sábado, 11 de abril de 2009

Tres modelos de Democracia para America Latina, de Rodolfo Arango

Tres modelos de democracia para América Latina
Encuentro con Rodolfo Arango Rivadeneira* en el Hotel Eurobuilding en Febrero de 2008
Carlos Tablante: Hace unos días estuve en Bogotá, conversando con el Dr. Rodolfo Arango sobre la oportunidad de construir este puente de diálogo que una a Bogotá y a Caracas, para debatir ideas, para fortalecer nuestras propuestas de cambio, de búsqueda de bienestar y de buen gobierno para nuestra gente, para conversar sobre el modelo democrático para Latinoamérica, la Democracia Mayoratoria, la Democracia Mediática y la Democracia Social . Son apasionantes las interrogantes que tenemos por delante. Debemos ser capaces de encontrar respuestas más allá de los "ismos" y de las ideologías dogmáticas. No es el fin de la Historia, por el contrario, la caída del Muro de Berlín en 1989 y el terremoto financiero que sacude al mundo, con los capitales "golondrina", las especulaciones bursátiles, lo que pone en evidencia es que tenemos que avanzar hacia un modelo de crecimiento que ponga el acento en lo social, a la medida de las condiciones mínimas de existencia que hoy en día debemos tener todos los seres humanos, sin exclusiones de ningún tipo.
Dichos mínimos existenciales, en cuanto a los Derechos Sociales, son los que definen a la Democracia Social por la que luchamos desde Un Nuevo Tiempo. Ojala podamos lograr un sistema de medición del desarrollo de los pueblos no basado solamente en los indicadores económicos sino también otros que reflejen el bienestar y la calidad de vida de los ciudadanos, como por ejemplo, el desarrollo en áreas como la educación , la nutrición, la atención de salud, la vivienda , el acceso a los servicios públicos básicos, etc.
A nombre del Centro de Formación Política y Ciudadana le doy la bienvenida al Dr. Arango y a todos Ustedes, actores fundamentales de este diálogo.
Rodolfo Arango Rivadeneira: Buenos días a todos. En esta oportunidad hablaré de Jürgen Habermas10 y sus tres modelos normativos de democracia. La idea entonces es aprovechar esa reflexión que inició Habermas en algún momento, para aterrizarla en el contexto latinoamericano de hoy y terminar haciendo una reflexión en torno a lo que podría ser un modelo de democracia social que yo he venido defendiendo y promoviendo a través de mis reflexiones.
Así, nos concentraremos en el tema de los derechos sociales fundamentales, que es básicamente la reflexión teórica a nivel de la teoría jurídica y la filosofía política de lo que podría ser la realización efectiva del Estado social de derecho que implica claramente la realización de un mínimo de justicia social que garantice la estabilidad política de las sociedades y que no esté disponible al debate político, es decir, que esa estabilidad material de los ciudadanos y de los pueblos no fuera objeto de disputa política en forma tal que lográramos llegar a formas de ejercicio del poder político que dejaran de ser tan pugnaces, tan radicales y reaccionarios como lamentablemente ha sido nuestra historia. Europa es un buen ejemplo de ello: estoy persuadido de que la posibilidad de una Comunidad Económica Europea es una realidad hoy en día no tanto por el gran adelanto jurídico institucional de esas sociedades sino fundamentalmente porque tenían previamente realizado el Estado Social de Derecho que permite una estabilidad suficiente a la población para embarcarse en esa aventura ya de largo vuelo a nivel institucional. Para resumir la idea, yo creo que es posible llegar a una madurez institucional y política que haga que la política no tenga los niveles de pugnacidad y de radicalidad que obtiene en nuestras realidades.
Mi reflexión está estructurada en 3 puntos: el primero se va a referir a Habermas, las reflexiones que hizo sobre los tres modelos de democracia, que él denominó Democracia Liberal, Democracia Comunitaria y Democracia Deliberativa. En un segundo momento voy a ocuparme de lo que seria el aterrizaje de esa reflexión teórica en la Latinoamérica del siglo XXI y cómo esos tres modelos pueden adquirir otras formas. A estas otras formas las denomino Democracia Mayoritaria, Democracia Mediática y lo que seria una Democracia social; este último modelo es el que yo privilegio. Por último vendrá la tercera parte de mi intervención que hablará sobre cuáles serían las características y las condiciones para poder hacer realidad esa Democracia Social en la práctica. Ahí recurriré al ejemplo colombiano.
Habermas y los tres modelos de democracia
Las reflexiones respecto a los 3 modelos de democracia las haré en base a tres criterios: concepción de persona, concepción de sociedad y concepción de proceso político. Veremos cómo Habermas evalúa lo que es una Democracia Liberal, una Comunitaria y una Deliberativa para acabar defendiendo la Democracia Deliberativa.
Habermas nos dice que el modelo de Democracia Liberal es muy atractivo en el sentido de que potencia la racionalidad individual, la posibilidad de autoafirmarnos como individuos. Locke11 en un buen ejemplo de eso.
Ahora bien, esa concepción de individuo del modelo liberal es individualista, está basada en una defensa a ultranza de la autonomía individual: el modelo social no puede ser otro que la libertad de mercado. Es un modelo social donde la competencia y el criterio del intercambio económico van a dominar las relaciones sociales. Este es el modelo de Democracia Liberal: claramente la sociedad adquiere unos contornos en este modelo donde las relaciones entre los individuos se establecen por vía del intercambio económico y ello puede tener grandes ventajas en términos de la eficiencia en la distribución de recursos, pero también tiene sus limitantes grandes a nivel de la humanidad, a nivel de la relación interpersonal. Cuando gobiernan los métodos del mercado y el factor motivacional de la acumulación de ganancias, entonces tenemos que vernos enfrentados ante un abuso de los medios para lograr vender el producto, en este caso el producto político.
Entremos ahora al tercer criterio, el proceso político. Ese modelo social de intercambio económico se ve también proyectado al plano del proceso político: la política es el “reino” de una competencia donde la inteligencia y la racionalidad instrumental de acuerdo a fines son lo que cuenta. Lo que importa es ganar, lo que importa es tener las mayorías, lo que importa es tener los votos. Los medios pues son una cuestión y la legalidad y la moralidad de esos medios es una cuestión que se deja a un lado y se vuelve secundaria. Cuando de lo que se trata es de obtener el poder y –sobre todo en ciertos modelos liberales- de salvar a la humanidad de una gran catástrofe, entonces muchas veces aparece por ejemplo la doctrina del mal menor. Al final juega un papel muy importante la moralidad de los medios en ese modelo estrictamente liberal porque acaba siendo hurtado por el hecho de que la meta, el fin, es supremamente alto.
A ese modelo claramente se le opuso un modelo con mucha fuerza en la teoría política: en la filosofía política norteamericana tomó lugar el comunitarismo. Todos conocemos que desde temprano, en los años 50 y 60, ya ese descontento por un modelo centrado fundamentalmente en la idea de la racionalidad instrumental y el individualismo pisoteaba a las minorías, sobre todo a las minorías étnicas y culturales. Muchos pensadores políticos de la época empezaron a defender la idea de una diversidad, de un multiculturalismo, de la política de la diferencia, y a defender la idea de que el individuo es quien es solamente porque forma parte de una comunidad. Aquí tenemos una idea de volver a la defensa de los lazos sociales, de la pertenencia a un medio cultural, a una tradición cultural. Charles Taylor por ejemplo en Las fuentes del Yo12 explora cómo la sociabilidad y los apoyos positivos en la comunidad son los que logran hacer a una persona saludable y madura para la vida política. En ese sentido, entonces la concepción de persona humana en el modelo de democracia comunitaria obtiene una importante defensa. Ahora bien, la sociedad con en esa concepción es una sociedad donde claramente no son las leyes del mercado las que van a prevalecer: tenemos que aceptar la diferencia y aprender a vivir con ella. El pluralismo es el valor fundamental, la pequeña comunidad.
Habermas señala las limitantes del modelo comunitario: dice explícitamente que es un modelo que carga al individuo de deberes colectivos, que hace sucumbir finalmente a ese individuo, que lo asfixia por el exceso de exigencias de identificación cultural y grupal. Esto es inaceptable desde un punto de vista filosófico y rememora trágicas experiencias históricas de patriotismos, de nacionalismos y de una serie de factores que un humanista a carta cabal tendría que superar. El proceso político se ve reflejado en este modelo de democracia comunitaria a través del respeto a formas autonómicas de autodeterminación que pueden resultar muy positivas en el sentido de que habría que diferenciar materias.
Por ejemplo Michael Walzer en Esferas de la justicia13 trabaja el tema, y éste es un libro muy interesante. Walzer viene haciendo esta reflexión desde el socialismo, señalando que no podemos resolver problemas de distribución de recursos escasos de la misma manera que se trata un asunto de salud pública, de educación o de vivienda. O sea, para cada problemática hay unos criterios específicos que se deben atender. Por ejemplo, uno podría aceptar en gracia de la discusión que el criterio para adjudicar viviendas sociales sea primero un lapso de tiempo y un derecho, pero aplicar ese mismo criterio a la salud –independientemente de la gravedad del enfermo- podría tener efectos contraproducentes y devastadores. En ese sentido Walzer respecto al proceso político de distribución de recursos en tema de justicia distributiva hace muy buen punto desde el modelo comunitarista: y es que debemos manejar criterios diversos dependiendo del ámbito en que se plantean los problemas de distribución.
Habermas va a hacer un punto muy importante al señalar cómo el modelo comunitarista puede acabar teniendo unos efectos asfixiantes, paralizadores y muchas veces promover posiciones gregarias irreflexivas y de adhesión a un movimiento con unas insignias que recuerdan épocas infaustas del nacionalsocialismo y el fascismo europeo, por ejemplo.
El tercer modelo que propone Habermas es un reencuentro con lo que él considera una manera de salvar las posibilidades de defender una ética basada en la objetividad. Habermas transita por toda la filosofía norteamericana moderna y se da cuenta que es a través de la reflexión del pragmatismo, y fundamentalmente la reflexión sobre el lenguaje, donde se pueden hallar los criterios para salvar la objetividad en la ética de un total relativismo valorativo que sería la consecuencia de esa experiencia histórica nefasta del nazismo.
Habermas encuentra que es el télos del lenguaje, (que es la comunicación, lo que nos hace humanos, lo que nos permite compartir una intersubjetividad y lo que nos permite llegar a grandes consensos). Allí comparte con otros como Apel y Alexy lo que hoy en día se llama la Teoría Discursiva de la Democracia donde encuentra la expresión más elaborada de esas actividades, que ya están plasmadas en la conciencia política norteamericana. Esa que está en autores como Pierce, como Levi, como Metz, y James. La encuentra en una reflexión interesante que hace Robert Alexy desde otro ámbito, el ámbito jurídico. Alexy, en una obra muy temprana de Teoría de la argumentación del año 78, hace un rastreo de toda la filosofía práctica de Occidente tratando de resolver el problema de la objetividad de las decisiones judiciales, como puede ser el caso de que los jueces hacen valoraciones antes de resolver un caso. Alexy no cree que esas valoraciones sean una cuestión de subjetividad.
Habermas considera que esa posición en el caso de Alexy logra salvar la objetividad en las valoraciones que hace un juez: pero la pregunta es ¿cómo?
A eso responde: reconstruyendo el discurso práctico general que se da en las Ciencias Sociales, que también tiene una estructura, y es la estructura que Alexy plantea. Esta es la estructura argumentativa y es en un discurso de personas racionales libres de imposiciones, donde esas personas tienen que argumentar, tienen que dar razones para apoyar lo que afirman y esas razones a su vez tienen que estar sustentadas en una evidencia, bien sea empírica o bien sea normativa. Y si hay alguna persona dentro del auditorio que cuestiona esas razones y esos argumentos, la persona que ha expuesto esa idea tiene la carga de la argumentación y debe mostrar por qué esos contraargumentos no son válidos.
Así se empieza a generar una cadena de diálogos regidos por las reglas y principios de la argumentación, que nos garantizan qué medidas licitas pueden ser utilizadas en el discurso para efectos de pretender persuadir al contendor. Habermas, muy seducido por ese modelo de la teoría de la argumentación, se lanza a defender la Democracia Deliberativa. El individuo en esa Democracia Deliberativa es uno que sigue siendo racional en el sentido de que maneja una racionalidad instrumental escogida en los medios para lograr fines, pero claramente tiene inherente la racionalidad práctica kantiana, ya que es un hombre moral, un individuo moral.
Rawls en su Teoría de La Justicia14 ya tematiza ese punto. Rawls defendía otro concepto de persona humana, en el cual una persona humana que tiene sentido moral tiene una sensibilidad moral que lo lleva a actuar no solo como un racionalista instrumental. En la Democracia Deliberativa el concepto de persona tiene claramente esa racionalidad moral kantiana, que consiste (en contra de Hobbes) en la idea de que el ser humano no es simplemente un lobo del hombre que únicamente quiere imponer sus fines y asegurar su subsistencia y la de su prole: también, y como bellamente lo dice Kant en La Fundamentación de la metafísica de las costumbres15, que lo que nos hace plenamente humanos es que podemos imaginarnos, representarnos, actuando conforme a principios. Esa posibilidad humana de poder hacer una proyección, de anticipar la actuación representándose uno y actuando como si nos ciñéramos a unos parámetros que puedan ser aceptables para todos, claramente hace que el individuo tenga un autocontrol y una estima por los otros muy importante y conduce a la idea de la libertad como libertad práctica en Kant.
Kant es un republicano: pero no un republicano de partido, no un snob, sino un republicano en términos de filosofía política. La sociedad que resulte de una Democracia Deliberativa es una sociedad un poco idílica en el sentido de que estamos permanentemente en discusión, en foros abiertos que no le cierran la puerta a nadie, que todo el mundo discute, que todo el mundo intercambia opiniones que logran ir progresando en la discusión en la medida en que abandonamos aquellas convicciones que no se sustentan en razones. De ahí vamos al proceso político, uno donde se supone una gran racionalidad del discurso. Si uno ve la experiencia de cómo funcionan los parlamentos ingleses o alemanes realmente Habermas tiene por qué creer que el modelo de la Democracia Deliberativa funciona. Cuando uno ve el trabajo de un parlamento donde todos están ahí sentados durante horas discutiendo documentos y argumentos y donde todo el mundo tiene la palabra y hay reglas y todos las respetan, donde hay bancadas que funcionan y donde los partidos en efecto son organizados y disciplinados, entonces uno dice que la Democracia Deliberativa es el modelo a seguir. Ahora, esto es claramente así para cierto mundo, para un país del primer mundo. El filosofo Isaiah Berlin dijo en sus últimos días que se lamentaba de haber hecho tanto énfasis en la libertad negativa a través de su vida y llamaba la atención a los intelectuales para que vieran cómo el liberalismo había sido posible como doctrina política solamente en Inglaterra, en una isla que en el siglo XVI había logrado una estabilidad económica tal que permitió que surgiera esa doctrina. Para Berlin, exportar el liberalismo a cualquier otra sociedad es un problema porque no va a operar de la misma manera que operó en una isla ya súper habitada en el siglo XVI.
Esto me sirve para mostrar cómo en la realidad latinoamericana se muestran –con nuestra historia, nuestra cultura y nuestro pasado- estos modelos, los cuales deben ser entendidos como ideas regulativas: eso sí, tenemos que repensar lo que sucede en nuestro medio.
Los tres modelos de democracia en América Latina
Todo lo anterior me lleva a proponer tres modelos para la reflexión, que son la Democracia Mayoritaria, la Democracia Mediática y la Democracia Social.
La Democracia Mayoritaria la podemos derivar directamente de un modelo liberal donde lo que cuentan son los votos, los apoyos electorales, las grandes mayorías: se trata de una democracia entendida formalmente como una de meras mayorías, en la cual claramente el aspecto numérico es lo determinante.
Ahora bien, Dworkin16, en el libro que les comentaba acerca de si la democracia es posible ahora en el año 2007, hace un contraste entre la Democracia Mayoritaria y lo que él llama una Democracia Militante o casi partisana, no en un sentido negativo sino comprometido. Dworkin opta más por la Democracia Comprometida pues los problemas y defectos de una Democracia Mayoritaria los conocemos todos y los vivimos en carne propia diariamente: es que si usted tiene el acceso a los medios y logra copar ciertos sectores de la población o corporaciones públicas pues entonces usted impone esas mayorías como una aplanadora y las minorías quedan totalmente apabulladas y excluidas.
Bentham17, por otro lado, propone el argumento de un hombre igual un voto y eso es lo más igualitario que puede haber. Bentham tiene razón: cuando cada persona cuenta igual que cualquier otra se están acabando las jerarquías y eso es algo importante que habría que defender. Pero también tenemos que ser realistas en el sentido de que las estructuras de poder existentes y establecidas son utilizadas por aquellos que pueden tener conexiones con las superestructuras de una manera más expedita. Claramente el uso del poder económico y el burocrático para imponer las mayorías numéricas es una práctica extendida en la política. Entonces, claramente esa visión de una Democracia Mayoritaria acaba socavando las posibilidades de la democracia misma, porque la democracia vive precisamente de la comprensión de la oposición de las ideas, de la posibilidad de que el pueblo cambie de parecer y que reoriente sus decisiones y sus acciones.
Analizando ese debate político nos damos cuenta que ya no es admisible defender una democracia puramente formal, porque las minorías se verían aniquiladas.
Kelsen18 por su parte tiene mucha razón cuando en el debate con Karl Schmitt en los años 20 y 30, defendía el ideal de la Democracia Representativa de partidos políticos, mientras que una mentalidad autoritaria como la de Karl Schmitt estaba convencida de la importancia de tener un líder que forjara la unidad nacional y que lograra esos objetivos en épocas de dificultad. Tener agrupaciones políticas consolidadas, serias, es un peligro latente para quien detenta el poder, y por eso quiere romperlas, dividirlas: desea exterminarlas porque un poderoso autócrata no puede permitir que haya manifestaciones sociales que puedan competirle con su liderazgo. En ese sentido Kelsen tiene razón: la salud de la democracia está en la fortaleza de sus partidos políticos, que en última instancia son los órganos de intermediación entre la población y la expresión de sus convicciones políticas ante lo cual es el ejercicio técnico del funcionamiento del poder en el Estado.
Los órganos naturales de intermediación entre el ciudadano y el Estado son los partidos políticos. De hecho en muchos países como Colombia ya están institucionalizados como parte de las instituciones públicas. Tengo la tesis de que como institución pública deben tener acceso a los canales de comunicación en igualdad de oportunidades con otras instituciones públicas a efectos de preservar la diversidad y el pluralismo en la democracia. Esa es una tesis que se puede explorar por vía constitucional, por acciones constitucionales.
El segundo modelo es mucho más moderno y más inteligente que la Democracia Mayoritaria, aunque algunos dirían que mucho más perverso: se trata de la Democracia Mediática. La Democracia Mediática está actualizada porque ya ha superado la última revolución del pensamiento en el mundo: “la revolución mediática”, de los medios tecnológicos que nos llevan a copar el ciberespacio, el espacio electromagnético y a tener inmediatez en la comunicación, a no permitir que haya un dominio estatal de la información. Piensen en Al Qaeda y en el uso que hacen de medios independientes por vía de Internet. Piensen en China y verán cómo es de difícil controlar brotes de insubordinación cuando hay un espacio de acceso a la Internet libre. En ese sentido, gente muy adelantada políticamente previó acertadamente desde un principio que debían montarse en el poder mediático para dominar la política. El que se adueñe de los medios es el dueño del poder y algunos ya lo avizoraron muy rápido y empezaron a trabajar por ahí y nos dejaron tendidos en el terreno.
¿Cuál es la ventaja y cuál la desventaja? La ventaja fundamental es esa inmediatez y esa presencia de quien ejerce el poder y la posible comunicación que pueda establecer con la población: el gran riesgo es que como todo en Internet es virtual, esa virtualidad puede ir alejando el ejercicio del poder de la realidad.
Queramos o no somos vanidosos. Cuando un Presidente se ve en televisión todos los días, de alguna manera le va gustando y entonces la cosa es difícil. Los que vieron claramente esa revolución tecnológica diseñaron su programa y su estrategia política a partir de ahí y tenían que acabar haciendo programas televisivos fundamentalmente los fines de semana, porque si estamos en la realidad de Latinoamérica resulta que la gente los fines de semana tiene tiempo libre, y si puede tener ocio y esparcimiento. Así por lo general lo que hace es ver televisión. No leen, no se pueden poner a leer y como claramente la vía fácil es un factor que se debe explotar y utilizar, entonces las horas que la gente antes dedicaba para ir a la Iglesia, ahora las pasa en casa viendo televisión: por ende, si usted sabe que sale el Presidente de la República a hablarle durante horas, eso hace un efecto bálsamo muy importante en la población y se acaba utilizando el modelo de la religión para efectos de obtener créditos políticos. Eso se está repitiendo independientemente de la ideología del programa político. El medio hay que utilizarlo en ese sentido si no quiere uno ser demolido.
Tal vez no exista ninguna limitante clara para utilizar la información de esa manera, pero hay que alertar, hay que advertirlo. A partir de aquí me monto en el último pensamiento, que es el de la Democracia Social. La base de todo esto es el pensamiento de John Dewey19 el gran filósofo y educador norteamericano.
John Dewey dice que hay que defender un modelo de democracia sustancial, sustantiva, no simplemente procedimental. El gran problema (y es lo que le he criticado a Habermas con la Democracia Deliberativa) es que es procedimental, pues cree que uno asegura la salud y el procedimiento de la democracia por vía de garantizar los procedimientos: y resulta que eso es muy importante, sin duda alguna, pero no es suficiente. Un constitucionalista norteamericano, dice que no; que la democracia no es solamente procedimental, que no puede defenderse un concepto de Democracia Sustantiva cuando se habla desde un ámbito liberal y progresista simplemente procedimental. Cuando se habla de democracia procedimental se asustan porque dicen ¡Uy, cuidado! Que ahí está el gusano totalitario.
Berlin también alertaba al respecto, pero yo creo que hay que perderle el miedo a defender ideas sustantivas porque la Democracia Sustantiva de Dewey es muy sencilla: la democracia es el sistema político más apto para potenciar la inteligencia de todos y ponerla al servicio de la solución de problemas sociales. Esa es la definición de Democracia Sustantiva de Dewey. Tendremos democracia en nuestros pueblos solamente cuando entendamos que todo individuo en la sociedad es un valor, es una potencialidad muy spinoziana. Esta es mi posición en filosofía: creo en esa potencialidad de cada individuo.
Si el sistema y la sociedad son inteligentes, hay que potenciarlos y en toda persona debe poder florecer plenamente esa potencialidad según sus aptitudes. Esto tiene claramente una resonancia aristotélica muy fuerte, Aristóteles es la figura filosófica que va a desarrollar el tema de las virtudes como el pleno desarrollo de las capacidades humanas. Por ejemplo Amartya Sen20 y Martha Nussbaum21, que son dos grandes teóricos modernos, se han montado sobre esa idea para hacer sus desarrollos. Un ejemplo es Sen con sus bellísimos desarrollos teóricos sobre la justicia distributiva.
¿Cómo reparte usted ocho libras de arroz entre cuatro personas para que sea justo, para que sea equitativo? Un liberal lo resolvería mediante el criterio de la igualdad: ocho libras de arroz, dos libras para cada uno. Ah, bueno, eso puede ser cierto. Pero ¿qué nos dice Sen? Que eso depende de la base de información que se tenga. Por ejemplo, si médicamente constatamos que una persona a tiene un metabolismo que funciona muy lentamente y que consume muchas calorías y que el sujeto b es una persona normal, la pregunta es si tal información puede ser relevante o no para los efectos del reparto del arroz. Se concluye que sí porque claramente cada persona tienen unas aptitudes, una dotación digámoslo así por naturaleza, pero también incentivada.
La fortuna o la mala fortuna social que haya tenido, esa realidad de capacidades que tiene la persona, hay que contemplarla a la hora de hacer distribuciones de recursos en una sociedad si todos queremos que esa persona realmente goce de derechos. Y ¿qué significa gozar de derechos? Significa que uno pueda transformar recursos materiales en funcionamientos efectivos. De lo que se trata verdaderamente para gozar de los derechos es que yo pueda hacer efectivos esos derechos en la realidad, y para eso necesitamos análisis mucho más sofisticados de los que se manejan en la política económica, donde sólo importan las grandes cifras, los problemas macro de la economía.
Entonces vuelvo al punto de Dewey. Dewey ve muy intuitivamente eso, que nosotros como sociedades estamos eliminando las posibilidades de potenciar nuestras sociedades y no garantizamos que todo individuo tenga la posibilidad de florecer humanamente de forma plena. Ese es un reto intelectual y cultural bellísimo, estos sí son los retos que valen la pena en la política y se trata de ver cómo logramos nosotros asociarnos, organizarnos, construirnos para efectos de que toda persona tenga la posibilidad de florecer plenamente según sus capacidades.
Ahora claro, puede parecer puro idealismo, pero no, la historia no pasa en vano pese a la teoría económica, no pasa en vano y muchas de estas ideas han aterrizado en cosas muy concretas teniendo en claro la idea de lo que es una Democracia Social. La Democracia Social no es por ejemplo Democracia más Socialismo, la Democracia Social no es democracia más un epíteto social para darle algo de calidez y de presentación y que sea políticamente correcta, no es simplemente un apodo; se trata de una idea profunda, de una concepción que supone grandes e interesantes preguntas de fundamentación filosófica sobre por qué alguien tendría por ejemplo un mínimo de derecho existencial que le pueda exigir a su sociedad.
John Rawls, a pesar de hacer todo ese tránsito desde un modelo más liberal clásico basado en la idea de la persona como decididor de intereses hasta llegar a la defensa de las esencias constitucionales donde incluye un mínimo existencial para cada individuo, no logra denominar a eso derecho fundamental sino simplemente dejarlo así como una esencia constitucional: pero la esencia constitucional supone que está fuera del debate político y que no es un asunto disponible, y eso es algo que está por verse. A nivel constitucional son lo que nosotros llamamos “Derechos Sociales Fundamentales” o derechos económicos, sociales y culturales (DESC). Colombia tiene una modalidad muy interesante que introdujimos en la reforma constitucional y que se llama el derecho mental al mínimo existencial. Eso ha tenido desarrollos muy interesantes a nivel de cómo diseñar las instituciones para realizar la Democracia Social. Menciono a Rawls porque este debate hay que llevarlo también a nivel de fundamentación filosófica, pues él tuvo la altura de ver que se deben garantizar esos mínimos a nivel constitucional para garantizar la estabilidad política de las sociedades plurales sometidas a grandes tensiones económicas- Autores como Habermas no han sido tan clarividentes al respecto y han pensado más en la experiencia histórica para rechazar la idea de los derechos sociales como fundamentales.
Entonces el debate filosófico está abierto y es algo que habría que profundizar: pero más interesante para nuestro propósito político es el diseño institucional y los mecanismos prácticos de realización. En Colombia por ejemplo los índices de pobreza son muy grandes como en cualquier país latinoamericano y la desigualdad económica también es gigantesca pero de alguna manera es posible tramitar ciertos debates a nivel de las políticas públicas y a nivel de las acciones judiciales individuales para asegurar esos derechos sociales fundamentales.
Volviendo a Dewey, él tiene una idea muy bella del ciudadano: se trata de que el verdadero ciudadano es quien puede ejercer la crítica de la crítica, es decir, aquel ciudadano que está en capacidad incluso de criticar sus propias posiciones. Cuando tengamos ciudadanos que puedan ejercer la crítica de la crítica, entonces podremos tener una Democracia Social sana, que es claramente una idea muy contraria a la idea de democracia que tenia Nietzsche22. Nietzsche tenía una idea de la democracia en la cual las mayorías, las grandes masas, eran borregos. Veía la democracia como un sistema para una partida de débiles que debían unirse: como son tan desvalidos entonces se arropan en el calor de los cuerpos cercanos y como masas inertes pueden ser manipuladas. La democracia que se definió acá no es la democracia de los borregos ni de las grandes masas, es el concepto de Democracia de Dewey, según el cual no hay democracia si no tenemos ciudadanos plenamente desarrollados, plenamente potenciados en sus capacidades y que tengan la facultad de ser críticos frente a la crítica: esto claramente va en contra de una sociedad de borregos. Ahora, el reto fundamental es a nivel de la educación, es educativo y cultural, es pensar cómo se lograr construir ciudadanos que sean críticos de la crítica y eso es un reto bellísimo y mucho más atractivo que los retos de las grandes utopías del pasado.
La salud de la democracia depende de que todos podamos florecer plenamente como seres humanos y que podamos aprender (y ahí el asunto se torna muy deliberativo) a intercambiar esas opiniones de forma crítica sin acudir a la violencia. Ahora, hay una razón institucional que claramente hay que acometer y se trata de una reforma al servicio civil, a la función civil, ya que nosotros buscamos que el ejercicio del poder político del Estado sea independiente de lo que es la función pública del Estado, de los funcionarios públicos. La clave para acabar con la violencia en nuestros países y nuestra grave pugnacidad es entender que cuando alguien llega al poder no obtiene un botín de puestos y de recursos, porque eso ya está regulado por ley, ya está dado por concursos de méritos, ya está copado. Entonces, esos recursos no están a la libre disposición del que llega al poder para ocupar esos espacios del Estado.
Weber23 dice que gracias a la racionalización del mundo en la vida se logró una profesionalización, una burocratización del Estado que hace que ese aparato se autonomice del acceso al poder. De esa forma hay estabilidad, de esa forma no estamos dispuestos a matarnos para llegar a dominar ciertos sectores del Estado.
Debate:
Sesión de Preguntas y Respuestas
Jorge Millán: Yo dificulto que hoy exista una democracia absolutamente procedimental y creo que el temor hacia lo sustantivo es que justamente cuando no tienes un mecanismo de decisión ocurren, en nombre de la democracia, desviaciones totalitarias.
Rodolfo Arango Rivadeneira: Hay que ser cuidadosos con las tesis que parten en busca de un consenso o de un acuerdo, pues de pronto podemos pasar muy rápido por encima de distinciones importantes. Primero, tú insistes en que no hay una democracia puramente procedimental, que la Democracia Deliberativa ya de por sí tiene algo de sustantiva: entonces, presentarla como un modelo procedimental sería un despropósito. Lo que yo entiendo por modelo procedimental –y por eso mencioné a Ely en su libro Democracia y desconfianza24- es que por ejemplo estén prohibidas las cuotas para las minorías en una Democracia Deliberativa, que esté prohibido el acceso a las corporaciones públicas con una circunscripción especial o que esté prohibido hacer una acción afirmativa de género, porque todo eso rompe la igualdad de procedimientos y usted tiene que someterse –en los mismos términos como individuo- a la lucha política igual para todos. Hablo aquí de democracia procedimental en extremo, en ese modelo extremo que es no hacer las concesiones que tú dices que se hacen: cierto, la historia ya nos ha enseñado una cantidad de cosas y una muy importante es que debemos respetar a las minorías.
Jorge Millán: Sobre la Democracia Deliberativa, cuando nosotros nos vamos por este modelo de democracia devenida de la acción comunicativa y la colocamos como mecanismo de la democracia; ¿cómo es aplicable esto en los grandes Estados? ¿Cómo en una Democracia Deliberativa llegamos a las decisiones?, porque es en el esquema de la representación donde la deliberación que plantea Habermas se concreta. Yo no lo creo así, tal vez sea un espacio, pero no se concreta por lo menos en la perspectiva del libro La Teoría de la Acción Comunicativa25. Eso nos presenta grandes retos. Creo que es parte de la crítica que frecuentemente se le hace al modelo de Habermas en cuanto a cómo llegamos a tomar decisiones en un modelo democrático y creo que en algún momento habrá que abordarlo: sobre todo cómo nosotros disociamos de los parlamentos y demás órganos representativos los intereses reales.
Rodolfo Arango Rivadeneira: Admito que las implicaciones de la Teoría de la Acción Comunicativa como propuesta de sociedad son gigantescas y pretender aquí agotarlas o como se dice chulearlas no es muy justo.
Jorge Millán: Tengo mis dudas cuando usted coloca a Rawls absolutamente como una persona que piensa únicamente con arreglo a fines; creo que eso depende, porque la teoría de Rawls además nace de una teoría moral y este filósofo tiene además la capacidad de reconocer que la suya no es una teoría universal y además la acota claramente dentro de las democracias modernas occidentales. O’Donnell por lo menos plantea que la emergencia del liberalismo primero y luego de la democracia, han sido una base sólida, como usted lo decía al final de su reflexión, para el tema de la burocracia, de los elementos que componen el individualismo, del apego a la libertad: ambos (liberalismo y democracia) han sido a lo mejor la base de apoyo para que las democracias se consoliden porque a veces cuando no hay apego a ciertos principios y ciertos valores, entonces la democracia se convierte en un simple medio. Cuando ese medio no cumple los objetivos que se están planteando, los actores entonces es desechados y surgen políticos que se venden como Mesías. Y en América Latina yo creo que ese es un aspecto que hay que colocar en el debate.
En torno a este concepto, creo que Rawls y Habermas se complementan. Rawls tiene un mínimo social que establece no en el ‘92, sino desde antes, en La Teoría de La Justicia26, cuando dice que no hay democracia sin mínimo social. Claro, esto genera muchos problemas porque cuando nosotros colocamos democracia y liberalismo en la misma mesa, se trata de dos conceptos que están en tensión. No es verdad que ambos vengan juntos, pues nacieron en tensión. En consecuencia, esa tensión entre democracia y liberalismo genera un punto distinto al del neoliberal rawlsiano y tal vez del hayecksiano. Y es en esta ruta que se encuentran con Habermas, en los debates que se dan en los Cuadernos, donde ellos discuten. Creo que hay puntos de coincidencia, y esa es mi pregunta adicional; ¿cómo nosotros le damos concepto a esta Democracia Social consensuada para que genere cooperación social voluntaria pero también una sociedad de ciudadanos que sea justa?
Rodolfo Arango Rivadeneira: En cuanto a Rawls yo acepto contigo que él defienda una teoría moral y eso lo hace desde su teoría de la justicia. Pero también creo que el expediente del velo de la ignorancia27, de suspender los intereses personales, todo ese ejercicio que él intenta hacer para asegurar la imparcialidad en el diseño institucional, sobre todo al elegir los principios fundamentales que están a la base de la estructura institucional, creo que definitivamente en eso no acierta. Es una teoría moral deficitaria frente a la realidad. Se escogen 2 principios de justicia en esa posición original, allí en el primer velo y éstos son: el principio de la libertades, es decir, que maximizan las libertades iguales para todos en un conjunto igual de libertades lo más extenso posible para todos. Este es el primer principio de la justicia; y el segundo, que toda distribución económica, que toda diferencia económica debe obedecer el imperativo de respetar la igualdad de oportunidades en el acceso a los cargos públicos y que favorezca al más desfavorecido. Acuérdese que él dice que hay una prioridad estricta del primer principio sobre el segundo cuando hay conflicto, ese es el orden lexicográfico28 en Rawls. Entonces, en caso de un conflicto entre libertad versus igualdad hay que votar por la libertad.
La reflexión de O’Donell sobre democracia y las democracias desarrolladas versus la situación latinoamericana deja muy en claro que los principios deben ser unos y que esos son los que valen. Por ejemplo, que los principios liberales (aquí no estaría tan convencido y me mantendré en mi punto), pragmáticos o lo que sea no quieren decir que vayamos a sacrificar lo que significa el valor de la persona y el supuesto de que todos tienen derecho a un desarrollo pleno, a un florecimiento pleno de sus capacidades. Eso supone también la libertad, pero no pretendería ir más allá para definir cuáles son los valores liberales que organizan la sociedad. Ahí sí sería más falibilista 29en términos filosóficos y lo dejaría abierto.
En cuanto al último Rawls, Habermas y Alexis dicen una cosa que no es cierta, pero son peleas de familia, todos son como primos hermanos que piensan lo mismo y cuando debaten es muy sofisticada la discusión. A veces uno no capta lo que están discutiendo porque están refiriéndose a unas realidades políticas muy concretas de ellos. Creo que en esas tensiones se ven cosas que son limitantes porque para ellos (yo acuso a Habermas y a Rawls de parroquianismo30) es como si el tercer mundo no existiera; en el cuadro de ellos sólo están ocupados de su sociedad moderna occidental avanzada: pero resulta que la tierra es muy pequeña, es una pequeña aldea y también hay otros que viven en interrelación con todos los demás: pero ellos los sacan del análisis y eso no puede ser, tendríamos que buscar una teoría que sea interdependiente para así ser verdaderamente universal y que no pecara de parroquianismo como sucede en los casos citados.

Freddy Guevara: Una pregunta que hasta ahora no hemos podido resolver es la duda sobre el propio trasfondo histórico de la Democracia Social en sí, pues se han visto posturas dentro de ciertos grupos donde nos planteamos si la Democracia Social es una evolución de la Socialdemocracia, si la Democracia Social es un planteamiento político de la nueva Socialdemocracia o si en realidad se corresponde más con una tercera vía.
Rodolfo Arango Rivadeneira: La respuesta a dicha pregunta es filosófica, es decir, es una reflexión filosófica y no simplemente histórico-política, no es un programa político ni una reflexión que pretenda superar un modelo político determinado. No es un producto de la evolución de la sociedad y la democracia, ni una formulación política desarrollada. Ahora se tiene en cuenta un factor importante y es creer en el constitucionalismo como una salida muy importante para los grandes conflictos sociales. A partir de esto ya tenemos una apuesta muy concreta y es que se cree en el Estado de derecho, se cree que a través del diseño institucional contamos con un medio fundamental para lograr la Justicia Social. Esta idea no pertenece por ejemplo a la gente que cree que se puede prescindir del Estado para realizar la justicia social, para llegar a un mundo donde no se requiera la opresión. La idea del constitucionalismo es muy aterrizada, muy realista porque nuestra evolución como seres humanos no es tan elevada como para que podamos prescindir de estructuras de ejercicio de poder y autoridad. Pero cuidado, porque aquí sí estoy de acuerdo con Richard Rorty31 cuando señala que una de las cosas fundamentales que hay que superar es el autoritarismo en la ética o en la política. Tenemos que trabajar muy a fondo el concepto de autoridad y sobre todo el punto de cómo se está utilizando en la política hoy en día. Eso es lo que tenemos que denunciar y desconstruir, porque el autoritarismo, incluso siendo ejercidos con la bandera o en nombre del programa que sea, es algo negativo que neutraliza, que somete y hace sumisos a los ciudadanos y que subordina al ser humano. Y el ser humano no quiere eso, el ser humano quiere un despliegue pleno de sus potencialidades. Entonces la Socialdemocracia, si compartiéramos algo con ese modelo, implicaría que los socialdemócratas creían en el Estado Social de derecho y ese adjetivo de ‘social’ no es un mote simplemente publicitario sino una realidad institucional. Por ejemplo ¿que diferencia hay en que se mencione el socialismo o se mencione lo social hoy en día y que realmente quien menciona eso no sea una defensor de la Democracia Social? Pues es que esa persona empieza a distribuir recursos a diestra y siniestra según su criterio, según su voluntad porque él es quien manda, es la autoridad. Eso es lo más cercano al populismo rayano y al clientelismo que la historia nos ha enseñado que no tienen ninguna salida.
Cuando la Democracia Cristiana está en el poder en Europa el Presidente no puede hacer populismo como lo hicieron Hitler o Mussolini en su momento, porque hay una institucionalidad, un Estado Social de Derecho, una jurisdicción social, una legislación social que tienen eso regulado. Entonces el mandatario no puede hacer uso irresponsable, ni puede disponer a capricho de estos recursos.
Oscar Reyes: ¿Cómo podrían implementarse estas garantías mediante políticas positivas?
Rodolfo Arango Rivadeneira: En Colombia ocurre una cosa muy bella, ya hay dos millones de Familias en Acción que reciben un cheque de la Presidencia mensual, porque están defendiendo la Democracia y la Patria. Pero entonces, si yo desde la Presidencia y sin leyes les reparto a dos millones de familias cheques mensuales dígame ¿por quién van a votar esas familias cuando vengan las elecciones? se trata de una nueva forma de clientelismo con otro nombre, pero eso no es Democracia Social. Desde la Democracia Social en términos de Estado Social de Derecho aprendimos que esto hay que hacerlo por la vía institucional del derecho donde haya igualdad de oportunidades, donde haya instituciones, donde haya funcionarios que garanticen la equidad en el acceso a esos recursos y que se mire con detalle quién los necesita y quién no los necesita. Por ejemplo, la idea fundamental de una Democracia Social es que se ayude a quienes lo necesitan para darles la oportunidad de auto ayudarse, pero que no se les ayuda para que se conviertan en seres dependientes porque ahí sí llegamos al peor de los mundos, porque lo que hacemos es desmovilizar a la población y convertirla en dependiente.
Demetrio Boesner: Un Nuevo Tiempo es una organización con gente que viene de muchas formaciones políticas distintas, no somos simplemente Socialdemócratas ni simplemente Social Liberales. Hemos escogido el término Democracia Social porque tiene amplitud y permite unir –pensamos nosotros- una serie de motivaciones o bases filosóficas originales fundidas en solo cuerpo de ideas. En los documentos que hemos elaborado coincidimos con cosas que usted ha dicho. Por ejemplo, analizamos muy brevemente la democracia que Venezuela tuvo entre 1958 y 1998, lo que Chávez denomina la IV República. Aquello era lo que usted exactamente denomina un sistema de Democracia Mayoritaria que comenzó de forma excelente aglutinando posiciones diversas, estableciendo la tolerancia y la alternabilidad y que además realizó otros avances considerables. Pero después cayó en el clientelismo, en un deterioro de los liderazgos, en una separación entre las dirigencias y las masas populares y se abrió un vacío de poder del cual surge la segunda variante suya. La democracia mediática, que es lo que estamos sufriendo en la actualidad. Nosotros planteamos la idea de que la Democracia Social debe significar la alternativa frente a lo uno como frente a lo otro, pero coincidiendo en que no se tratara de un camino intermedio: podríamos denominarlo, si se quiere, un tercer camino, pero no se trata simplemente de colocarse a término medio y agarrar algo de un lado y del otro sino que es un camino nuevo.
La Democracia Social requiere la elevación de lo que nosotros llamamos calidad de la vida pero que en realidad se identifica con este ideal de John Dewey, a quien lamentablemente en nuestros documentos no mencionamos, pues se nos pasó por alto, pero vamos a introducir su ideal del máximo de libertad para la autorrealización de cada persona con el fin de ponerse al servicio de los demás y de contribuir a la autorrealización de todos, de la sociedad en su conjunto: su idea de que no basta con el asistencialismo, que no basta con el reparto de fondos entre los sectores populares, que no basta tampoco con una mera política redistributiva por vía fiscal o como fuese, sino que lo más esencial y decisivo es la participación verdadera de la ciudadanía en la toma de decisiones, en la transformación de la sociedad y en el reparto de la riqueza global de la nación.
Armando Armas: Antes el compañero Millán había dicho cómo se llega a tomar decisiones en la Democracia Deliberativa. Yo soy un ferviente defensor de la Democracia Deliberativa por lo que haré una exposición al respecto. Pienso que usted mismo dio una respuesta al asunto cuando menciona que la reforma se hizo con un funcionariado público eficiente, con agencias gubernamentales eficientes y que se puede lograr el éxito cuando se llega al poder y no se reparte el botín y cuando hay agencias eficientes que permanecen en el tiempo. La democracia venezolana se recobró en 1958: nosotros defendemos la tesis de que en los últimos 50 años en este el país hemos vivido un proceso dialéctico en la búsqueda de nuestro propio modelo de democracia. Eso incluye los primeros 40 años entre 1958 y 1998, Como dice el Dr. Boersner, se trata de lo que se denominó una “Democracia de Partidos”, la Democracia Representativa mal entendida. Tal y como ha acotado el Dr. Boersner, una vez más ese modelo derivó en clientelismo y en muchos otros vicios. Estos últimos 10 años han sido para nosotros como una tesis: en este proceso dialéctico la tesis de nuestro proyecto democrático fue la Democracia Representativa y la antítesis de eso es el proceso actual, porque desde hace 10 años se está tratando de anteponer un modelo político que es la Democracia Participativa y directa para sustituir lo que fue aquí hemos llamado una Democracia de Partidos. Una Democracia Participativa y asambleísta eventualmente degenera en la tiranía de las mayorías y eso es lo que estamos viviendo en los últimos 10 años.
A partir de ahora nosotros hemos estado tratando de construir lo que hemos llamado la Democracia Social, estamos tratando de reconstruir la síntesis. La democracia participativa y la representativa no tienen por qué ser excluyentes como se ha planteado ahora, sino que deben ser complementarias. Pero esto tiene que venir dado, como ya se ha dicho, por un gigantesco proceso de aprendizaje de ciudadanía; en tal sentido se orienta un proceso que podríamos llamar dialéctico32: la tesis es la Democracia Representativa, la antítesis Democracia Participativa y la Democracia Social sería la síntesis bajo la cual estamos trabajando un modelo político que hemos denominado Democracia Deliberativa, Incluyente y Eficiente. Algunos de los seguidores de Habermas como Claus Offe33 y Ulrich Preuss34 hablan de tres elementos para entender y desarrollar lo que se llama la voluntad política racional:1) es el uso de los hechos y las pruebas, de datos fácticos de manera opuesta lo que es el accionar meramente doctrinario, 2) De actuar de cara al futuro, teniendo metas a largo plazo sin un criterio miope de lo que es la realidad y 3) con un criterio bastante intenso de solidaridad, esto quiere decir, tomando en cuenta al otro. Pienso que ahí está la relación que usted decía con el criterio autoritario por parte de la democracia participativa.
Rodolfo Arango Rivadeneira: Como tú ya dijiste claramente, lo adjetivo no debe acabar opacando lo sustantivo. Ahora, en cuanto a ese debate de una conciencia de solidaridad creo que ahí hay que concederle algo a los marxistas analíticos y es que ellos lograron desprenderse del dogmatismo. Uno lee libros como los de Cohen o los de Jon Elster35 y encuentra una cosa muy fuerte, que es seguir manteniéndose fieles al ideario y emancipar a la humanidad de las cadenas de la opresión que significa estar sacándole papas a la tierra con la uñas, Eso es muy difícil de aceptar, que esa sea la realización humana. Entonces, estas personas muy claras con sus objetivos, lo que hacen es una reflexión antidogmática respetando los datos fácticos y la lógica y estando dispuestos a abandonar cualquier dogma que no se compadezca con esa información empírica mediante una reflexión racional. Entonces, coincidimos plenamente en que hay una convergencia: pero esos dos otros elementos que mencionas en el programa del partido son muy importantes, una visión hacia el futuro. Eso me recuerda mucho las reflexiones de Dewey y en la solidaridad como punto central coincido plenamente.
Armando Armas: Sobre el índice de Kauffman36 y del Banco Mundial quisiéramos su opinión.
Rodolfo Arango Rivadeneira: Lo de los índices yo también lo he defendido. En Colombia se mide el PIB37: es decir que aquí, en todos nuestros países, se mide cuánta riqueza acumulamos. Sen38 ya destruyó eso, y es que usted mide el progreso no por acumulación material, porque siempre son muy poquitos los que pueden están acumulando mucho. Así le crece el índice, pero eso no dice nada realmente acerca de la situación de su país. Hay que acudir a un índice de necesidades básicas insatisfechas, aunque yo creo que eso tampoco es suficiente y que es difícil por el factor cultural. Creo que deberíamos diseñar un índice de realización de derechos sociales, idearlo todos los meses, cómo vamos en la realización de vivienda, cómo vamos en los logros educativos: todo eso por sectores, por estados, por municipios. ¿Cuál es el municipio estrella venezolano, quién me lo nombra? ¿El municipio en que haya 100% de educación para los niños, 100 % de salud y de servicios básicos? Tenemos que ser mucho más empíricos, mucho más aterrizados en los análisis para efectos de poder dar esa medida. El orden de los factores es importante por lo que y hay que tener claridad y buscar los datos claves: cuántos han realizado los derechos sociales de alimentación básica nutricionalmente equilibrada, de educación, salud, vivienda, seguridad social, trabajo… Seis índices muy claros, yo creo que es muy importante desarrollarlos.
Armando Armas: Quisiera su opinión en cuanto al marco institucional. Usted había mencionado una acción de tutela que para nosotros aquí es denominado Amparo en nuestro derecho constitucional.
Rodolfo Arango Rivadeneira: Sobre el asunto de la acción popular, en cuanto a los amparos colectivos y difusos, los veo más como una acción popular para la defensa de intereses difusos y colectivos. Ahí tú tienes razón en el sentido de que existe una tensión entre representación y participación. Pero ese problema se presenta por lo general cuando hablamos de colectivos y es el ultra virus del viejo derecho civil comercial. Cuando alguien actúa supuestamente en nombre de uno, pero realmente está excediendo sus facultades, entonces de alguna manera esa es una prevención del sistema para manejar derechos colectivos y lo que puedo señalar es que hay una insuficiencia teórica que habría que trabajar técnicamente.
Mireya Rodríguez: ¿No deberíamos crear nuestro propio lenguaje y nuestro propio modelo democrático?
Rodolfo Arango Rivadeneira: Tienes toda la razón en el sentido de que las conceptualizaciones propias son muy importantes y ahí coincidimos plenamente. Uno debe asumir una actitud pragmática, o sea, ir en contra del dogmatismo. Hay que estar claros de la posibilidad de crear nuevas teorías con la experiencia que uno va viviendo y eso es supremamente importante. Por eso uno no debe aceptar que ciertos autores sean aceptados aquí y no otros, porque eso seria absurdo y por eso creo, igual que usted, que se debe recurrir a la información empírica, lo cual es algo fundamental. Hay que hacer mucho más sociología, ahí si le concedo a un amigo lo que usted dice de nuestra tradición de incumplimiento; del menosprecio por las normas, nuestra cultura colonial de cómo le saco el cuerpo a la norma y vengan el esguince39 y la picardía y todo eso. Mi amigo está trabajando este tema, es un sociólogo del derecho. Está estudiando todo lo que es el desacato a la ley y a la norma en toda la cultura latinoamericana. Creo que se trata de enfoques que son muy importantes.
Delsa Solórzano: ¿Cómo actuar ante alguien con quien compartimos ideología un tiempo pero que ahora ha traicionado sus viejos ideales?
Rodolfo Arango Rivadeneira: Ante la pregunta sobre cómo actuar ante alguien que militando en la ideología que uno profesa o profesaba, traiciona totalmente el ideario que uno compartía durante muchos años por la acción política desempeñada, creo que se debe retomar a Heidegger40 y al tema del instrumento.
Aquí hay un problema de fondo muy importante sobre un primer tema que sería la modernidad, pero segundo y aun más interesante es el problema de la cosificación de las ideas, de cómo el instrumento puede acabar siendo un cierto Leviatán41. Por ejemplo en el caso de los medios de comunicación usted tiene toda la razón, pero en el ejemplo de un hijo, sería torpe tratar de demonizar a Internet o la televisión por el hecho de que alguien la utilice mal. El instrumento es un instrumento en la medida en que uno lo puede emplear para lograr sus objetivos y eso es algo que hay que tener en cuenta. Pero tampoco se debe permitir que el instrumento acabe dominándolo a uno, porque ese es el problema en la sociedad del Hermano Mayor, yo creo que Orwell42 aquí empieza a jugar un papel muy importante, porque ese instrumento se puede usar con fines nefastos, y por eso hay que estar muy atentos a no demonizar el instrumento, pero a sí saber decodificarlo y saber cuándo se está empleando bien y de qué manera no.
En cuanto a la perspectiva de los derechos al hacer política y a construir desde abajo, hay que tener mucho cuidado con las experiencias históricas paternalistas. Confío plenamente en que el gran dilema que tenemos ahora es desde la perspectiva de los derechos, en este caso derechos civiles y políticos, pero también económicos, sociales y culturales como un todo integrado. Hay que ver también el límite del discurso y eso implica empezar a mirar a los críticos de esos discursos centrados sólo en los derechos.
Si uno busca un índice de realización de derechos, ese índice tiene que ser interactivo entre los derechos, porque uno puede estar viendo que alguien está bien alimentado y supuestamente ya está asegurado socialmente, pero puede ser que eso lo vuelva totalmente dependiente y lo esté minando para llegar a convertirse en una persona para quien la educación realmente sirva para algo, Puede que esté bien gordito, bien alimentado, con sus papas fritas delante del televisor diciendo que está satisfecho. Entonces el índice tendría que ser tal que unos factores neutralicen a otros: no vamos a decir que está bien alimentado si estamos manteniendo a un obeso dependiente de los medios de comunicación. Obviamente habría que neutralizar eso. La cuestión es cómo medirlo y ese es un tema que ahora estudia mucha gente, muchos amigos están metidos en el problema de los índices para medir realización de derechos sociales. Y no sólo ellos, sino todo el derecho internacional está metido en el tema de un protocolo facultativo para darle dientes a la exigibilidad judicial de mínimos en derechos sociales. Hay mucho trabajo a ese respecto.
Ahora, respecto a la pregunta puntual sobre la tutela, resulta que es un mecanismo puramente residual cuando ya se han agotado todos los mecanismos ordinarios. Y no es un medio alternativo que esté a disposición de la persona, no pueden decidir si van por amparo o van por vía ordinaria. Ese fue un debate gigantesco en Colombia y lo logramos ganar porque estábamos adentro de las instituciones y pudimos interpretar que no es un mecanismo alternativo a libre disposición de una persona, pero sí un mecanismo que en la realidad tiene que ser efectivo: si los medios que existen no son efectivos, si están agotadas en términos materiales las vías ordinarias entonces no hay que dejarse vencerse vencer por la parte procedimental.
*Rodolfo Arango Rivadeneira:
Ph.D. en Filosofía del Derecho y Derecho Constitucional.
Maestría en FilosofíaEstudios de Filosofía.
Director de la Maestría en Filosofía, Departamento de Filosofía de Universidad de Los Andes.

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