del mundo es totalitaria.
El 11 de septiembre del 2001 se pudo ver con claridad que los enemigos de la libertad se encontraban en guerra contra la civilización democrática. Se diría que el mayor crítico del fascismo y el totalitarismo ha sido siempre el pensamiento de izquierda. Son numerosos los intelectuales de esa orientación política que se opusieron a las tiranías de mediados del siglo pasado. Sin embargo, salvo algunas excepciones, la izquierda del nuevo milenio no ha querido o sabido identificar las tiranías modernas. Una de esas excepciones es un grupo de profesores e intelectuales que han redactado un manifiesto político de la izquierda consecuente y liberal. Reunidos en un pub londinense de la estación de Euston, los redactores del manifiesto convocaron el pasado 25 de mayo a sus colegas en todo el mundo a unirse a este nuevo alineamiento político. Algunos de los firmantes son reconocidos pensadores en la tradición de la izquierda liberal, como Paul Berman y Michael Walzer. Pero también se encuentran entre ellos socialistas italianos, musulmanes liberales y víctimas de las dictaduras de Pinochet y Franco.
Contra el sector de la izquierda que se niega a distinguir entre la naturaleza del totalitarismo moderno y la democracia liberal, el grupo de Euston no duda en defender las instituciones democráticas de Occidente: “Otorgamos valor a las tradiciones e instituciones y al legado de buen gobierno de aquellos países en que la democracia, pluralista y liberal, ha sido establecida.” De igual manera, se oponen a hacer la apología de la tiranía en sus diversas vertientes: “Nos rehusamos a justificar, o indulgentemente ‘entender’, regímenes y movimientos reaccionarios para los cuales la democracia es un enemigo.” También critican la fobia antiestadounidense que permea un vasto sector del pensamiento progresista: “Rechazamos sin ambages el antiamericanismo que hoy infecta mucho del pensamiento de izquierda.” Tras leer el manifiesto, se percibe el carácter internacionalista que la izquierda tuvo en sus orígenes. Es natural que así sea: como heredera de la Ilustración, su valores deben ser universales. En contraposición, el pensamiento conservador –preconizado por De Maistre y Bonald en Francia, o Herder en Alemania– nació como una defensa de los particularismos nacionalistas. En este sentido, la mayor parte de los discursos de la soberanía disimulan un resabio conservador.
Ha sido gracias sólo a una gran confusión de orden filosófico y político como la izquierda ha abandonado su carácter universal. Quienes firmaron el documento de Euston entienden que es posible reivindicar un proyecto socialdemócrata sin caer en la tentación de eludir o justificar el peligro que representan las tiranías modernas. Otro de los aciertos del documento de Euston es su reconocimiento de que la razón práctica exige el conocimiento de la historia y sus astucias. En Iraq, la historia es la ironía en marcha. El Partido Comunista Iraquí respaldó la intervención militar de la coalición angloamericana, y el actual presidente de Iraq, Jalal Talabani, es miembro de la Internacional Socialista.
Sabedores de que el éxito de la democracia en Iraq requiere la solidaridad de la izquierda liberal, los redactores del manifiesto dejan claro que constituye un error moral –una falta ética– abandonar a los demócratas iraquíes en su batalla contra el fundamentalismo islámico. Aunque no escatiman líneas ágata en criticar a las elites corporativas del capitalismo, y en condenar las violaciones de los derechos humanos perpetradas por militares y funcionarios de Estados Unidos, los firmantes del manifiesto entienden que, en la aldea global, la lucha contra las tiranías es el gran desafío del presente. Sigmund Freud al fondo: frente al Eros de la democracia liberal ha reaccionado el Tánatos de la tentación totalitaria. Ésta es la batalla moderna, donde es muy difícil permanecer neutrales. No es exagerado decir que el futuro del pensamiento de izquierda dependerá de saber elegir a sus amigos y enemigos. Por lo pronto, desde el laberinto urbano de la ciudad de Londres nos llegan ecos de un renacimiento de los valores cosmopolitas y liberales de la izquierda. George Orwell habría sonreído. ~

Tercera Vía de Anthony Giddens


EL PAÍS
REPORTAJE
La 'tercera vía' no ha muerto
OPTIMISMO DEL DIRECTOR DE LA LONDON SCHOOL OF ECONOMICS SOBRE EL FUTURO DE UNA IZQUIERDA RENOVADORA
ANTHONY GIDDENS 20/07/2003


El pasado fin de semana, una constelación de dirigentes y expertos políticos se reunieron en Londres para celebrar una cumbre de tres días dedicada a la llamada tercera vía y al modelo de Gobierno progresista. Allí estaban Tony Blair, primer ministro del Reino Unido; Lula, presidente de Brasil; Helen Clark, de Nueva Zelanda, y otros muchos jefes de Gobierno de centro-izquierda de todo el mundo. También estaban presentes unos 500 especialistas en política de diferentes países. Ésta no ha sido la primera reunión de este tipo. Cumbres progresistas similares se celebraron en años anteriores en Florencia, Berlín y Estocolmo. Sin embargo, la reunión de Londres ha sido la mayor y más ambiciosa hasta la fecha. Fue organizada por uno de los gabinetes de asesores más en boga en Londres, Policy-Network.
Los recientes éxitos de la derecha no han sido resultado del establecimiento de una ideología política que pueda rivalizar con las ideas de la 'tercera vía'
Los críticos afirman que la 'tercera vía' carece de contenido, que es una invención de los publicistas políticos. La conferencia de Londres ha demostrado exactamente lo contrario
Los progresistas no sólo deben responder a las cuestiones planteadas por la derecha populista, sino también a los cambios más amplios que se producen en la situación mundial
El centro-izquierda necesita defender los bienes y los intereses públicos con mayor firmeza que la conseguida por el pensamiento progresista actual
En los últimos cuatro meses participé en la preparación de la cumbre. Unos expertos en política prepararon siete artículos en profundidad, que fueron estudiados exhaustivamente en los debates que mantuvimos durante ese período. Los artículos fueron la base de las largas sesiones de debate celebradas durante la cumbre. Los temas tratados fueron la economía, la reforma de los servicios públicos, la ciudadanía y la reforma del sistema asistencial, entre otras áreas. Los líderes políticos que asistieron a los debates plenarios también participaron en algunos de los seminarios de expertos.
A seis años vista
Cuando se iniciaron las cumbres, hace unos seis años, la composición política de Estados Unidos y Europa era bastante distinta a la actual. En aquel momento, Bill Clinton estaba en la Casa Blanca y fue uno de los partidarios más entusiastas de dichos encuentros. Trece de los 15 países de la UE estaban gobernados por partidos o coaliciones de centro-izquierda. La tercera vía -socialdemocracia modernizada- parecía triunfar en casi todas partes. Ahora, esta situación parece haber cambiado casi por completo. Los republicanos mandan en Estados Unidos, mientras que la UE está dominada por la derecha. ¿Estaban los dirigentes de centro-izquierda reunidos en Londres clamando en el desierto? Por decirlo de otra manera, ¿está la tercera vía acabada?
Yo respondería con un no rotundo a ambas preguntas y los animados debates en las reuniones han demostrado por qué. Los partidos de centro-izquierda quizá hayan perdido terreno en los países de la UE, pero han alcanzado éxitos en otras zonas. En los últimos tiempos, Gobiernos de centro-izquierda han subido al poder en la República Checa, en Hungría y en Polonia (los tres primeros ministros estaban presentes en la conferencia). Los socialdemócratas han sido reelegidos en Suecia y en Alemania. Todos ellos siguen programas revisionistas fuertemente influenciados por las ideas y las políticas de la tercera vía. Lo mismo puede decirse del nuevo Gobierno brasileño. Lula ha abandonado la retórica izquierdista más tradicional de su primera época por una posición que se asemeja mucho a la de los partidos socialdemócratas modernizadores de Europa. Sus contribuciones al evento causaron una enorme impresión.
Los críticos afirman que la tercera vía carece de contenido, que es una invención de los publicistas de los políticos. Pero la conferencia ha demostrado exactamente lo contrario. Las ideas de la tercera vía están movidas por la innovación política y la necesidad de reaccionar ante el cambio social. Los principales esquemas de la tercera vía siguen siendo tan importantes como siempre: la reestructuración del Estado y del Gobierno, para hacerlos más democráticos y responsables; una remodelación de los sistemas asistenciales, para adaptarlos mejor a los principales riesgos a los que hoy en día se enfrenta la gente; hacer hincapié en la consecución de niveles elevados de creación de puestos de trabajo, sumados a una reforma del mercado laboral; el compromiso con la disciplina fiscal; la inversión en servicios públicos, pero sólo cuando vaya unida a una reforma profunda; la inversión en capital humano, algo crucial para el éxito en la economía del conocimiento; el equilibrio entre los derechos y responsabilidades de los ciudadanos; y un enfoque multilateralista de la globalización y de las relaciones internacionales.
Conservadurismo compasivo
Concluimos que los recientes éxitos electorales de la derecha no han sido resultado del establecimiento de una ideología política que pueda rivalizar con las ideas de la tercera vía. El conservadurismo compasivo quizá haya permitido a George Bush arañar el poder, pero difícilmente se puede considerar una filosofía política avanzada. En Europa, la derecha ha llegado al poder a lomos de una oleada de populismo de extrema derecha. Esta revuelta populista presenta en todas partes los mismos temas. Hace referencia a la preocupación que los ciudadanos sienten por la inmigración, el multiculturalismo y la delincuencia. Está en contra del orden establecido, refleja la desconfianza hacia los mecanismos democráticos ortodoxos y conecta con las preocupaciones por la pérdida de identidad nacional en la Unión Europea y, de forma más general, por el impacto de la globalización. Las preocupaciones y los intereses que favorecen a la extrema derecha son compartidos por sectores de población mucho más amplios que aquellos que en realidad le votan. Esencialmente, el centro-derecha ha normalizado algunos de estos temas populistas y los ha incorporado a sus propias perspectivas. Sus éxitos han sido en gran medida oportunistas.
Por tanto, el centro-izquierda mantiene una posición firme. Pero ninguno de los presentes dudaba de que en estos momentos es necesario replantearse muchas cuestiones. Los progresistas no sólo deben responder a las cuestiones planteadas por la derecha populista, sino también a cambios más amplios en la situación mundial. El mundo ha seguido avanzando desde las formulaciones originales de la tercera vía, a comienzos de los noventa. Por aquel entonces, el ambiente mundial parecía relativamente propicio, con el final de la guerra fría y la aparente perspectiva de un crecimiento continuado y duradero de la economía mundial. Tras el 11-S, y después de los conflictos en Afganistán y en Irak, con un crecimiento económico titubeante en todas partes, protestas masivas y continuadas contra la globalización, los mercados de valores en caída libre y escándalos empresariales ocupando los titulares informativos, las cosas parecen mucho más difíciles.
Nuestros debates tuvieron un carácter firmemente comparativo, analizando las experiencias de los Gobiernos y partidos de centro-izquierda de toda Europa, Norteamérica y Asia. El objetivo era reunirlos para generar un nuevo marco político, una aspiración que, en mi opinión, hemos logrado alcanzar. El centro-izquierda necesita defender la esfera pública, los bienes y los intereses públicos con mayor firmeza que la conseguida por el pensamiento progresista actual. Es posible volver a impulsar la confianza en el Gobierno y deberíamos trabajar para lograr este fin. El programa político debe incluir entre sus objetivos prioritarios el establecimiento de nuevos modelos de gestión empresarial. También debe darse prioridad a las formas de reducir de forma radical las desigualdades, que todavía están aumentando en muchos países y a escala mundial.
Algunos críticos tienden a considerar que tales eventos distraen de la "política real", de la dedicación a los problemas políticos de la vida real. Pero yo creo que nuestras discusiones tendrán un impacto práctico directo y moldearán la forma de concebir y poner en práctica el centro-izquierda en los próximos años.
Anthony Giddens es director de la Londos School of Economics y autor de La tercera vía. Traducción de News Clips.

EL MUNDO


Domingo, 29 de noviembre de 1998

ANTHONY GIDDENS
El «cerebro» de Tony Blair
ES UNO DE LOS CIENTIFICOS SOCIALES MAS DESTACADOS DEL MUNDO. DIRECTOR DE LA LONDON SCHOOL OF ECONOMICS, ELABORO LA DOCTRINA DEL NUEVO LABORISMO QUE LLEVO A TONY BLAIR AL PODER. DESDE ENTONCES, GIDDENS ES CONOCIDO COMO EL «GURU» DEL PREMIER BRITANICO O EL IDEOLOGO DE LA TERCERA VIA.
Una entrevista de ANA ROMERO
Tony Giddens no tiene la sonrisa de Tony Blair. Ni su pelo, ni su tipo, ni su encanto. No le hacen falta. Los atractivos de Giddens- 60 años, 17 más que Blair, y una abultada tripa que sobresale por encima del cinturón- son de otra índole. Por ejemplo, un sentido del humor y una agudeza mayores que los del telegénico primer ministro británico que subió al poder, entre otras cosas, gracias a la privilegiada mente de este profesor.
Tony Giddens y Tony Blair son las dos caras de una misma moneda. Pero de no ser por la aplastante victoria del Nuevo Laborismo hace año y medio, Giddens seguiría siendo sólo uno de los científicos sociales más importantes del mundo. Tras 25 años en la Universidad de Cambridge, su libro, el Giddens, es a la sociología lo que el Samuelson a la economía.
Ahora, además de director de la prestigiosa London School of Economics (LSE), donde también imparte clases, y autor de más de 30 libros, es una especie de señor del Universo. De Nueva York a Suiza y de aquí a China. Esta semana tocó España. Quién se lo iba a decir. Todo, por ser el pensador que transformó la antigualla del Partido Laborista británico en una envidiada fórmula para ganar elecciones.
Su fama internacional le viene por la supuesta condición de gurú de Blair o ideólogo de la Tercera Vía. En los últimos dos meses y medio, desde que salió publicado su libro La Tercera Vía: una renovación democrática, ha concedido 80 entrevistas. Son apenas 150 páginas que él califica de «manifiesto». Según el historiador Paul Johnson, Tony Bair, y no Bill Clinton, se ha convertido en el político más imitado del mundo.
-Sé que a usted no le gusta ser calificado de asesor de Blair. Tampoco voy a preguntarle qué es la Tercera Vía, pero sí me gustaría saber cómo se topó con el actual primer ministro británico.
-Llamé a la puerta del número diez de Downing Street y allí estaba él [risas]. Hablando en serio, yo solía escribir sobre cuestiones más generales, pero empecé a interesarme cada vez más por la política británica. Siempre he sido un firme seguidor del Partido Laborista, y a principios de los 90 comencé a trabajar con el IPPR [Institute for Public Policy and Research, un think tank ligado al laborismo]. Ví a Blair por primera vez en un debate público en Londres en el que él intervino ante unos 40 intelectuales de todo el país. La relación se forjó luego, sobre todo, en tres grandes encuentros donde discutimos acerca de la socialdemocracia. Estos tuvieron lugar en Checkers [la residencia campestre del primer ministro británico], la Casa Blanca y en Nueva York. Efectivamente, yo no soy un asesor de Blair. Intento contribuir a las ideas que lo rodean. Creo que Blair es un buen líder político, una buena presencia, tiene sensibilidad y puede desempeñar un liderazgo mundial.
En sus múltiples intervenciones a lo largo de estos dos días en Madrid, uno le ha oido lamentarse por haber escogido esta denominación de Tercera Vía, que conduce a tantos equívocos. El ha rastreado la utilización del término hasta el año 1895 en Francia. También se le ha escuchado bromear porque su pensamiento se ha convertido en una fórmula que los políticos del momento persiguen como si fueran niños que quieren un Tamagotchi.
«Muchos políticos están intentando saltar al vagón de la Tercera Vía, pero hay que saber que la Tercera Vía no es más que la aplicación de los valores socialdemócratas en un mundo globalizado donde la vieja mecánica de la socialdemocracia ya no funciona, pero donde la gente todavía aspira a tener las mismas cosas: una buena sanidad, una buena educación, y alguna forma de protección colectiva ante los riesgos que entraña el mundo», señala Giddens quien, como, buen intelectual de izquierdas hace pocas migas con la chaqueta, la colonia o las protocolarias cortesías. «Todo esto, sin volver al viejo y burocrático Estado de Bienestar».
-¿Por qué le interesa a José María Aznar la Tercera Vía si usted insiste en que se trata de un proyecto socialdemócrata?
-Porque la división entre derecha e izquierda ya no es tan radical como antes. Ya no existe una alternativa socialista a la antigua usanza. Tanto el centro-derecha como el centro-izquierda buscan ahora un mercado que no sea demasiado inseguro, fluctuante o desigual. Todos estamos interesados en crear una cultura empresarial y una sociedad dinámica. La lucha por el terreno del centro en la política moderna es crucial. Si no alcanzas el centro, no llegas a ningún sitio. Factores como la clase social o las ideologías tradicionales ya no tienen la importancia de antes. Hoy en día, la clase trabajadora se ha encogido en los países desarrollados hasta constituir sólo el 15% de la población. La clase social era antes la gran separadora de derecha e izquierda. Los partidos socialdemócratas solían representar a la clase trabajadora y al sindicalismo organizado, y los partidos conservadores, a las clases medias y los grupos profesionales. Eso se acabó. Ahora tenemos un terreno común, y la idea del centro político es muy importante.
Cuando se está ante Giddens, uno se siente tan observado como observador. Su curiosidad es tan grande como la de la persona que pregunta. El también quiere saber de dónde viene uno, y por qué se está hoy aquí, en la residencia del embajador del Reino Unido en Madrid, Peter Torry, hablando con él. Puede que esa sea la diferencia a la que él alude entre el político y el intelectual: el primero cree saberlo todo, el segundo cuestiona casi todo.
Así, mirando y preguntando, logró él dar con lo que llama «el punto G de la política en transición», lo que puso final a 15 años de cuitas para la socialdemocracia. Esto no es más que la certeza de que el mundo ha cambiado de manera fundamental en los últimos 30 años. Y de que lo ha hecho, sobre todo, por tres motivos: el desarrollo tecnológico, el nuevo papel de la mujer y la globalización. Detrás viene todo lo demás. Básicamente, que ya nada puede ser igual a lo que era.
«A los políticos de todo el mundo les gusta Blair porque es exitoso, dinámico y atractivo, pero no se dan cuenta de que parte de su éxito radica en que fue uno de los primeros políticos en darse cuenta de que el mundo ha cambiado», señala Giddens, aunque reconoce que su «telegenia» de Blair y el que el actual primer ministro se tomara «en serio» a los medios de comunicación también influyeron en su victoria por mayoría absoluta.
La de esta semana fue la tercera visita de Giddens a España en lo que va de año. La pasada primavera estuvo en Barcelona invitado por Narcís Serra, ex alumno de la LSE. En verano acudió a los cursos de la Universidad Menéndez Pelayo en Santander. Esta semana, ha intervenido tanto en un seminario de la Fundación para el Análisis y el Estudio Social (FAES, del Partido Popular), como en la Fundación Alternativas (cercana al PSOE). También se ha entrevistado con el presidente Aznar en La Moncloa y con el líder socialista José Borrell.
-Felipe González, a diferencia de Borrell, se mostró crítico con la Tercera Vía en un principio.
-Las ideas que yo apoyo se parecen mucho a las de Felipe González. Mi encuentro con él [en la Fundación Alternativas] ha sido el mejor que he tenido en España. Sus sospechas sobre la Tercera Vía eran fruto de una mala interpretación. El sentía recelos debido a las distintas interpretaciones que se le han dado a la Tercera Vía según los países. Muchos socialdemócratas europeos vieron a Blair primero como un salvador y luego como un neoliberal disfrazado, como una especie de neothatcherista. Esto no es así en absoluto. Pero los socialdemócratas se van dando cuenta de que estamos juntos en el mismo juego. Lo de esta mañana ha sido como un punto de encuentro entre el Nuevo Laborismo y la visión de Felipe González.
Una cosa ha dejado perplejo a Giddens tanto en las reuniones populares, como las que ha tenido con los socialistas: la ausencia de mujeres. «Todos los debates que he mantenido en España han estado compuesto exclusivamente por hombres», afirma extrañado. «No quiero ser crítico con este país, pero creo que la igualdad entre los sexos es un principio fundamental de la política democrática. Si las españolas siguen sin tener hijos, los políticos se verán obligados a ayudarlas. Los partidos de centro-izquierda tienen que ocuparse de este asunto, tanto en España como en el resto de los países del Mediterráneo europeo».
En uno de los debates en Madrid, un periodista le indicó que sus teorías sobre la familia no podían ser aplicadas a España. Aquí, señaló el corresponsal, no se dan los problemas de, pongamos por caso, el Reino Unido. La respuesta de Giddens, tan directo que incluso puede parecer rudo, dejó mudos a sus compañeros de mesa: «¿Que la familia española no tiene problemas? Yo no me lo creo. Entonces, ¿a qué viene la manifestación [contra la violencia doméstica] que presencié el miércoles por la noche, cuando llegué a Madrid? ¿Por qué tiene España la tasa de natalidad más baja del mundo? Y, ¿por qué no hay ninguna mujer sentada aquí con nosotros?»
Para Giddens, Dinamarca es un buen ejemplo del cambio experimentado por la familia tradicional, y también de cómo esta transformación no tiene por qué implicar una debilidad de la estructura familiar. Ese país escandinavo tiene el índice de natalidad más alto de Europa, aunque ni siquiera el 50% de las personas que tienen hijos está casada. «Hay más estabilidad familiar en Dinamarca que en el Reino Unido», señala Giddens para el que los Gobiernos no han de empeñarse en regular el tipo de familia que quieren formar las personas: «De todas formas, la gente no va a hacer caso». Este es quizá el punto más claro de desencuentro entre el centro-izquierda y el centro-derecha, que hoy en día pueden tener en común las políticas económicas: «Los electores nos están diciendo que no quieren un mercado totalmente desregularizado, pero sí quieren tener una vida relativamente libre: hay que convencerse de que la sociedad en la que vivimos es cada vez más diversificada moralmente».
A Giddens le ha alcanzado el cambio que él ha estudiado tan exhaustivamente en la familia tradicional. Separado, tiene dos hijas que son «la parte más importante» de su vida. Se define como de clase media-baja, hijo como es de obrero del metro de Londres. La recién adquirida fama ha transformado su vida. Ya no tiene tiempo para acudir a la ópera o al teatro. La única distracción que se permite es ir al fútbol una vez cada dos semanas.
A través de Michelle, de 31 años, y de Katie, de 26, Giddens observa los cambios acaecidos a los jóvenes europeos. La mayor de las hijas, dice, habla español, polaco y ruso. Vive en Nueva York, donde trabaja en una organización en la que participa Hillary Clinton, y que se dedica al microcrédito con la comunidad negra en el sur de Chicago. «Su vida no tiene nada que ver con la de un ciudadano británico de hace 30 años», afirma Giddens, quien se ha dedicado también a estudiar los desórdenes alimenticios sufridos por las mujeres jóvenes como consecuencia de los nuevos estilos de vida: «Por un lado se os dice que sois iguales que los hombres y que sois libres, pero la realidad os enseña otra cosa».
Cambios tan profundos los encuentra Giddens en el término nación: «La globalización hace incrementar las demandas de autonomía regional. Pero, al mismo tiempo, hay que defender la nación, y eso significa que hay que reinventar los símbolos de la nación. En muchos países encuentras la misma discusión: en Alemania, en el Reino Unido, en España».
«Es importante defender la nación porque sería peligroso para todos que se produjeran separaciones», contnúa Giddens, para quien la solución a la desaparición del Estado-nación está en «el diálogo cosmopolita entre las naciones».
«La lucha por el terreno del centro en la política moderna es crucial. Si no alcanzas el centro, no llegas a ningún sitio. La clase o las ideologías tradicionales no tienen tanta importancia».

Primera Cumbre Progresista - Londres (2003)

EL PAÍS
REPORTAJE
Reinventando la izquierda
BLAIR ENCABEZA EL ESFUERZO PARA RENOVAR UNA VISIÓN PROGRESISTA DEL MUNDO
ANDRÉS ORTEGA 20/07/2003
¿Está en crisis la izquierda? ¿Qué izquierda? ¿Qué significado tiene hoy ese concepto y cómo se debe responder a los retos de la globalización? Medio millar de políticos y expertos de todo el mundo se reunieron en Londres el pasado fin de semana, atendiendo a una convocatoria de Tony Blair, para tratar de responder a ésas y otras preguntas. En el marco de lo que el primer ministro británico llamó en su día 'tercera vía', se trata ahora de renovar ese mensaje y elaborar una agenda progresista.
Llámese tercera vía, progresistas o socialdemocracia, el centro-izquierda sigue apostando por las reformas, pero siente la necesidad de renovarse. La Conferencia y Cumbre sobre Gobierno Progresista celebrada en Londres, el intento más ambicioso de expandir la tercera vía más allá de sus creadores, Blair y Clinton, ha supuesto varios cambios. Tras la era de las privatizaciones, vuelve a recuperarse lo público, regresa el Estado (como Estado garante), y se insiste más en la necesidad de atajar las desigualdades, a nivel local y global. Prácticamente nadie, salvo los alemanes para afrontar sus agudos problemas económicos, mencionó en la reunión la reducción de impuestos. "Nunca seremos defensores del statu quo", aseguró Blair, para el cual los progresistas deben huir tanto de la antiglobalización como del antiamericanismo. La tercera vía, como indicó su progenitor intelectual, Tony Giddens, entra en una segunda fase, pues los tiempos y los problemas han cambiado desde que sentara sus bases a principios de los noventa. Para Clinton, la tercera vía debe ser "dominante en el pensamiento del siglo XXI". Todo un reto.
La 'tercera vía' no ha muerto


Conferencia de Londres sobre Gobierno Progresista- AP
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Tras la era de las privatizaciones vuelve a recuperarse lo público, regresa el Estado garante y se insiste en la necesidad de atajar las desigualdades
La conferencia ha marcado la despedida de Anthony Giddens de la London School of Economics, transformada en centro de reflexión de la nueva izquierda
"Nunca seremos defensores del 'statu quo", aseguró Blair en el encuentro de Londres. Para el primer ministro inglés, los progresistas deben huir tanto de la antiglobalización como del antiamericanismo
Para algunos participantes estadounidenses, esta izquierda va diez años por detrás de lo que piensan los progresistas en Estados Unidos
Socialdemocracia global es un concepto acuñado por David Held para un mundo que, como dijo Clinton, ha de pasar "de la interdependencia a la integración"
Según un experto laborista de campañas y demoscopia, la política "juega en un estadio vacío", en el que los espectadores se han ido, lo que favorece a la derecha
Los reunidos no entienden por qué se han perdido tantas elecciones si la 'tercera vía' ha funcionado. La nueva derecha actúa de forma depredadora
El encuentro se preparó desde hace más de un año, con una cuidada elaboración de análisis y propuestas, discutidas a lo largo de diversas reuniones. La conferencia ha marcado una despedida sonada para Giddens como director de la London School of Economics (LSE), que, durante su mandato, ha transformado en un centro de reflexión sobre esta izquierda, primero transatlántica y poco a poco global. El momento de su celebración ha sido oportuno, pues ¿quién iba a pensar tan sólo nueve meses atrás que Blair se encontraría tan debilitado, ante su partido y su electorado, por su posición y trampas en la guerra de Irak? Es pronto también para saber si esta conferencia marca un paso decisivo hacia esa red global del centro-izquierda, lanzada por Peter Mandelson con el Policy-Network (www.policy-network.net), el fin de la tercera vía o un nuevo salto adelante. Es significativo que -quizá por su conocida enemistad con Mandelson- el número dos del laborismo británico y posible sucesor de Blair, Gordon Brown, no asistiera. En todo caso, como indica la socióloga de la globalización Saskia Sassen, ha sido "un momento bueno para despejar un terreno para el centro-izquierda en medio de los escombros", de la guerra de Irak y otras cuestiones.
Tras lo que es quizá un exceso de términos nuevos -al que es muy dado el entorno de Blair, a menudo difíciles de traducir del inglés (única lengua en esta conferencia, aunque los líderes sí contaron con traducción simultánea)-, ha habido un esfuerzo no sólo para consolidar esa red progresista, sino para ampliarla a dirigentes como Lula, en Brasil, y, desde luego, a la izquierda moderada (a menudo ex comunista y hoy ultra proamericana) de los países del Este que están a punto de entrar en la UE. Naturalmente, todo no vale para todos. Las situaciones nacionales son muy distintas, y quizá en la nueva agenda (en la que entran algunas ideas viejas rescatadas) que se ha ido elaborando en los grupos de trabajo parecen más adaptadas a Europa, salvo en lo referente al enfoque global, que recupera un cierto internacionalismo de la socialdemocracia. Las ponencias se pueden consultar en: www.progressive-governance.net y en la publicación Progressive Futures.
Para algunos participantes estadounidenses, esta izquierda va 10 años por detrás de lo que piensan los progresistas en Estados Unidos, y casi ninguna de estas ideas podría ser utilizada por los demócratas en Estados Unidos para su programa de las elecciones de 2004. Para Mandelson, "si no logramos modernizarnos -nosotros y nuestras sociedades-, las fuerzas no controladas del mercado nos modernizarán". Y para el ministro de Economía alemán, Wolfgang Clement, este progresismo no puede limitarse a ser un "liberalismo con rostro humano".
En Londres se han desarrollado algunos conceptos básicos para esta nueva agenda. Los puntos principales tratados son los siguientes:
De partida, seguridad. La gente pide más seguridad, ya sea frente al terrorismo u otras amenazas a la seguridad nacional o ciudadana. Y si la izquierda no consigue hacer pasar su mensaje en este ámbito, no logrará la atención necesaria en otros puntos de su agenda. En esto coinciden Blair -quien hizo famoso su propósito de hace unos años de "ser duros contra el crimen y contra las causas del crimen"-, y Clinton, referente básico de este movimiento.
El Estado garante (Ensuring State). Es, en parte, un cambio tras las fiebres privatizadoras. Ya no se busca un "Estado mínimo", y queda atrás la afirmación que hiciera Clinton, cuando era presidente, de que "la era del Estado grande (Big government) ha pasado". Frente al anterior Estado facilitador de servicios e igualdad de oportunidades (Enabling State) , ahora se insiste en la necesidad de que el Estado no sólo garantice esos servicios sociales -sanidad, educación, etcétera-, sino los recursos necesarios y los resultados, especialmente porque algunos de estos servicios públicos, como indica Folke Schupper, tienden crecientemente a ser desempeñados por agentes no estatales, incluidas empresas privadas. La gestión puede ser privada; la garantía y el control, públicos. Mandelson prefiere hablar de un "Estado de garantía mutua", entre lo público y los individuos. Ha de cubrir no sólo igualdad de oportunidades al principio, sino también nuevas posibilidades a lo largo de un ciclo vital que ha cambiado.
Contra la herencia social. Estos progresistas han constatado que la igualdad de oportunidades en la enseñanza primaria, secundaria y terciaria no basta para romper la "herencia social". Gosta Esping-Andersen (en la actualidad, en la Universidad Pompeu Fabra) considera que esta herencia lleva a que hijos de marginados o excluidos queden a su vez en la exclusión. Por ejemplo, hay niños de tres o cuatro años que no saben pasar las páginas de un libro porque no se lo han visto hacer a nadie en su casa. Así, el antídoto contra la pobreza infantil está no sólo en las transferencias sociales, sino en los ingresos potenciales de sus madres trabajadoras -cuyo empleo hay que facilitar-, y en la universalización de la enseñanza preescolar, de las guarderías gratuitas de cero a seis años (como en Dinamarca o Suecia). Un paso más respecto a ese lema de "educación, educación, educación" de Blair. Es el reconocimiento de que la desigualdad no se puede resolver sólo con una política tradicional de educación pública.
Mercado empotrado (Embedded market). Los progresistas reconocen que la derecha política y los neoliberales económicos han marcado el vocabulario del debate en estos años. El "mercado empotrado" es una manera de señalar que Estado y mercado necesariamente se interrelacionan, algo que no es una novedad. Una economía de mercado no es necesariamente una economía privatizada -este proceso está ya agotado en algunos países, aunque no en otros como Francia o Alemania-, pues, como se ha aprendido tras la experiencia de las privatizaciones, ésta puede conllevar monopolios privados, y la tercera vía está esencialmente contra los monopolios públicos o privados, y a favor de que el Estado asegure que hay competencia.
Economía civil. Como complemento de lo anterior, y como contrapartida a la sociedad civil, se propone un conjunto de agencias e instituciones que controlen la actividad de las empresas. El economista John Kay considera que los socialdemócratas deben establecer "su propia economía política del capitalismo moderno", un capitalismo que tiene que ser capaz de rendir cuentas (accountable capitalism). La presión pública para ello sobre las empresas ha crecido, y éstas tienen ahora la obligación de ser más transparentes, además de una creciente responsabilidad social. La presión de los accionistas institucionales puede ayudar a que las empresas se orienten a generar crecimiento económico para todos y no sólo ganancias en el valor de las acciones.
Ciudadanía como coproducción. La distribución de responsabilidad entre el Estado, el individuo y las comunidades es un terreno clave para la diferenciación entre la izquierda y la derecha en un mundo donde el individualismo tiende a afirmarse. La tercera vía siempre ha insistido en la necesidad de derechos, pero también obligaciones, de los ciudadanos. En la búsqueda de esa "ciudadanía para el siglo XXI", los ciudadanos deben también contribuir, junto al Estado y otras organizaciones, a crear espacios públicos de deliberación y producir bienes públicos, con un sentido de "responsabilidad compartida".
Diversidad controlada. Estos progresistas rechazan la política de puertas abiertas -que no permitiría mantener el contrato social del Estado del bienestar-, pero no están a favor de una regulación excesivamente estricta, pues tampoco funcionaría. Consideran otras opciones, como la de una inmigración económica temporal, que pudiera regresar a sus países de origen, y un mejor equilibrio entre los derechos y responsabilidades de los inmigrantes en los países de acogida. En la reunión suscitó gran interés el caso de Canadá, cuyo primer ministro, Jean Chrétien, recordó que el suyo es el primer país que ha adoptado como política nacional el multiculturalismo, y que fomenta la entrada (con criterios selectivos, pero no raciales) de una inmigración legal anual equivalente al 1% de su población.
Socialdemocracia global. Es un concepto acuñado por David Held para un mundo que, como dijo Clinton, ha de pasar "de la interdependencia a la integración". Es necesario abrir el comercio a los productos del sur. Ir contra la Política Agrícola Común de la UE "es progresista", afirmó algo en broma Blair. Pero Mbeki y otros insistieron en que si el norte debe abrir sus mercados no debe reducir su ayuda por ello. El objetivo del 0,7% de ayuda que Suecia ya cumple, según recordó su primer ministro, Goran Persson, debe ser cumplido por todos. Los progresistas no se definen como antiglobalizadores, sino por otra globalización más justa.
Multilateralismo progresista. Es la denominación del comisario europeo, el francés Pascal Lamy, para el cual "el multilateralismo no es democrático, pero es lo que más se le acerca". Un problema es que el multilateralismo tiene que ser eficiente, y "las instituciones ineficientes son las más deseables (ONU) y las eficientes (como la Organización Mundial del Comercio, OMC) las más odiadas por el público". En cuanto a la integración europea, el socialista francés Laurent Fabius reclamó ir mucho más lejos, incluso hacia una Europa militar. Para Lamy, Europa puede ser el lugar en el que "reconectar valore", por ejemplo entre el comercio y el medio ambiente o la protección laboral, desde una perspectiva progresista de la construcción europea. Aunque algunas izquierdas resultan más europeístas que algunas derechas, para Charles Grant, director del Centre for European Reform (CER, próximo a Blair), en asuntos europeos "la división izquierda-derecha básicamente carece de relevancia".
Multilateralismo duro. La guerra de Irak estuvo muy presente en los debates. Fabius comenzó reconociendo que "ha dividido a la izquierda". La nueva agenda aboga por un multilateralismo "duro", es decir, que no renuncie al uso de la fuerza si es necesario ante regímenes que oprimen a sus pueblos, por ejemplo, o para actuar, como propugnó Javier Solana, si alguien incumple las reglas. Para el ex ministro australiano y presidente del Grupo de Crisis Internacional, Garteh Evans, el uso de la fuerza debe cumplir ciertos criterios; entre ellos que la causa sea justa, que sea un último recurso, que los medios sean proporcionados, y que haya perspectivas razonables de que las consecuencias de la acción no sean peores que la causa que la provoca.
No antiamericanismo. Ésta fue una de las cuestiones más delicadas. Pero en la conferencia progresista se abrió un amplio consenso sobre la necesidad de mirar hacia adelante. De hecho, estos diálogos progresistas alimentan la agenda transatlántica. Una vez pasada la guerra, contribuir a la reconstrucción de Irak puede contribuir a la reconstrucción de las relaciones transatlánticas, según Javier Solana, en una propuesta en la que coincide Grant. Para Persson, la crisis de Irak demuestra que Estados Unidos también depende de la asistencia multilateral. Sin embargo, nadie resolvió la cuestión de qué hacer si Estados Unidos dice no. En Europa el problema añadido para Grant es que británicos y franceses no se ponen de acuerdo sobre qué hacer respecto de EE UU.
¿Son aprovechables estos conceptos o esta agenda para el socialismo español? Por razones poco explicadas, Rodríguez Zapatero no acudió a esta cita de Londres. Según Joaquín Almunia, director del Laboratorio de la Fundación Alternativas, que mantiene estrechos vínculos con el Policynetwork, "si es correcta la tesis de que el PSOE necesita ampliar su espacio electoral disputando los votos del centro al PP para ganar las elecciones, las ponencias y los debates de la Conferencia de Londres le serán de gran utilidad". Aunque esta conferencia "no debe erigirse en una alternativa a la Internacional Socialista ni al Partido de los Socialistas Europeos. Pero la escasa capacidad de maniobra de éstos no puede condenar a la socialdemocracia al ostracismo en un mundo que se globaliza a gran velocidad. Blair no representa la única opción posible, y en el terreno de la política exterior sus posturas son claramente minoritarias en el seno de la izquierda reformista. Pero sus iniciativas para provocar la modernización de la izquierda tienen la virtud de existir, de ser abiertas y no excluyentes, de atraer la atención, y, sobre todo, de poner sobre el tapete los mismos temas que debatimos cada uno de nosotros a escala nacional. Por eso ofrecen una oportunidad magnífica para que la izquierda con vocación de gobierno retome la iniciativa del debate de ideas, protagonizado en los últimos años por el binomio Davos-Porto Alegre".
Ganar elecciones
No es éste un ejercicio meramente teórico. Como indica Blair, es una búsqueda de las políticas necesarias "para que los partidos de centro-izquierda ganen, utilicen y permanezcan en el poder". Blair, en agosto, cumplirá el record histórico de permanencia de los laboristas británicos en el poder: seis años. No es mucho.
Claro que estos progresistas aún no entienden por qué se han perdido tantas elecciones si la receta de la tercera vía ha funcionado. Para varios participantes, es porque la nueva derecha actúa de forma depredadora en un ambiente de miedo colectivo tras el 11-S que le favorece. Para Solana, también porque los progresistas no supieron aprovechar la ocasión cuando estaba Clinton en la Casa Blanca y los socialdemócratas en 13 de los Gobiernos de los Quince en la UE. Proyecto, haylo, pero quizá carezca de suficiente atractivo, lo que se suma a las dificultades de conectar con el electorado.
No es que la gente rechace la política, sino que la participación no pasa por los partidos, sino por las ONG y otros movimientos ciudadanos. Según un conocido experto laborista de campañas y demoscopia, la política "juega en un estadio vacío", en el que los espectadores se han ido, lo que favorece a la derecha y perjudica a la izquierda. Basándose en encuestas realizadas en toda Europa, ve que, junto con la angustia ante el cambio, la sensación de pérdida de control con la globalización, el declive del sentido comunidad y la fractura social, la gente siente que ha perdido como ciudadano, aunque haya ganado poder como consumidor y acceso con la revolución en las comunicaciones. El hogar (con familias que ya no son tradicionales) se convierte en el principal lugar de control y de conexión del individuo. La política no está integrada en la vida de la gente, y debe pedir permiso para entrar en ella. Las campañas electorales se vuelven, así, mucho más complicadas. Un partido compite ya no sólo con otros, sino también con ofertas de otra índole para atraer la atención de la gente. La tercera vía ha de renovarse también en este terreno. Ir a campañas participatorias, redefinir la relación de los partidos con la gente, crear un nuevo espacio público e insistir en los valores que defienden los progresistas. Los progresistas no lo tienen fácil.

Tercera Izquierda Verde de Daniel Cohn-Bendit

EL MUNDO

Domingo, 27 de febrero de 2000

Intentan «reinventar la política» buscando una alternativa a la socialdemocracia y al liberalismo - Cohn-Bendit quiere que su partido aspire a la Alcaldía parisina
Los ecologistas franceses establecen las bases de la Tercera Izquierda Verde
ASUNCION SERENA. Especial para EL MUNDO
PARIS.- Los Verdes franceses acuñaron ayer un término, «la Tercera Izquierda Verde», con el que se proponen «reinventar la política», abriendo un camino entre la socialdemocracia y el liberalismo.
El encuentro de los dirigentes ecologistas tuvo lugar en París, donde durante un maratón de seis horas estudiaron el principio del camino a recorrer para crear una «ecología política». Fue el pistoletazo de salida de los Estados Generales de la Ecología Política, que durante cerca de 18 meses buscará la forma de redefinir «un proyecto global de sociedad alternativa a la socialdemocracia y al liberalismo», según aseguran Los Verdes, anfitriones de esta asamblea.
Y para ello invitaron a otros actores de la sociedad civil, entre ellos, el fundador de la Confederación de Campesinos y enemigo declarado de la mundialización, José Bové; Isabelle Durant, viceprimera ministra belga; Bruno Rebelle, director de Greenpeace Francia, y Allain Bougrain-Dubourg, presidente de la Liga de Protección de Aves. También estuvo presente la ministra francesa de Medio Ambiente, Dominique Voynet, los diputados y eurodiputados de Los Verdes, como Daniel Cohn-Bendit, y miembros de distintas asociaciones y sindicatos.
Alta velocidad
Para Cohn-Bendit fue la ocasión de defender y buscar adeptos para su propio proyecto, la «Tercera Izquierda Verde», bautizado ya como TGV (Troissième Gauche Verte), quizá jugando con las iniciales del tren de alta velocidad, Train Grand Vitesse, pues a esa velocidad es a la que Daniel Cohn-Bendit se propone llegar al centro del poder. Y es que el antiguo líder de Mayo del 68 quiere que su partido se lance a la conquista de la Alcaldía de París.
El fuerte empujón recibido en las últimas elecciones europeas, celebradas en junio de 1999, ha calentado los motores de los líderes de Los Verdes, quienes, con unos resultados de un 9,6%, dejaban en el camino a los comunistas, demostrando que pueden convertirse en una nueva alternativa al poder, la tercera alternativa.
Una posición que se dice de izquierdas, pero no de cualquier izquierda, sino de la «verdaderamente democrática y radicalmente innovadora», según apunta Cohn-Bendit en el manifiesto que presentó ayer ante los Estados Generales de la Ecología. Un TGV que habla «del capitalismo no sistemáticamente bueno como dicen los neoliberales, ni sistemáticamente malo, como cree la vieja izquierda»; un TGV que tiene el coraje de aceptar que «el Estado no puede todo y, sobre todo, no debe todo»; un TGV que no se niega a dialogar con la derecha o la patronal porque el rechazo sistemático es la postura «más estéril y arcaica»; un TGV que habla de «la democracia de los individuos».
Entre los grandes logros de esta Ecología Política que ha visto la luz en el siglo XX figura, como señala Cohn-Bendit, el haber concienciado sobre «el impacto a largo plazo de las actividades humanas», ya que «hoy y mañana no se oponen porque el mañana comienza hoy».
Abrirse a los parisinos
El eurodiputado verde propuso comenzar por abrirse a los parisinos para que las esperanzas nacidas de las elecciones europeas «no sean recuperadas por Jack Lang». Y es que, el antiguo ministro de Cultura de Mitterrand ha sabido hacerse desear las últimas semanas para finalmente anunciar que él también se presenta como candidato a la Alcaldía de París. Lo que propone Cohn-Bendit es ofrecer otra opción que no se limite al doblete gaullistas-socialistas; que los ciudadanos puedan escapar de esa corriente bialterna para elegir, si así lo desean, un programa diferente, como el que Los Verdes estudian presentar.
No darán la espalda al Partido Socialista con el que establecerían una alianza para la segunda vuelta de las elecciones, pero, como dejó claro Cohn-Bendit, la esperanza de una implantación permanente en el seno de la sociedad francesa no debe ser «recuperada por la inteligencia política, por un Jack Lang, por ejemplo».
Para la primera vuelta serán la fuerza que proponga a los parisinos una auténtica «reforma» en la que estaráincluida la reforma administrativa y la implantación de las 32 horas con el fin de organizar la ciudad bajo «un programa de ecología urbana».
Dos emprendedores
José Bové, cofundador de la Confederación Campesina francesa y agricultor de la llanura del Larzac, se hizo mundialmente famoso por su participación en las manifestaciones de Seattle contra la mundialización. Pero las andanzas de este emprendedor criador de ovejas de 46 años se remotan a 1988, cuando se puso a arar los Campos de Marte, al pie de la Torre Eiffel de París, para protestar por la política agrícola comunitaria.
Daniel Marc Cohn-Bendit pasará a los libros de Historia como Dani el rojo, la mascota de las revueltas estudiantiles de mayo del 68 en París. Después de ser expulsado de Francia y de vivir varios años en Alemania, ahora es eurodiputado y un destacado dirigente ecologista francés. Políglota, idealista, ni verdaderamente francés, ni verdaderamente alemán -sus padres huyeron del nazismo-, este hombre nacido el 4 de abril de 1945 no soporta la indiferencia y se siente atraído por los riesgos. Además es narcisista, algo que él mismo reconoce sin complejos.
EL MUNDO

Sábado, 26 de febrero de 2000

DANIEL COHN-BENDIT
La Revolución Verde de la Tercera Izquierda
ECOLOGIA POLITICA.- Apoyado en el 9,6% de los votos conseguidos en las elecciones europeas, el líder de los Verdes de Francia, Daniel Cohn-Bendit, pretende que la ecología política se inscriba para siempre en el paisaje democrático. Reproducimos un extracto del texto-manifiesto, publicado en el diario francés Libération, que su autor propone hoy en los estados generales de la ecología política, una especie de congreso de los Verdes. Partiendo de la idea de la tercera izquierda que lanzó el analista político Zaki Laidi, el manifiesto debe servir de plataforma al movimiento de la Tercera Izquierda Verde, que debería superar las estructuras políticas existentes para solucionar problemas actuales.
Este texto es una primera reflexión que está en sus comienzos y que tiene la intención de tomarse el tiempo que haga falta para madurar, porque se trata de una reflexión sobre temas esenciales, complejos y novedosos. En mi espíritu, la tercera izquierda es un verdadero espacio de debate en nuestra sociedad, que carece de ellos casi por completo. Estos son, a mi juicio, al menos los cuatro grandes desafíos para la Tercera Izquierda Verde (TGV).
La rehabilitación del largo plazo en política.- a largo plazo de las actividades humanas. En una sociedad del riesgo, en la que la asociación de la ciencia y del mercado aumenta día a día la inseguridad, le corresponderá a la TGV revolucionar este concepto y hacerlo avanzar bajo otras formas.
El principio de precaución tiene que aplicarse al conjunto de sus consecuencias para el hombre y para su vida en sociedad. La lógica de rendimiento de la economía del mercado debe ser reordenada y estructurada por una lógica de la precaución y de la responsabilidad. Rechazamos el principio de la rentabilidad de los mercados como único criterio de eficacia económica y social.
Una visión ternaria de la política.- En una sociedad que fabrica exclusión, todo individuo quiere ser libre y, al tiempo, estar vinculado a los demás. Todo el mundo (o casi) está de acuerdo en reconocer el valor del mercado, su dinamismo y su capacidad de liberar la innovación y, al igual, la necesidad de su regulación. Es nuestra tarea encontrar la manera de controlar el mercado para que siga respondiendo a la diversidad de las necesidades individuales sin producir desigualdades excluyentes. En ámbitos como la cultura, la educación o la sanidad, su papel debe estar claramente limitado e incluso anulado. Hay que encontrar los medios para controlar políticamente la economía, pero también hay que tener el coraje de aceptar el hecho de que el Estado no debe abarcarlo todo.
Es una oportunidad para acercarnos de otra forma a la acción pública: desde una lógica que incluya al conjunto de los actores sociales. Hay que reinventar nuevas formas de movilización social. Seattle no fue más que un comienzo. El espacio público mundial se está revelando como un espacio de referencia para toda nueva injerencia social, ecológica y humanitaria.
Hay que ser capaz de escuchar a hombres y mujeres procedentes de otros horizontes políticos, si de lo que se trata es de poner en marcha acciones concretas y de defender causas como la protección del medioambiente, la urgencia humanitaria, la defensa de los derechos humanos o la esperanza para Europa. Tal flexibilidad no tiene por qué convertirse en un consenso indeterminado. Eso sí, es siempre arriesgada. En ella se pierde la propia pureza ideológica para rozarse con la realidad de la acción y de la eficacia.
Una democracia de personas.- No se puede arrojar al individuo y a sus aspiraciones de libertad a la cloaca de los excesos individualistas. Siempre lucharé contra el control de la sociedad sobre la vida de las personas. Tenemos que trabajar por la existencia de un umbral mínimo, un ingreso social garantizado para reducir la dinámica de la exclusión e imaginar la forma de aumentar la posibilidad de las opciones individuales.
Hay que inventar utensilios institucionales para profundizar la democracia. La democracia es un sistema flexible y tiene que adaptarse a las nuevas condiciones de vida. La Tercera Izquierda Verde debe contribuir a su progreso, a hacer posible una auténtica democracia con autonomía individual, una democracia en la que cada cual tenga el derecho de ser dueño lo máximo posible de su destino.
Una sociedad plural.- Nuestras sociedades son cada vez menos homogéneas. Están segmentadas social y culturalmente. Las aportaciones de los emigrantes convierten a las sociedades europeas en sociedades cada vez más plurales. Hay que terminar con las concepciones universalistas abstractas que ya no se corresponden con el carácter pluralista de nuestras sociedades y que se convierten en productoras de nuevas y profundas desigualdades.
Este universalismo abstracto tiene un corolario: el igualitarismo abstracto. Por igualitarismo abstracto hay que entender el principio de igualdad entre todos los ciudadanos independientemente de sus condiciones de partida. La igualdad sólo tiene sentido en relación con la equidad entre los ciudadanos. Hay que apoyar cultural y socialmente más a los que, de partida, se lanzan a la vida con más dificultades. Sabemos bien que algunos liberales quieren llevar la lógica de la equidad lo más lejos posible para destruir cualquier idea de solidaridad.
Europa, nuevo horizonte político.- Estos cuatro desafíos son indisociables de la construcción europea. Cada país europeo puede alimentarse de la cultura y de la historia de los demás. Para nosotros, Europa es una perspectiva optimista. Es abiertamente una gran oportunidad cultural, el único espacio en el que pueden surgir la regulación del mercado y los controles democráticos que queremos instaurar.
Europa se convierte en el espacio colectivo en el que los ciudadanos comparten los mismos riesgos. Hacemos un llamamiento a la conciencia crítica de todos y cada uno para evitar ver a la razón mercantilista dominar toda forma de vida.
La Tercera Izquierda Verde trabajará en la creación de una Constitución europea que se estructure alrededor de la idea de una carta de los derechos fundamentales de los ciudadanos.
La responsabilidad específica de los Verdes.- A estos cuatro desafíos se añade un quinto que se dirige específicamente a los Verdes, en vísperas de los estados generales de la ecología política. Se trata del desafío de la apertura democrática. En las próximas convocatorias electorales, comenzando por las municipales, que se van a convertir en un test determinante, veremos si el espacio político que hemos abierto, existe o no como fuerza electoral duradera.
Para caminar en este sentido, nos parecen esenciales dos condiciones. La primera es que aceptemos, e incluso estimulemos, un verdadero debate con los que han apoyado nuestra lista y que, en el futuro, definamos el lugar que les concedemos, incluida la confección de las listas municipales, algo que no hicimos en las europeas. La segunda condición es definir bien nuestra relación con las demás fuerzas políticas, sin renunciar jamás a nuestra autonomía, al tiempo que establecemos las necesarias alianzas. Nosotros estamos por la participación en el ejercicio del poder.
Reconciliar la esperanza colectiva con la esperanza individual.- Estamos ante un imperativo nada fácil: el de no renunciar jamás a comprender el mundo. Puede procurar mucho placer gestar un nuevo espacio político y hacerlo vivir de nuestros debates y de nuestras reflexiones. Para responder a estas expectativas, y también para hacer evolucionar nuestro papel y nuestra condición de hombres y mujeres políticos, tenemos que reconsiderar no sólo el patrimonio teórico de la izquierda, sino también nuestros hábitos y todas nuestras prácticas. La paridad no se decreta sólo por medio de una ley, sino que supone una revolución cultural en la organización de la vida cotidiana. Tenemos que trabajar en la reconciliación de estas dos dimensiones: lo personal y lo público.
Ambas dimensiones deben avanzar y conectarse para que cada individuo goce no sólo de la ventaja de estar vinculado a los demás, sino también de la de actuar sobre su propio destino. Todos los debates colectivos tienen consecuencias individuales y toda persona debe tener el derecho a participar en ellos. La oportunidad que se nos presenta es la de superar este enfrentamiento histórico para que se nos permita conjugar realmente la esperanza colectiva y la esperanza individual.
Nacimiento de una Tercera Izquierda Verde europea.- Europa se está convirtiendo cada vez más en el horizonte de nuestro campo político. El surgimiento de una Tercera Izquierda Verde depende principalmente de su anclaje europeo. La izquierda es políticamente mayoritaria en Europa, pero son las ideas neoliberales las que ejercen su hegemonía cultural en el Viejo Continente. Estimo necesario tomar la iniciativa de crear clubes de reflexión e intervención a nivel europeo para desentrañar nuestro horizonte político y teórico.
Daniel Cohn-Bendit es diputado europeo.
EL MUNDO
Jueves, 27 de abril de 2000

EL DEBATE DE LA IZQUIERDA / LAS PROPUESTAS
...¿Y ahora qué?
El eurodiputado independiente elegido en las listas del PSOE José María Mendiluce y el líder de Mayo del 68 y eurodiputado de los Verdes, Daniel Cohn-Bendit, ofrecen en su libro «Por la tercera izquierda» una batería de propuestas para resolver la crisis de la izquierda. A continuación, extractamos el último capítulo en el que se exponen cinco ideas de futuro: una gran alianza para la reforma democrática, un encuentro plural de los progresistas, una organización flexible, una complicidad cultural y un pensamiento estimulante.
¿Qué hacemos ahora?
¿Cómo convencer a los escépticos?
¿Cómo superar las desconfianzas?
¿Cómo animar al trabajo concreto ante la inmensidad de la tarea?
¿Cómo recuperar a los defraudados?
¿Un nuevo partido?
¿Una organización cívica?
¿Una plataforma electoral?
De momento, una sonrisa por respuesta.
Porque no contestar definitivamente a estas preguntas no es una estrategia deliberada de indefinición oportunista o de posibilismo, es sencillamente tener la convicción de que no tenemos recetas, ni soluciones fáciles.
¿Y por ello debemos callarnos o evitar las preguntas? No. Todo lo contrario. No tener las respuestas no es un inconveniente para la creatividad. Es justamente su estímulo.
Algunos prefieren no mostrar las dudas o las incógnitas. Son síntoma de insustancialidad o superficialidad, dicen. Pero ya sabemos el precio que hemos pagado históricamente por tanto secretario general infalible o tanta verdad incuestionable.
El pensamiento alternativo. El pensamiento de la tercera izquierda debe impulsar otra lógica en la política basada en un doble principio:
Primero. Nuestra sociedad no quiere vivir -ni escuchar- un mensaje de negación: «No» a esto o aquello. Rechazo frontal, parcial o lateral a tal o cual. Construir la tercera izquierda desde la articulación política del «no», es insuficiente y obviamente, negativo.
Aunque es cierto evidentemente, que el rechazo ciudadano a los excesos y a los costes de las posiciones dominantes, es más que justificado y a veces inevitable, por injusto. Pero sólo podremos construir un espacio político desde propuestas positivas que superen los marcos propios de las lógicas partidarias o sectoriales. Política en positivo, para avanzar sumando. El «sí» debe ser nuestra bandera de referencia.
Segundo. Nuestras propuestas deben de explorar lo intermedio. La zona difusa. El espacio por definir. El territorio gris o multicolor. Espero que nadie confunda mis palabras con el «centro» o el «consenso» de mínimos. No. Hablo de que la tercera izquierda debe descubrir si podemos encontrar propuestas políticas que superen las lógicas binarias: Sí o no. A favor o en contra. Tú o yo. Y por qué no, obrero/patrón. Mercado/estado. Nacional/internacional.
No queremos abstenernos cuando la exigencia de situarnos con los unos y los otros, no recoge las respuestas más lúcidas. ¿Eclecticismo?, no. Libertad de pensamiento, sí. Sin vivir del cliché ni del esquema preconcebido. Y empezar, en cada caso, con una mirada abierta y dispuesta a cambiar nuestra idea por otra mejor. Si un problema parece tener sólo dos respuestas, encontremos la tercera.
Una orientación de la política que prefiere el servicio a los ciudadanos y sus problemas, antes que el fortalecimiento corporativo de nuestras estructuras. Hacer política marcando las diferencias artificialmente nos lleva a una cultura política de bipartidismos perfectos o imperfectos. Y yo prefiero la pluralidad.
Algunas pistas de cómo podemos construir la tercera izquierda... Lo que ahora se puede hacer, aunque sea parcial y provisional, señala caminos para avanzar y, de esta manera, construye. Concentremos nuestros esfuerzos en cuatro o cinco ideas que podamos compartir mayoritariamente y materializar juntos. Aunque no todos hagamos lo mismo. Ni estemos de acuerdo en todo. Menos rigideces a priori nos vendrán muy bien para reencontrarnos. Y confiemos un poquito más en aquellos y aquellas que quieran decidir su compromiso con más o menos energías y dedicaciones personales. No estamos para exigir ni fidelidades (¿a qué o a quién?) ni orden organizativo que garantice un hipotético éxito. El copyright de la tercera izquierda es colectivo. Y su gestión está por decidir...
Cinco ideas para el futuro inmediato. 1. Una gran alianza para la reforma democrática, en la que caben muchas energías y propuestas.
2. Unos estados generales de las personas progresistas, para darnos el placer de repensar tantas cosas.
3. Una red flexible y transversal, alejada de las rigideces orgánicas.
4. Unacomplicidad cultural, mediática y económica, que sume.
5. Un pensamiento alternativo, que nos ayude a descubrir que piensa mucha más gente que la que se expresa.
Una gran alianza por la reforma democrática. Y no se trata de inventar tantas cosas. Listas abiertas, mandatos limitados, menos gastos de los partidos, responsabilidades políticas, más referéndums y menos ley d'Hont... ya hemos hablado de ello en «los retos».
Unos estados generales de los ciudadanos y ciudadanas progresistas. A finales del 2000... y después de todos los congresos. Un encuentro plural de todas las personas progresistas para compartir diagnósticos y propuestas sin el imperativo táctico preelectoral. Abierto a todas las corrientes, espacios, asociaciones y expresiones políticas que se reclaman de izquierdas o progresistas.
Que nadie tenga recelos o miedos infundados. No se trata de arañar espacios propios, si es que se puede hablar así cuando se habla de electores o militantes, sino de buscar -preferentemente- los espacios nuevos que hoy se refugian en la abstención activa o pasiva. Y espero que a estas alturas sepamos ya, que ningún proyecto progresista alternativo puede fructificar si no es capaz de sumar a las sensibilidades transformadoras que hoy no se encuadran en o entre las dos formaciones mayoritarias de la izquierda formal.
Para que la tercera izquierda sea útil a todas las izquierdas necesita de su complicidad. Necesitamos unos estados generales de todos los progresistas urgentemente. Nuestras diferencias de fondo pueden ser menores que nuestras diferencias de formas. Pero es cierto que para encontrarnos, algunos deberán reanalizar su historia y sus errores, abandonar lo obsoleto y reconocer, con humildad, que no todo fue glorioso en su historia, o en sus mitos. La izquierda formal no puede aplicarse el refrán de que «no come ni deja comer», encerrados en un proceso lento y traumático de renovaciones (o de ovaciones) a distintas velocidades. Mientras, construyamos lo nuevo entre todos. Y cada uno desde donde le apetezca. Y cuanto quiera o pueda.
Nos vemos en diciembre.
Una organización flexible y transversal. Descentralizada y capilar. Radicalmente horizontal. Con nudos por intereses. Que permita las dobles y triples militancias. Del PSOE y de la tercera izquierda. De IU y de la tercera izquierda. De ninguno de los dos y de la tercera izquierda. Del Bloque y de la tercera izquierda. Activista social o cívico y de la tercera izquierda. O simplemente de la tercera izquierda. ¿Por qué no? El tiempo de las identidades políticas monolíticas, únicas e intransferibles se acabó si queremos sumar y miramos al futuro. Necesitamos una cultura política progresista, que sólo puede ser transversal y transgresora.
Con una estructura tecnológica. De momento, antes un e-mail que una reunión. Y más encuentros informales para redescubrir el placer de pensar juntos. El objetivo es organizar una red que mantenga vivos y dinámicos los principios de la tercera izquierda y que los haga avanzar en la sociedad. Circulación de ideas y propuestas. Con liderazgos por construir. Sabiendo que todo el mundo está muy ocupado y que la pasión política está por generar todavía y en permanencia, será minoritaria. Así que, despacito, pero seduciendo poco a poco. Sin más dirigismos que los que cada cual quiera asumir. Estoy dispuesto a seguir a otros y otras. El liderazgo debe ejercerse a través de valores irrenunciables y compartidos. Y el camino es más interesante que el guía.
Una complicidad cultural, mediática y económica. Sin conexión cultural con la creatividad, la tercera izquierda no tiene futuro. Una tercera izquierda culta (que no elitista) es la garantía de su proyección social. Nuestra capacidad de seducir y ampliar los límites de nuestros proyectos dependerán de nuestras capacidades intelectuales y culturales. Sin movida no hay proyecto progresista.
Los ciudadanos periodistas pueden y deben dar una oportunidad a otras lógicas. Aprovechar las grietas de las estructuras profesionales en los medios es una garantía de oportunidad política. Siempre hay opciones, por pequeñas que sean, pero necesitamos de la complicidad de muchos para utilizar lo descuidado o lo desocupado. Además, no aceptamos que el pensamiento alternativo sea marginal por minoritario. Es emergente. Y su potencial, determinante.
Espero también que muchos empresarios de nuevo tipo y muchas empresas, especialmente de la cultura y de los medios de comunicación, encuentren en la tercera izquierda un espacio sociológico por explorar o por promover para un mercado posible.
Un pensamiento estimulante. Más pensamiento, pero también más sentido del humor y de la provocación. Nuestra tendencia a la tristeza, a la resignación y a la amargura nos aleja de lo positivo, aburre, y nos muestra inaccesibles a muchas sensibilidades que no quieren confundir la conciencia de los problemas con los cilicios autoflagelantes.
Un pensamiento alternativo con nuevos prismas y enfoques. Con otros angulares y con capacidad de relacionar lo común en el escenario de la complejidad social. Y con una sonrisa en los labios.
Un pensamiento cómplice de personas y organizaciones que representan, cada una en su ámbito, la existencia de un espacio alternativo con éxito y reconocimiento social. Personas que, a modo de nueva generación del siglo XXI, se rebelan en su quehacer diario a lo predeterminado. Líderes alternativos que rechazando la marginalidad, intentan -y lo consiguen- crear un espacio que crece en nuestra sociedad.
La tercera izquierda:
Algo así como...
¡Ya era hora!