sábado, 29 de enero de 2011

Fallece en Viena el ex canciller Bruno Kreisky - El País - 1990

Fallece en Viena el ex canciller austriaco Bruno Kreisky
Un histórico de la socialdemocracia obsesionado por la paz
VIVIANNE SCHNITZER - Viena - 30/07/1990
Bruno Kreisky, líder de la socialdemocracia europea y ex canciller de Austria, falleció ayer a las seis de la mañana en el hospital "Lainz, de Viena, víctima de un fallo cardiaco y de un deterioro progresivo de otros órganos vitales, según informa el parte médico. Kreisky tenía 79 años y había ingresado en el centro asistencial el 17 de este mes para someterse a un chequeo médico por deficiencias en el sistema circulatorio.
A pesar de los problemas de salud de los últimos años, producidos por un trasplante de riñón y una afección ocular aguda, Kreisky siguió con la misma lucidez de su juventud haciendo brillantes y polémicas improvisaciones, lo que le otorgó el apodo de canciller de los periodistas. Ha sido el funcionario gubernamental con más años de servicio, 26, y después de dimitir como primer ministro en 1983 tras 13 años consecutivos en el cargo, se transformó en la voz de la conciencia de la república alpina. Sus enemigos políticos que le llamaban el rey Sol porque nadie era capaz de competir con él.El más destacado enemigo del desaparecido internacionalista fue el cazador de nazis Simonl Wiesenthal, que criticó a Kreisky por tener en su Gabinete a ministros del Partido Liberal Austriaco que habían sido miembros de las SS.,
En sus años de jubilación presenció cómo se desvanecía su propia herencia en el Partido Socialdemócrata (SPO),que se iba desmoronando. El ex canciller militó en él 55 años, y, antes de morir abandonó su cargo de presidente honorario al ver que los llamados hijos de Kreisky renunciaban a sus cargos por estar involucrados en escándalos de corrupción. Kreisky sobre pasó las fronteras de Austria con su cargo en la vicepresidencia de la Internacional Socialista y su estrecha amistad y cooperación con Willy Brandt y Olof Palme. Su obsesión fue la política para lograr una paz en Oriente Próximo, lo que le ocasionó numerosas críticas. Fue uno de los primeros líderes occidentales en recibir oficialmente al líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yasir Arafat, en 1970. Luego recibió al líder libio, Muammar el Gaddafi.
Cuando aún pocos Gobiernos de la comunidad internacional se atrevían a criticar a Israel, Kreisky, que además era judío, defendió en todos los foros internacionales los derechos de los palestinos.
De tendencias neokeinesianas, siempre afirmó que prefería el déficit presupuestario al paro: "Mil millones de deuda me quitan menos el sueño que cientos de miles de parados".

Bruno Kreisky, ex canciller de Austria - El País - 1990

PERFIL: NECROLÓGICAS
Bruno Kreisky, ex canciller de Austria
HERMANN TERTSCH - Madrid - 30/07/1990
Bruno Kreisky murió ayer en Viena a pocos meses de cumplir los 80 años. Tras casi 10 años de grave insuficiencia renal, el gran señor de la socialdemocracia austriaca concluyó ayer su retiro de la vida política que nunca aceptó de buena gana. En sus declaraciones a la prensa, cada vez más escasas según le abandonaban las fuerzas, nunca resistió la tentación de dar consejos a todo el mundo, siempre con su estilo gruñón y la fina ironía de este hijo de una familia de la alta burguesía judía del imperio austrohúngaro.La última vez que nos vimos, en la celebración del cumpleaños de otro legendario socialdemócrata que le ha sobrevivido, Willy Brandt, con uno de sus impecables trajes a medida y sus carísimos zapatos de encargo en Herederos de Nagy, hizo uno de sus caústicos comentarios sobre la nueva élite socialdemócrata que en realidad no ha hecho sino imitarle: "Estos chicos elegantes no han ganado a la derecha, se la han comido. Pero no lo escriba, que yo a Felipe González le quiero mucho".
Nació el 22 de enero de 1911 en este entorno que era el de tantos austríacos célebres de las artes, las letras y la filosofía. Por eso Kreisky siempre fue mucho más que un político. Desde muy joven, movido y conmovido por la miseria de aquella Viena hundida tras la I Guerra Mundial, capital de un minúsculo Estado tras perder un gran imperio, con ejércitos de indigentes habitando los suburbios, se unió al partido socialista. En los años veinte, el partido de Viktor Adler y Otto Bauer hizo aquel milagro social que fue la Viena roja con sus inmensos complejos de viviendas sociales y prestaciones para la clase obrera.
Con la anexión al III Reich y la peste parda, Kreisky cayó a los 27 años en manos de la Gestapo. Tras cinco meses en prisión, emigró a Suecia para retornar ya en 1949 y jugar un papel decisivo tanto en la firma del acuerdo de Estado que restableció en 1955 la soberanía austriaca en neutralidad como en el futuro de este país que alcanzó con él un grado sin precedentes de desarrollo, justicia social y relevancia en la escena política internacional.
Con Brandt y Olof Palme, fue la gran autoridad moral y política de un proceso de distensión que -muchos olvidan hoy- llevó al Acta de Helsinki y produjo la primera fisura en las dictaduras del Este que ahora han caído. Él lo ha podido aún contemplar con cierta lucidez y tuvo que ser grande su satisfacción por la liberación de aquel espacio centroeuropeo que siempre vio como cuna de su identidad cultural. "Yo no viviré para verlo, pero eso no aguantará mucho", me dijo un día refiriéndose al mundo. Se equivocó, porque lo vio.
En su país se le quiso menos que fuera, quizá porque el austriaco medio, que nada tiene que ver con el vienés, detesta a quienes no sólo son brillantes sino que lo saben y lo demuestran. Quien viera a Kreisky en sus campañas electorales nunca olvidará su virtuosismo retórico que despertaba compasión hacia sus adversarios. Fuera sirvió como un campeón del entendimiento para paliar crisis, solucionar conflictos tanto en Oriente Próximo como en Latinoamérica y hacer política con el más noble objetivo: evitar sufrimientos y buscar un marco social que hiciera posible la felicidad en todo el mundo para aquellas capas sociales que tanto vio sufrir él en su juventud en Viena.

Kreisky, ejmplo de la sociademocracia europea - El País - 1983

PERFIL
Kreisky, ejemplo de la socialdemocracia europea
03/01/1983
Bruno Kreisky, jefe del Gobierno austriaco desde 1970 y presidente del Partido Socialista de aquel país (SPOE), es el artífice de la estabilidad económica y las transformaciones sociales que ha vivido Austria en los últimos doce años que llevan en el poder los socialistas, partido que cuenta con unos 700.000 afiliados aproximadamente y 95 escaños en el Parlamento.A punto de cumplir los 72 años, el viejo Bruno personifica la integridad moral y la continuidad al frente de la nación. Las opiniones del canciller Bruno Kreisky, a quien le gusta manifestarse sobre casi todo, dan lugar a enconadas polémicas en ocasiones, pero los autriacos le quieren y le respetan. Cada día de 8 a 8.30 horas el jefe del Gobierno contesta personalmente a las preguntas telefónicas de los ciudadanos, desde la mesa de desayuno de su casa.
La gestión del Gobierno socialdemócrata en los últimos doce años ha hecho que Austria se tome como ejemplo y modelo entre otros partidos de la Internacional Socialista, en un contexto internacional de inestabilidad económica y desempleo. Dos son los principales motivos de orgullo en el haber de los socialistas austriacos: tener uno de los porcentajes de desempleo mas bajos del mundo, calculado en un 3,6% en el último año, y una inflación situada entre un 5,5 y un 6,5%, inferior a la de la mayoría de los países industrializados.
Uno de los pilares básicos de la estabilidad austríaca es el consenso social -la Sozial Partnerschaft- entre empresarios y sindicatos. Este consenso, que regula precios y salarios, ha convertido a Austria en un país donde el tiempo de huelga anual por habitante era de tres minutos en 1980. En la esfera internacional, la neutralidad de Austria y las opiniones mantenidas sobre distintos conflictos por Kreisky, antiguo ministro de Relaciones Exteriores, no goza de la comprensión de todos sus compatriotas, pero ha dado prestigio y respeto a su país en los foros internacionales.
Bruno Kreisky practica una política independiente de los bloques, ha condenado enérgicamente la intervención soviética en Afganistan, ha criticado las sanciones económicas de Estados Unidos contra Polonia y el Este y judio como es, ha arremetido con dureza contra la política del Gobierno israelí de Beguin. La pasada semana, Kreisky se reunió en Palma de Mallorca con Yassir Arafat, dirigente de la OLP, organización que Austria fue de los primeros países en reconocer.

Gonzalez invova el ejemplo de Kreisky para luchar contra la crisis - EFE - 2011

Viena, 21 ene (EFE).- El ex presidente del Gobierno español Felipe González recordó hoy en Viena la figura del fallecido canciller socialdemócrata austríaco, Bruno Kreisky, como una figura que "haría falta" para luchar hoy día contra la crisis y lo que llamó la "financierización" de la economía.
"Bruno Kreisky hoy (...) estaría buscando una respuesta, que aún no tenemos, socialdemócrata a la crisis", manifestó el ex jefe del Gobierno español durante un acto de homenaje por el 100 aniversario del nacimiento del histórico político austríaco.
Una respuesta, digo González, que sirviera para "recomponer un aparato económico productivo, altamente competitiva en la nueva realidad global, con una dimensión social y sostenible desde el punto de vista medioambiental".
Una economía, argumentó, que se oponga a la "economía dependiente de la 'financierización' (...) para poder preservar los logros sociales, la cohesión social y la solidaridad".
González se refirió al trío formado por el propio Kreisky, el canciller federal alemán Willy Brandt y el líder socialdemócrata sueco Olof Palme, al decir que hoy "harían falta" para afrontar las "nuevas circunstancias".
"Los objetivos serían los mismos, los instrumentos no pueden ser los mismos. El mundo cambió y nosotros tenemos que cambiar", admitió el ex presidente.
"Los tres influyeron en mi percepción de la realidad, en el sentido que le daban a la lucha por la libertad y en mis convicciones socialdemócratas y por tanto reformistas", reconoció el dirigente socialista.
González valoró la importancia de Kreisky, asiduo visitante de Palma de Mallorca en los cambios democráticos en España tras el final de la dictadura.
"Su presencia en Palma de Mallorca en los últimos momentos de la dictadura era muy importante para nosotros en la construcción de una España democrática y plural", rememoró González.
Además, aseguró que "el rey de España "gozó y disfrutó de su amistad"
González fue el ponente de honor en un acto en el que también intervinieron el canciller austríaco, Werner Faymann, y el presidente del país, Heinz Fischer.
También se leyeron mensajes del presidente de la Autoridad nacional Palestina, Mahmud Abbas, y del presidente de Israel, Simón Peres.
Respecto al conflicto en Oriente Medio, González valoró los esfuerzos de Kreisky para encontrar una solución y cómo la propuesta de Kreisky del reconocimiento del Estado palestino "casi cuatro décadas después sigue estando vigente".

Austria honra al carimtico canciller Kreisky en el centenario de natalicio - EFE - 2001

Ramón Santaularia Viena, 20 ene (EFE).- De ningún otro canciller federal austríaco de la posguerra se ha dicho que fuera un político demasiado grande para un país tan pequeño como del socialdemócrata Bruno Kreisky (1911-1990), un personaje carismático de origen judío, que siempre mostró un cierto recelo hacia Israel.
Como no podía ser de otra forma, el centenario de su natalicio, el 22 de enero, ha dado pie a grandilocuentes comentarios sobre su personalidad y su política exterior visionaria.
Eso sí, Kreisky nunca estuvo exento de criticas, sobre todo por agasajar a personajes tan polémicos como el líder palestino Yaser Arafat o el presidente libio, Muamar al-Gadafi.
Muchos austríacos, incluso sus rivales en la oposición, recuerdan con nostalgia a este político por sus cualidades de líder, que llevó a cabo durante su mandato, de 1970 a 1983, ambiciosas reformas, como la despenalización del aborto y de la homosexualidad y la introducción del horario de 40 horas, entre muchas otras.
También mejoró las tensas relaciones con la Iglesia católica, en parte gracias a los armónicos contactos con el cardenal "rojo" Franz König, y permitió, tras una mediación del rey de España Juan Carlos I, que volviera a Austria la última emperatriz austríaca, Zita de Borbón y Parma, esposa de Carlos I, tras 63 años de exilio.
En la política nacional, su defensa de los logros del trabajador y de la concertación social entre gobierno, sindicatos y la patronal le valió el apoyo de amplios sectores de la sociedad, aunque hoy sus postulados a favor del pleno empleo a costa del déficit fiscal serían posiblemente un anatema.
"Un par de miles de millones de deuda me dan menos noches de insomnio que un par de cientos de miles de desempleados", dijo Kreisky como botón de muestra de su actitud macroeconómica durante la campaña electoral en marzo de 1979.
Entre sus fracasos destaca el referéndum que convocó en noviembre de 1978 sobre la primera y única planta nuclear construida a orillas del Danubio. Un 50,8 por ciento se pronunció en contra de su puesta en marcha y las instalaciones fueron desmanteladas.
Fue, al igual que el canciller federal alemán Willy Brandt, mentor político del presidente del gobierno español Felipe González, con quien mantuvo una estrecha relación, que los llevó a Teherán en 1980, junto con el líder socialdemócrata sueco Olof Palme a mediar, en una misión sin éxito, en el marco de la Internacional Socialista, en la guerra entre Irán e Irak.
González será mañana, viernes, el principal ponente en los actos de conmemoración del centenario de Kreisky en el palacio imperial vienés del Hofburg.
Suecia siempre fue un punto de referencia como modelo social para Kreisky, donde estuvo refugiado ante la persecución nazi entre 1938 y 1945, y donde contrajo matrimonio con Vera Fürth.
Su hijo Peter, nacido en Suecia en 1944, falleció el 27 de diciembre pasado en la isla española de Mallorca.
Una vez jubilado de la política activa, el dirigente socialdemócrata, muy delicado de salud, ante todo porque debía someterse a frecuentes diálisis, pasó largas temporadas en una modesta casa que compró en esa isla, que adoraba por el benigno clima, lo que le valió también las críticas por "haber emigrado".
Pero fue su origen judío el que le hizo pasar momentos amargos en su país, donde el antisemitismo latente nunca ha desaparecido, tras el pasado nazi del Estado que fue anexionado por el austríaco Adolf Hitler en 1938.
En 1931 había abandonado oficialmente la comunidad judía de culto de Viena y desde entonces se calificó como agnóstico, lo que evidentemente no le salvó de la persecución racial de los nazis que empezó siete años más tarde.
Quizás nada ilustre mejor su ambivalente postura hacia sus orígenes judíos como la hostil relación que tuvo con el famoso "cazanazis" Simon Wiesenthal, al que llegó a acusar de haber colaborado con la propia Gestapo durante su cautiverio en los campos de concentración para salvar su pellejo.
Tuvo una complicada relación con Israel en general, y con la primera ministra israelí, Golda Meïr, en particular, pero al mismo tiempo facilitó el tránsito de judíos de la Unión Soviética y sus países satélites a Israel a través de la Austria neutral, una práctica que sigue existiendo hasta hoy para emigrantes iraníes de minorías no islámicas.
Su convicción de que por ser judío no podría ser nunca jefe del Partido Socialista Austríaco (SPÖ) ni del Gobierno coincidía con el análisis de la embajada de EEUU en Viena en los años 1950, según revelaba un cable diplomático divulgado recientemente por WikiLeaks, un error de cálculo de ambos, como demostró la realidad.
Durante la Guerra Fría, propició como pocos dirigentes el diálogo entre el Este y Occidente, como la firma del "Acta Final de Helsinki" en 1975 para promover los derechos humanos y la libertad de expresión en los países comunistas.
Su visión, a veces utópica, sobre la necesidad de crear un Estado palestino y de usar el diálogo para solucionar los conflictos internacionales era el bagaje resultante de su amplia experiencia diplomática, que empezó en la embajada de Austria en Suecia en 1945 y más tarde en varios puestos en el gobierno, incluido el de ministro de Exteriores. EFE

viernes, 28 de enero de 2011

Las siete vidas de Hessel - El País - 2011

REPORTAJE: DERECHOS HUMANOS
Las siete vidas de Hessel
Quisó ser filósofo, combatió con la Resistencia, se escapó de un campo de concentración y acabó como diplomático siendo uno de los redactores de la Declaración de los Derechos Humanos en 1949. En la actualidad, a sus 92 años, milita por la paz en Oriente Próximo
Hay personas que viven más de una vida. Éste es el caso de Stéphane Hessel, que formó parte de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1949 y que a sus 92 años sigue militando activamente en la defensa del derecho internacional, que considera la clave para el futuro de la humanidad. A principios de mes presidió en Barcelona el Tribunal Russell sobre Palestina, para presionar al Estado de Israel a que cumpla sus responsabilidades.
"Norteamericanos y europeos insistían en los derechos civiles y políticos. Los comunistas, en los derechos sociales"
Decir que Hessel (Berlín, 1917) es un personaje extraordinario es quedarse corto. Sus padres ya lo eran. Helen Grund y Franz Hessel, ella hija de un banquero melómano y él traductor y escritor, son la pareja que, junto al tercer vértice del triángulo, Henri-Pierre Roché, sirvieron de modelo a este último para escribir la novela Jules et Jim, que con Jeanne Moreau de protagonista llevó al cine François Truffaut. Por eso Stéphane es francés y no alemán, porque sus progenitores "amaban París y en 1924, mucho antes de Hitler, decidieron irse a vivir allí".
El joven Hessel quería ser filósofo. Estudió en Inglaterra, en la London School of Economics. Tenía 20 años. Se había casado y preparaba su entrada en la Escuela Normal Superior, el centro de élite del pensamiento francés. Era el año 1939. "Entonces llegó la guerra y me llamaron a filas. Primero estuve en la frontera del Sarre, durante lo que se bautizó como la drôle de guerre, y fui hecho prisionero. Me evadí y conseguí llegar a Marsella. Tomé un barco que me llevó a Orán, Casablanca, Lisboa y Bristol, y en marzo de 1941 me uní al general De Gaulle. Pasé un año con la Royal Air Force y luego me asignaron al servicio de enlace entre el Estado Mayor y la Resistencia. Fui enviado a una misión a Francia y al cabo de unos meses me detuvo la Gestapo. Me deportaron a Buchenwald y me condenaron a muerte. Conseguí sobrevivir gracias a un complot. Me enviaron a otro campo del que también escapé y también me detuvieron. Finalmente me llevaron a Dora, en el norte, donde se construían los V-1 y V-2. En abril de 1945 pude escapar de un tren y unirme al Ejército norteamericano. Volví a casa el 8 de mayo de 1945, seis años después. Nunca fui herido, aunque sí maltratado por la Gestapo y en el campo, pero volví a casa en buena forma. Mi mujer me dijo: estás demasiado saludable, no eres un buen deportado...".
La guerra cambió su vocación. Dejó la filosofía por la política internacional, pero quedó marcado por sus profesores, la generación de la posguerra: Maurice Merleau- Ponty, Raymond Aaron y Jean Paul Sartre. "Soy sartreano", reconoce, "siempre he asumido el compromiso". Pronto entró en el servicio diplomático y su primer destino fue Nueva York, reclutado por Henry Logier, el secretario general adjunto de Naciones Unidas. En 1946 ya formaba parte del comité que redactaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un grupo de 18 personas, presidido por Eleanor Roosevelt.
Hessel recuerda que había dos bandos claros. "Teníamos que encontrar un texto que fuera aceptable por todo el mundo. Los norteamericanos y los europeos insistían en los derechos civiles y políticos, y las libertades fundamentales: de asociación, de expresión, de religión. Los del lado comunista insistían sobre los derechos sociales: a la educación, a la seguridad social, a la vivienda, a la salud... Eso es lo que realmente hizo el trabajo interesante y satisfactorio, porque el 10 de diciembre de 1949, en el Palais de Chaillot, en París, nadie votó en contra del texto final, ni siquiera Arabia Saudí".
Su carrera como diplomático tiene un común denominador: la descolonización. Estuvo en Vietnam justo después de Dien Bien Fu, cuando Francia se retiraba, y en la Embajada en Argelia, tras la independencia, y en África, ya con la ONU -"viajé mucho por África, la conozco muy bien"-, durante "el extraordinario periodo de la descolonización". "¿Larga vida, eh?", dice con sorna. "Una existencia muy larga con la suerte de no haber hecho más que cosas interesantes". Y añade. "A partir del año 2000 me comprometí con Palestina".
Hessel fue testigo de la creación del Estado de Israel porque se produjo en 1948, mientras él formaba parte del comité que redactaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. "Tenía compañeros que trabajaban sobre la creación de Israel y enseguida supimos que sería muy complicado. Estábamos convencidos de que, a causa del Holocausto, había que darles un Estado a los judíos, pero sabíamos que la decisión de ponerlo en un país árabe crearía problemas. El secretario general Ralph Bunche decía que había que darles a los judíos el mar y a los árabes la parte próxima de Jordania; un 55% a los judíos y un 45% a los árabes. Los unos lo encontraban poco y los otros demasiado, pero se hizo el acuerdo y se creó la agencia para los refugiados. Yo fui lo suficientemente ingenuo como para creer que funcionaría. Todo el mundo votó a favor. Hubo la primera guerra y luego, 20 años más tarde, la guerra de los Seis Días lo cambió todo. El Ejército israelí se creyó invencible".
Hessel es muy crítico con el actual Gobierno israelí y piensa que hay que salvar a los israelíes de sí mismos. "Nuestros mejores amigos son los israelíes disidentes, pero son una pequeña minoría", apunta. Pero insiste en que la única solución -y no sólo para este conflicto- es la aplicación del derecho internacional. "Si no es respetado iremos cada vez hacia mayores dificultades, porque hoy en día somos demasiado diversos para podernos permitir divergencias profundas sobre los valores profundos. Entrar en la solución del conflicto israelo-palestino tiene una importancia que le trasciende porque pone en duda el derecho internacional. Si no se respeta se dará más prioridad a los derechos económicos y financieros que al derecho de los individuos, en todo el mundo".
Optimista irreductible, cita a otro gran anciano de la especie: Edgar Morin. "Le pregunté si creía que todo lo que está sucediendo nos llevará al fin de nuestra vida sobre el planeta. Y me respondió: 'Sí, es probable, pero siempre es lo improbable lo que surge en el momento más inesperado".

Stephane Hessel: "Obama es casi un milagro" - ABC - 2011

Stephane Hessel "Obama es casi un milagro como Roosevelt lo fue en su momento"
Salvado del infierno
Detenido por la Gestapo cuando trabajaba para la Resistencia, estuvo en los campos de concentración de Buchenwald y Dora, donde salvó la vida gracias a un cambio de identidad. A sus 91 años, tras ocupar diversos cargos en la ONU, mantiene el rango de embajador de Francia.

BLANCA TORQUEMADA MADRID
-¿Hace seis décadas alcanzó a imaginar usted el actual estado de cosas en materia de derechos fundamentales?
-Cuando elaboramos la Declaración teníamos un ideal, pero también la plena conciencia de que sería muy difícil alcanzarlo. Hoy podemos decir que ha habido progresos, pero no los suficientes.
-En 1948 defendió a capa y espada la creación de un Estado judío y ahora mantiene una posición muy crítica con Israel.
-Hay que tener en cuenta todo lo que había ocurrido y la secuencia de acontecimientos: así, el 9 de diciembre de 1948 se concretó la convención sobre el genocidio y el 10 de diciembre se promulgó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En esa época nos pareció maravilloso que los judíos tuvieran un Estado. Era una visión de esperanza.
-Pero ahora alza la voz para denunciar excesos. ¿Cuál es su diagnóstico?
-Que esos excesos que Israel comete se producen por dos cosas: primero, porque no ha sabido convivir con sus vecinos palestinos y se ha ido convirtiendo en enemigo del derecho internacional. El otro factor es Estados Unidos, que ha modificado su posición: primero estuvo a favor de la paz y luego se ha convertido en el protector de Israel.
-¿Qué hay del papel de Europa? Creo que lo considera demasiado condescendiente con el Gobierno hebreo.
-¡Europa se muestra tímida!
-¿Porque pesa demasiado la memoria del Holocausto?
-Es una de las razones. Otra es que el Estado de Israel se ve desde Europa como el que es moderno y democrático en comparación con los países árabes, a los que se identifica con el islam integrista.
-Es que es del islam de donde proceden las amenazas contrastadas.
-¡El islam tiene el riesgo de todas las religiones cuando se llevan al extremo! También hay integrismo entre algunos judíos e incluso en la Iglesia católica cuando admite a negacionistas del Holocausto. Pero el integrismo es más peligroso en el islam porque se trata de países pobres que fueron colonizados. La responsabilidad de los europeos es ayudar a esas naciones a desarrollarse y democratizarse y a que acepten el papel de la mujer y del derecho internacional.
-Precisamente en esos aspectos que menciona ha habido regresión últimamente.
-El periodo comprendido entre 2001 y 2008 ha sido nefasto.
-A raíz del 11-S.
-Exactamente. Antes había bloques y el enemigo estaba identificado. Por un lado Estados Unidos, por otro la URSS. Pero ¿qué es Al Qaida? Es un fenómeno difícil de identificar y de tratar.
-Usted también advierte: «La ética no es relativa». ¡«Chapeau» en estos tiempos de principios como los de Groucho Marx!
-Por eso mi mayor preocupación es encontrarme con los jóvenes, hacerles entender que tienen una responsabilidad ética con los Derechos Humanos. El gran riesgo de nuestro tiempo es el choque de civilizaciones y la destrucción de la tierra.
-¿Comulga con la «Alianza de las Civilizaciones» que postula Zapatero?
-De hecho a mí se me requirió para trabajar en ella y la apoyo. Es esencial trabajar sobre la diversidad.
-Siempre ha enarbolado el optimismo. ¿Persevera en él?
-¡Sí! Hemos atravesado por momentos difíciles (¡George Bush!), pero ahora mi optimismo lleva otro nombre: ¡Obama!
-¡Con qué pasión lo dice!
-¡Porque su llegada es un acontecimiento casi milagroso!
-¿Por su raza?
-Por su raza, por su juventud y por el entusiasmo que genera. Me recuerda a lo que pasó en mi generación con Roosevelt, que creó el marco de Naciones Unidas. Fíjese ahora en el acierto de Obama de enviar a George Mitchell como negociador a Oriente próximo. Como dijo el gran poeta alemán Hölderlin: «Cuando las cosas van mal, algo bueno nace».